Historia

El fiasco del 48, el patinazo histórico que también dejó en ridículo a los sondeos en EE.UU.

El error de los sondeos, que no supo pronosticar la victoria de Truman, llevó a la prensa a reflexionar sobre su labor: «Habíamos delegado el trabajo periodístico en los encuestadores y no habíamos recogido las opiniones reales de la gente»

El día de las elecciones «Chicago Daily Tribute» tituló con lo que creían que iba a ser la victoria del rival de Truman. En la fotografía, el presidente se burla del error de los sondeos
El día de las elecciones «Chicago Daily Tribute» tituló con lo que creían que iba a ser la victoria del rival de Truman. En la fotografía, el presidente se burla del error de los sondeos

Hasta el último momento los sondeos previos a las elecciones en EE.UU. daban por ganador a Hillary Clinton. Incluso algunos de los grandes medios norteamericanos se atrevían a estimar una ventaja cómoda para los demócratas. Pero como le ocurrió a Harry S. Truman en el año 1948, o al referéndum en el Reino Unido de este mismo año, todas las mediciones han caído en saco roto: el mundo se ha vuelto imprevisible.

Si bien los sondeos ya habían tenido otros patinazos histórico en EE.UU, siendo el de 1936 uno de los más famosos; lo cierto es que lo ocurrido en las elecciones del 48 ha pervivido en el imaginario. Como explica el profesor universitario Juan Ignacio Rospir en su obra «La tradición americana» (1908-1965), «el Fiasco del 48 no solo fue el fracaso de los sondeos y de sus errores reconocidos inmediatamente, fue también el fracaso y la impotencia de la prensa para decirles a los ciudadanos a quien tenían que votar». No obstante, fue la primera ocasión en la que los propios sondeos contaminaron el flujo informativo.

La prensa contra Truman

La campaña de 1948 enfrentó a Harry Truman, presidente desde el fallecimiento de Roosevelt en 1945, contra Thomas Dewey. Este antiguo fiscal y gobernador del Estado de Nueva York se había hecho enormemente popular tras emprender una guerra contra la Mafia, en concreto contra el capo Lucky Luciano, y partía como favorito en los comicios. Como ahora Donald Trump, los republicanos controlaban las dos cámaras y la reputación de Truman se encontraba deteriorada por los estragos de la postguerra.

Elmo Roper (en las anterior elecciones pronosticó la victoria de Roosevelt con los menores márgenes de error) anunció que dejaba de realizar sondeos por considerarlos innecesarios

En un intento de borrar su fama de jugador de póker y hombre frío, Truman inició una serie de viajes en tren a través del país, lo que le llevó a recorrer 48.000 kilómetros en pocos meses. La fórmula era de una simplicidad absoluta: tren, parada, discurso, fotografía saludando a las autoridades locales, banda de música… y de vuelta al tren para la siguiente parada. Lo único diferente a nivel mediático en su campaña fue la edición de una biografía del presidente en formato cómic. Así como el empleo de un corto de cine para presentar al serio Truman como el vecino Truman, cotidiano y tan americano como cualquier hijo de vecino.

Nada, sin embargo, que sirviera de contrapeso al apoyo y simpatía que la prensa tenía hacia Thomas Dewey, al que algunos periódicos le llamaban directamente presidente. Y es que no era para menos. Los sondeos le daban por ganador absoluto de las elecciones, algunos con una ventaja de 12 puntos. Hasta el extremo de que uno de los mayores expertos del periodo, Elmo Roper (en las anterior elecciones pronosticó la victoria de Roosevelt con los menores márgenes de error), anunció que dejaba de realizar sondeos por considerarlos innecesarios. No cabía especular con algo tan obvio.

Fotografía de Thomas Dewey
Fotografía de Thomas Dewey

«Cualquier buen político con nervio y un programa correcto puede ganar en el frente de la más dura oposición», escribiría años después Truman sobre los obstáculos a los que debió enfrentarse en 1948. Es más, el propio presidente señaló 16 elecciones en las que la prensa apoyó al candidato perdedor. También sabía en ese momento que los sondeos tienen un importante margen de error. Si ir más lejos ese mismo año las empresas dedicados a este negocio habían anunciado a 8 de cada 10 ganadores en toda clase de elecciones a lo largo del país. Las presidenciales iban a entrar a formar parte también de ese porcentaje fallido.

El día anterior a los comicios, Truman se dio un baño turco, cenó un bocadillo y se acostó temprano para despertarse en la madrugada con los primeros resultados ya sobre su mesa. Saltó la sorpresa al levantarse de la cama. Truman ganó con dos millones más de votos populares sobre su rival, si bien la clave estuvo en lo ajustado de su victoria en California, Ohio e Illinois. No en vano, Thomas Dewey esperó hasta las 11 de la mañana del día siguiente para enviar su felicitación al presidente demócrata debido a lo ajustado del recuento.

¿Cuál fue el origen de los errores?

Una fotografía de Truman en su vagón de tren, con los brazos en alto mostrando la primera edición del «Chicago Daily Tribute» el día siguiente de las elecciones, se convirtió en el símbolo del fracaso de las encuestas. «Dewey Defeats Truman» (Dewey derrota a Truman), decía el titular en la línea de lo pregonado durante toda la campaña electoral. Pero, ¿qué falló exactamente para un patinado así?

«Yo no podía estar más equivocado. Lo que más me preocupa en este momento es por qué estaba equivocado», diría Roper

El análisis posterior a las elecciones concluyó que el principal error fue descartar la importancia que tiene en EE.UU. las últimas semanas de campaña y la masa de indecisos. Elmo Roper anunció el 9 de septiembre que no haría más sondeos, dado que ya estaba todo el pescado vendido, pero en verdad faltaban los dos meses claves para que se decidieran los indecisos. «Yo no podía estar más equivocado. Lo que más me preocupa en este momento es por qué estaba equivocado», lamentaría Roper al ser increpado por sus errores.

A nivel periodístico, los reportajes y análisis habían preferido tomar los datos de los sondeos como la fuente principal, en vez de como un complemento a las informaciones. Lo señalarían así distintos comentarios de periodistas –recogidas sus opiniones en el libro de Juan Ignacio Rospir–: «Nosotros sobrestimamos los tangibles y desestimamos los intangibles; los datos reales de la situación del país, las opiniones de la gente, sus expectativas económicas. Habíamos delegado el trabajo periodístico en los encuestadores».

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