Internacional

La CPI condena a 9 años de prisión a un yihadista de Malí por la destrucción de mausoleos en Tombuctú

Ahmad Al Mahdi Al Faqi, alias «Abu Turab», es el primer acusado por daños al patrimonio cultural

Restos de un mausoleo destruido en Tombuctú
Restos de un mausoleo destruido en Tombuctú - REUTERS
AGENCIAS - Actualizado: Guardado en:

La Corte Penal Internacional (CPI) ha condenado hoy a 9 años de prisión al yihadista Ahmad Al Mahdi Al Faqi, alias «Abu Turab», por la destrucción de bienes patrimonio de la humanidad en Tombuctú (Malí).

La condena ha tenido en cuenta cinco circunstancias atenuantes, incluida la admisión de culpabilidad de Al Mahdi, explicó al leer la sentencia el juez filipino Raul Cano Pangalangan. «Este es el primer y último acto ilícito que cometeré», dijo entonces el yihadista. «Lamento lo que le he causado a mi familia, mi comunidad en Tombuctú y mi país, Malí», añadió.

El juez constató que el yihadista obedeció las órdenes del grupo terrorista Ansar al Din de destruir nueve mausoleos y una mezquita que eran patrimonio de la humanidad.

«Teniendo en cuenta todos estos factores la Sala unánimemente le condena a nueve años de cárcel», ha anunciado el juez Raul C. Pangalangan, que ha presidido la Sala, aclarando que se le descontará a ese tiempo el periodo transcurrido desde su detención el 18 de septiembre de 2015.

El acusado fue entregado por las autoridades de Níger y es la primera persona en ser juzgada por crímenes de guerra por la destrucción de monumentos religiosos.

Destrucción de Tombuctú

Los hechos ocurrieron entre el 30 de junio y el 10 de julio de 2012, periodo durante el cual Tombuctú, así como el resto del Azawad (nombre que usan los habitantes del norte de Malí para hablar de su territorio), estuvo en manos de Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI) y Ansar Dine, grupo armado tuareg al que pertenece el acusado.

Los yihadistas destruyeron mezquitas y mausoleos e incendiaron decenas de miles de manuscritos durante los meses en los que controlaron la ciudad antes de ser expulsados por las fuerzas francesas en enero de 2013.

La ciudad, considerada como una de las capitales intelectuales y espirituales del Islam durante los siglos XV y XVI, está declarada en su totalidad como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Entre los edificios más relevantes destruidos estaban la mezquita de Djingareyber, una de las tres madrasas de la universidad de Sankoré, construida alrededor del año 1327 con tierra y materiales orgánicos tales como fibras, paja y madera.

Asimismo, el emblemático monumento de El Faruk, ubicado a la entrada de Tombuctú, fue totalmente destruido.

Desde entonces, han sido reconstruidos catorce de los mausoleos dañados por los yihadistas.

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