Un grupo de personas mayores realizando ejercicio
Un grupo de personas mayores realizando ejercicio - JAIME GARCÍA

La asistencia a actividades eleva diez puntos la calidad del envejecimiento

Afundación cuantifica en colaboración con la USC la eficacia de su oferta para mayores

SantiagoActualizado:

El aprendizaje continuo, el intercambio de experiencias o el mantenimiento de una red social y afectiva amplia son cuestiones apreciadas por su contribución al bienestar físico y emocional en cualquier etapa de la vida. En un escenario marcado por el progresivo envejecimiento de las sociedades del mundo desarrollado —tres de cada diez gallegos tienen hoy más de sesenta años y las proyecciones a 2031 estiman que el porcentaje alcanzará el 39% de la población—, la Obra Social Abanca ha querido cuantificar el impacto real de sus programas para mayores de 60 años colaborando con la Universidade de Santiago (USC) en la primera aplicación fuera del ámbito académico del índice Personal de Envejecimiento Activo (IPEA), el primer indicador empíricamente validado para medir el grado de calidad de vida con el que envejecen las personas.

Concluido el estudio, el resultado corrobora los beneficios esperables de la participación en actividades, con diez puntos de ventaja para los usuarios de programas de Afundación frente al grupo de control. En especial, indicó Sabela Couceiro, coordinadora de Envellecemento Activo de Afundación, la investigación identifica una aportación diferencial en el grupo de actividades del plan «Valor de la experiencia», centrado en la transmisión de conocimientos entre iguales (impartiendo talleres a partir de la experiencia profesional) y en el intercambio intergeneracional (con charlas en centros de enseñanza sobre experiencias variadas, como la emigración).

El estado de salud, incluyendo cuestiones como la existencia de una red de apoyo o la percepción de afectos, y el nivel de participación social, atendiendo en este caso a cuestiones como el disfrute de actividades de ocio, la adquisición de nuevos conocimientos o la contribución social a través de acciones no remuneradas, son los dos grandes capítulos utilizados por la Unidad de Psicología del Consumidor y Usuario (PsiCom) de la USC para construir el IPEA. Los resultados de esta primera aplicación del índice fuera de la tesis que supuso su validación, explicó ayer en Santiago la investigadora responsable, Sara Marsillas, muestran un resultado medio de 0,71 puntos (sobre 1) para los participantes en los programas de envejecimiento activo desarrollados en los once centros Espazo + 60 de Afundación, diez puntos por encima del 0,61 obtenido para el grupo de control, que prácticamente repitió el dato observado en la investigación previa como media para los mayores gallegos: 0,65.

En un análisis más pormenorizado de cada una de las variables que componen el índice, las mayores distancias —a parejos niveles de autonomía personal— se aprecian en capítulos como el mantenimiento de habilidades de orientación, cálculo o memoria (0,97 entre los participantes en actividades de Afundación frente a 0,85 en población general) y estado de salud objetivo y autopercibido (0,80 frente a 0,71). En el área de participación, las diferencias se hacen más acusadas, con hasta 30 puntos de distancia, en el área de aprendizaje continuo, en el campo de la participación social y la implicación en acciones no remuneradas (con un diferencial de más 20) y en el nivel de ocio (más 10).

Mayor bienestar psicológico

Más allá de los 10 indicadores que componen el IPEA, los usuarios de programas de envejecimiento activo también mostraron mejores resultados en otros tests de valoración, con una puntuación de 137,65 frente a 131,05 en las escalas de bienestar psicológico; de 61,33 frente a 57,93 en la calidad de vida autopercibida, y de 35,9 frente a 38,69 en la persistencia de creencias negativas asociadas a la vejez.