Tony Blair con el primer ministro irlandés, Bertie Ahem, el 8 de abril de 1998 en Belfast
Tony Blair con el primer ministro irlandés, Bertie Ahem, el 8 de abril de 1998 en Belfast - ABC

Tony Blair: «El Brexit pone en peligro la paz norirlandesa»

El ex primer ministro propone que el Ulster se mantenga en la unión aduanera

CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

Han pasado muchas cosas desde el 10 de abril del 1998 en el que se puso fin, con el Acuerdo del Viernes Santo, a un conflicto que dejó más de 3.500 muertos y casi 30 años de miedo y clima de guerra tanto en el Ulster como en Irlanda. Pero nada parece haber amenazado hasta ahora tanto ese proceso de paz tan ansiado como el Brexit. Uno de los impulsores del acuerdo que acabó con esa etapa negra fue el ex primer ministro Tony Blair, con el que ABC, junto a otros medios internacionales, ha mantenido una conversación con motivo del aniversario.

El ex primer ministro califica el proceso de salida de la UE como «un desafío que tendrá que superar el Acuerdo del Viernes Santo». El Brexit, según Blair, «ocasiona un problema y es que va a haber frontera por primera vez en muchos años entre Europa y Reino Unido».

Lo que tampoco ayuda es la situación política en Irlanda del Norte, en estos momentos sin gobierno desde hace 14 meses. En 1998 todos, tanto unionistas como republicanos, tuvieron que ceder a muchas presiones, frágil consenso que se ve amenazado ahora con el Brexit. Lo que se suma a la inestabilidad institucional vivida en el Ulster en los últimos años. Exactamente desde febrero de 2017, cuando el viceministro del Gobierno y líder republicano del Sinn Fein, Martin McGuinnes, dimitió de su cargo por desavenencias con la ministra norirlandesa, del Partido Unionista, Arlene Foster, por un escándalo económico que provocó elecciones anticipadas.

Desde entonces, no se ha podido llegar de ninguna manera a un acuerdo para gobernar, como dicta uno de los principales puntos del Acuerdo de Viernes Santo, a saber: la formación de un Ejecutivo por un sistema de «poder compartido» entre los partidos mayoritarios tanto católicos como protestantes. Desde entonces también planea la intervención de la autonomía por parte del Gobierno central. La inestabilidad política sobrevuela todo el proceso.

Parcialidad

La mayoría unionista además ha ganado poder en Londres por su apoyo al Gobierno de May. De hecho, sin ellos la primera ministra caería. Algo que, según Blair, complica la situación: «Mucha gente en Irlanda del Norte piensa que el Gobierno depende de los unionistas, entonces ¿cómo pueden ser imparciales?» asegura.

El gran problema se deriva de que los unionistas no quieren tener un estatus diferente al del resto de Gran Bretaña en su relación con la UE. Aunque ese estatus distinto garantizara dejar las cosas como están y evitar una frontera dura que nadie quiere en esta región, porque podría reabrir las heridas del pasado que aún hoy siguen generando una división política, religiosa y social en Irlanda del Norte.

La solución que propone Blair es la de «permanecer en la unión aduanera lo que dejaría las cosas tal y como están y no agravaría el problema». Algo que el Ejecutivo de May ya ha rechazado vehementemente.