Música

Nach: «No tengo miedo de mostrar mis vulnerabilidades»

El rapero alicantino, con millones de seguidores en todo el mundo, presenta su primer poemario, «Hambriento»

Imagen de Nach tomada este martes en Valencia
Imagen de Nach tomada este martes en Valencia - MIKEL PONCE

Él mismo se define como “el rapero que se creyó poeta, o el poeta que se creyó rapero”, pero no se siente ni intruso en las lides de Miguel Hernández ni tránsfuga del pulso de la calle. Ignacio Fornés, conocido artísticamente como Nach, celebra estos días su debut literario bajo la atenta mirada de millones de seguidores repartidos en todo el mundo de habla hispana. “Hambriento” es el título de este primer poemario, editado por Planeta. Es un camino de ida y vuelta, dice. “El rap es mi principal autopista; nunca lo voy a dejar”.

“La gente que ha seguido mi trayectoria sabe que éste era un paso natural”, asegura. Efectivamente, Nach (antes conocido como Nach Scratch) no se ha ajustado nunca al prototipo de rapero de barrio con ínfulas de matón. Sus canciones, ensambladas en ocho álbumes de estudio, siempre se han distinguido por un lenguaje más poético, con referencias cultas y bases musicales más clásicas. De hecho, este nuevo paso viene precedido de una incursión en el slam poetry que quedó recogida en “Los viajes inmóviles”, un disco con catorce poemas instrumentalizados.

Para explicar la diferencia entre los tres géneros nos pone tres imágenes muy gráficas: “Escribir letras de rap es como estar desahogándote con tus colegas tomando copas en una discoteca con música de fondo bastante alta. El slam es como estar en un café chill out, más relajado, con un café, charlando de forma más pausada, pero también rodeado de ruido y movimiento. Escribir un libro de poesía es como meterte en el cuarto de baño en completo silencio, mirarte al espejo y enfrentarte a ti mismo”.

“Decidí escribir poesía porque necesitaba buscar otra manera de expresar determinados sentimientos que estaban anclados en mí. Si hubiera pensado que no era capaz de hacer algo honesto, nolo habría hecho”. La escritura de este libro le ha llevado cuatro años de trabajo e introspección, que el equipara a una terapia “para encontrarme a mí mismo”.

“En el rap estás atado al tempo, la métrica y la rima. A una determinada energía. Yo estaba perdido en el camino y me sentía aislado del mundo debido a determinadas circunstancias, como el hecho de tener un trabajo con muchos picos, tanto altos como bajos. En la poesía encontré el espejo y la libertad que necesitaba; un lugar donde pudiese utilizar imágenes más evocadoras y profundas. Necesitaba desatar mis afectos, mis desilusiones y mi soledad de un modo que el rap no me permitía”.

La soledad gravita sobre muchas de las páginas del libro. La soledad de un artista con casi dos millones de seguidores en Facebook, un Goya (al mejor tema original por “Verbo”) y un Grammy Latino (al mejor videoclip, por “Me llaman”). “Me he sentido solo y triste muchas veces. Tengo un contacto muy íntimo con la gente que me sigue, conectamos muy bien. Ese tipo de relación la tengo muy cubierta, pero no en cuestiones más existenciales. El libro se titula “Hambriento” por la necesidad de explorar mucho más allá de lo humano. Y saciar esa sed se convierte a veces en absurdo, y llega a doler”.

No es frecuente escuchar a un rapero expresarse de esa manera ¿Se siente a veces como un bicho raro, dentro de su propio entorno? “La verdad es que no, aunque a veces choque un poco con algunas actitudes. Yo estoy contento de haber conseguido desarrollar mi carrera en un espacio propio. Este soy yo, para bien y para mal. Enseño mis vulnerabilidades sin miedo. Sino sería como dejar la puerta media abierta, y eso no va conmigo”.

Nach publicó su primera maqueta, “DEP”, en 1994; en plena edad dorada del hip hop español. Desde entonces, la escena ha experimentado cambios notorios. En este cambio generacional ha entrado con fuerza el trap, una variante muy underground en sus inicios, pero que ya ha comenzado a llamar la atención de las grandes discográficas. “Creo que es una evolución natural del género, y me parece muy bien. Es más escueta en lo musical, tiene otra actitud y otro tipo de mensaje más de carpe diem, pero eso no quiere decir que sea peor -opina este veterano rapero de 42 años-. Lo que ocurre es que todo el mundo mira ahora este fenómeno como si el hip hop ya hubiera pasado, y no es así. Solo hace falta ver a Kase O, que es casi disco de oro y peta estadios. Ambas cosas se pueden complementar. Yo soy más de la esencia el hip hop de los noventa, más de revelar la realidad y los problemas sociales; más del tiempo 4x4. El trap es más tecnológico, más moderno, para bien y para mal. Es cierto que me gustaría encontrar en esa nueva rama raperos con un mensaje más profundo. Pero creo que eso llegará también”.

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