David Turpin y su esposa Louise Anna, en fotos del Departamento del Sheriff de Riverside (California) - Reuters / Vídeo: La policía de California continúa con la investigación tras la detención de los Turpin

El juez prohíbe a los Turpin tener contacto con sus 13 hijos, a los que encerraron y torturaron durante años

Los padres de «la casa de los horrores» comparecieron ante un tribunal de California

Actualizado:

David y Louise Turpin aparecieron el miércoles ante el juez del condado de Riverside (California) que rige su caso. La pareja, que encerró y torturó durante años a sus trece hijos, llegó a la sala de los juzgados encadenados, la misma forma en la que la Policía se encontró a varios de los hermanos Turpin cuando puso final a su cautiverio el pasado 14 de enero.

Fue una vista muy rápida, de apenas cuatro minutos, en la que la Fiscalía pidió que los acusados no tuvieran ningún tipo de contacto con sus hijos, hospitalizados desde que fueron rescatados. La defensa no se opuso a una petición habitual para la relación entre los criminales y sus víctimas. La prohibición de contacto se extenderá durante los próximos tres años -ni siquiera podrán escribirles por correo electrónico- y cualquier comunicación deberá ser hecha a través de sus abogados.

Ni David ni Louise Turpin dijeron palabra ante el juez. Solo asistieron cuando se les explicó en qué consistía la medida de protección para sus hijos y tuvieron la misma mirada perdida que en su primera comparecencia ante el juez, la semana pasada, cuando les leyeron los casi cuarenta cargos a los que tendrán que hacer frente en su juicio. Entre otros, tortura, falso secuestro y abuso infantil. Se declararon no culpables de los cargos.

Un juicio que podría no celebrarse en el propio condado de Riverside, donde residía hasta ahora la familia. La defensa, que lleva el abogado de oficio David Marcher, ha deslizado que podría pedir al juez un cambio de juzgado para este caso, ya que considera que los Turpin se han hecho tan célebres que sería difícil seleccionar un jurado imparcial, con miembros que no conozcan el asunto. «La aparición continua de fotografías e imágenes en vídeo de los Turpin en los medios podría condicionar a los posibles jurados, crear prejuicios contra los Turpin y hacer necesario que se busque un cambio de sede para el juicio», aseguró Marcher.

Será difícil que encuentre un sitio donde no haya llegado la fama de los Turpin, un caso que ha conmocionado a EE.UU. Poco a poco emergen detalles de la monstruosa vida que llevaban los trece hijos del matrimonio, que tienen entre 2 y 29 años. La Policía se los encontró desnutridos -la víctima más mayor, una hija de 29 años, solo pesaba 37 kilos- y algunos de ellos encadenados a sus camas. Todo se descubrió porque una de sus hijas, de 17 años, escapó por una ventana y contactó con las fuerzas de seguridad. Fue el final de un cautiverio horripilante, que empeoró en los últimos años. Según el fiscal del distrito, Mike Hestrin, los hermanos solo podían ducharse una vez al año. Los encadenamientos y las palizas eran habituales. No les quitaban las cadenas ni para ir al baño. Estaban separados en grupos, en distintos cuartos. No habían ido al médico en cuatro años y no sabían lo que es un dentista.

Además de la tortura física y psicológica -se ha informado de que los Turpin compraban pizza y dulces y se lo comían delante de sus hijos, encadenados, sin dejarles probar bocado-, los hermanos vivieron aislados de la realidad. No había televisión ni radio en sus habitaciones. Su única vía de escape eran la lectura y la escritura, en cientos de cuadernos que los investigadores han recuperado y que probablemente serán utilizados en el juicio.

Las interacciones con el exterior fueron puntuales. Hace dos años, cinco de los hijos fueron a un encuentro navideño vecinal, explicó ‘Los Angeles Times’. Los vecinos a veces los veían caminar en círculos dentro de su casa, a través de las ventanas. Hubo visitas familiares y conexiones en vídeo con parientes en otros puntos de EE.UU. Incluso uno de los hermanos de la madre especuló que Louise Turpin quería montar un programa de telerrealidad con sus hijos, a los que siempre vestía conjuntados, con la misma ropa.

Quien más contacto tuvo con el exterior fue el hermano varón de más edad, que fue alumno de una universidad pública cercana. Sus compañeros lo recuerdan como una persona introvertida al extremo, que no hablaba con nadie y muy pálido. Su madre lo llevaba todos los días a clase y le esperaba con el coche para devolverlo a casa. En una comida comunal en la universidad, los estudiantes recordaban cómo el hermano Turpin ni siquiera se sentó y devoró un plato de comida tras otro.

La próxima cita de la pareja de acusados con el juez será el 23 de febrero, cuando los abogados darán las últimas novedades sobre la preparación de la acusación y la defensa para el juicio, que se anticipa como uno de los acontecimientos del año en EE.UU.