Vacaciones: Cómo sobrevivir las 24 horas juntos en familia

El verano pone a prueba la paciencia y convivencia de muchas familias

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El verano es por excelencia el periodo del año más ansiado por todos, independientemente de la edad. Es tiempo de romper con rutinas, de guardar el despertador en el cajón y de planaer qué hacer durante los días de descanso. Momento para estar en familia. Pero, no todos llevan por igual estar las 24 horas del día juntos, algo a lo que no se está acostumbrado el resto del año.

Para Ana Roa, directora y fundadora de Roaeducación, es aconsejable que desde un primer momento se realice una planificación de las actividades con el fin de llevar una convivencia feliz… y en algunos casos «de sobrevivir», a la idílica idea de las vacaciones con los niños. «Podemos “negociar” con los ellos la distribución de obligaciones ajustándonos a las posibilidades de cada uno y, por qué no, establecer reglas asociadas a los compromisos que deben de cumplirse. Esto no implica llegar a una permisividad extrema que conduzca a situaciones caóticas donde impere una especie de “anarquía estival”, ya que no podemos olvidar que ésta es una etapa en la que los lazos con nuestros hijos deben hacerse más fuertes de una manera amable y sólida».

Es un buen momento también para aprovechar que estamos juntos y conocer mejor los gustos de nuestros seres queridos y disfrutar de unas vacaciones alegres, comunicativas y repletas de oportunidades, en las que todos se respeten. «Así, esta estación nos ofrece la ocasión para hacer planes estimulantes orientados a una meta común, donde todos los componentes de la familia puedan participar activamente y disfrutar intensamente cada momento», apunta esta experta.

Y la pareja ¿qué?

Pero en la familia no solo hay que centrar los ojos en los hijos. Cuidar a la pareja también se presenta como uno de los principales objetivos para que la convivencia diaria no se convierta en un tiempo de continuos conflictos. Estadísticamente durante el mes de agosto se produce un mayor número de rupturas de pareja como consecuencia del obligado contacto familiar con los más allegados, especialmente con nuestros hijos (que ponen a prueba la fuerza y la salud de los vínculos familiares).

La falta de costumbre que realmente tenemos para esa situación de vida en común tan continuada supone un escollo a la hora de afrontar los diversos «problemillas» que se van presentando. «Como en todo conflicto —matiza Ana Roa—, nos encontramos ante un reto para mejorar si lo afrontamos de una forma correcta en lugar de permanecer totalmente indiferentes. Las propias tensiones que se producen ofrecen oportunidades para superar ciertas deficiencias que, una vez vencidas, no suponen obstáculo sino que reforzarán la convivencia. Es conveniente no angustiarse por las fricciones, ya que es totalmente habitual que la pareja necesite un tiempo de adaptación a una situación diferente a la del resto del año».

Recomienda, por ello, tomar perspectiva sobre los puntos concretos de discordia, lo que ayuda a objetivizar y conseguir un consenso fuera de posturas excesivamente dramáticas. Explica que la tolerancia bien entendida debe ser la guía de todas las parejas que pretendan ser felices y que convivir no significa vivir sin separarse un segundo.

«Es sano y necesario que cada miembro de la pareja mantenga su propio espacio vital y relacional, pues un enfoque exclusivista de la pareja puede asfixiar las perspectivas e inquietudes personales de cada componente. En definitiva, estar juntos no implica abrumarse mutuamente».

Claves para estar en pareja

—Comunicación positiva. Crear formas positivas de comunicación, con afecto, escucha activa y sin prejuicios. Incluso estando silencioso uno debe demostrar que se involucra activamente en la conversación, escuchando no sólo lo que dice la pareja, sino cómo lo dice y comprendiendo el mensaje.

—Generosidad. Implicarse en aquellas actividades lúdicas conjuntas, hacerlas vivas e intensas, disfrutando de una vuelta puntual a la niñez.

—Respeto. Trabajar por mantener un profundo respeto por la identidad e individualidad de la otra parte, sus inquietudes, deseos y necesidades.

—Realizar una escapada solos, salir a cenar…, en definitiva, sacar tiempo para estar juntos.

—Plantear las vacaciones de manera que ninguno de los miembros de la pareja se vea obligado a renunciar a ellas por el disfrute de los demás. Colaborando todos y buscando alternativas que no impliquen el sacrificio de alguno de los dos, este tiempo será fructífero y muy bonito.