GaliciaNúñez Feijóo, el gestor que también sabía hacer política

Su fama de buen gestor le precedía, y la confirmó al frente de una administración que hoy gestiona 3.000 millones de euros menos que antes de la crisis económica, y sin embargo continúa invirtiendo en sanidad pública, educación e infraestructuras

Vídeo: Feijóo: «Los gallegos quieren un gobierno estable» - ATLAS
J. L. J. /D. D./M. S. - Actualizado: Guardado en: Galicia

Cuando Manuel Fraga lo designó conselleiro de Política Territorial en enero de 2003 en sustitución de José Cuiña, nadie en Galicia identificaba a Alberto Núñez Fejóo. Se le consideraba un «paracaidista», un político de la órbita de José Manuel Romay procedente de Madrid, donde había sido presidente de Correos y el Insalud en los gobiernos de Aznar. Y si no llegó a ser consejero de Sanidad en Madrid fue porque Fraga le dio un «no» rotundo a Esperanza Aguirre, que le había ofrecido el puesto en su ejecutivo.

Tras la derrota de las autonómicas de 2005, dio un paso adelante y optó a la Presidencia del PP gallego, que consiguió tras vencer en unas primarias. Su llegada al partido fue también la de una nueva generación de dirigentes, que marca un punto y aparte respecto a la anterior etapa.

Su fama de buen gestor le precedía, y la confirmó al frente de una administración que hoy gestiona 3.000 millones de euros menos que antes de la crisis económica, y sin embargo continúa invirtiendo en sanidad pública, educación e infraestructuras. Hoy la deuda pública de Galicia mantiene la misma calificación que la española, paga el menor interés de su historia, ha empezado a reducirla, y sin duda eso guarda relación con que la Xunta haya cumplido sistemáticamente el tope de déficit desde 2009. Ha sido la única autonomía de régimen común en hacerlo.

Pero el gestor ha sabido ser político, como ha demostrado enfrentándose quienes defendían un modelo autonómico insolidario o directamente la ruptura de España, pidiendo disculpas por el caso Bárcenas o convirtiéndose en una voz autorizada dentro del PP y en el panorama político español. Tras la remodelación del Gobierno de España en el verano de 2015, Rajoy le ofreció dar el salto a Madrid, una ambición que se le imputa desde el mismo día en que regresó a Galicia. Sin embargo, como el propio Feijóo responde, «lo mejor que le puede pasar a un gallego es ser presidente de la Xunta», y en su vida «siempre que tuve que elegir, elegí Galicia».

Ahora la incógnita que le sobrevuela es si agotará un hipotético tercer mandato. Se presenta por tercera vez a las autonómicas con el respaldo unánime de un partido en el que ya ha propiciado un nuevo relevo generacional, plasmado en el congreso regional celebrado en mayo. Él es el único superviviente del equipo que en 2009 batió al bipartito para regresar a la Xunta.

En esta última legislatura tuvo que enfrentarse a momentos difíciles, como la publicación en 2013 de unas fotos de los años noventa de una reunión de amigos en las que se le veía junto al contrabandista (y posteriormente narcotraficante) Marcial Dorado, que afrontó dando explicaciones desde el primer momento, y aclarando que tan pronto tuvo conocimiento de las actividades ilegales rompió todo contacto. En el lado positivo de la balanza, la recuperación económica le ha permitido aumentar el gasto social y recuperar niveles de bienestar que la crisis contrajo de manera abrupta. Es el político con mayor grado de conocimiento y el único que recibe el aprobado por parte de los gallegos en las encuestas. Busca un imposible en la España actual: una mayoría absoluta. Los sondeos vaticinan que la tiene cerca.

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