Cataluña - Barcelona

El pesebre, el tradicional «show» navideño de Barcelona

El robo del niño Jesús, el butanero que asoma la cabeza tras el Nacimiento o una Virgen y San José «hipsters» han sido algunos de los episodios más sonados de la Navidad barcelonesa

El peculiar Nacimiento del pesebre de este año
El peculiar Nacimiento del pesebre de este año - ORIOL CAMPUZANO

Ya es toda una tradición. No hay año en que Barcelona monte un belén que no sea polémico y este año, aunque en menor medida, la polémica también está servida. Ayer se descubrió el pesebre de este año, el segundo de la era Colau, que no es de los más transgresores pero destaca por no tener Reyes Magos como tales, que son unos de los personajes ineludibles de las fiestas navideñas. En esta ocasión los sustituyen tres ilustres catalanes, el poeta J. V. Foix, el músico Pau Casals y el artista Joan Miró.

“Esperamos que el pesebre tenga la polémica de cada año porque sino no sería el pesebre de plaza Sant Jaume”, hacía broma esta semana el teniente de alcalde del Ayuntamiento, Jaume Collboni (PSC), en la presentación del belén de este año, que seguro que será recordado como el de las burbujitas.

El pesebre que se monta en la plaza Sant Jaume con motivo de la celebración de las fiestas navideñas hace años que despierta controversia. O bien por carencia del sentido religioso o porque es demasiado clásico o demasiado abstracto.

El punto de inflexión que muchos barceloneses recordarán es la instalación montada en 2004, cuando en un intento de crear un belén "innovador y provocador" se remplazaron las figuras tradicionales por las de personajes urbanos como un butanero paquistaní, un ejecutivo con móvil, una señora con un bote de detergente o una barrendera. Con ellos se quiso evidenciar que el modelo tradicional de familia convivía en la ciudad con otros modelos familiares que no son el tradicional. Para la oposición conservadora fue “una horterada y un ataque al buen gusto”, en palabras de Alberto Fernández (PP).

Para mitigar la polémica, un año más tarde, en 2005, se quiso exhibir una representación más tradicional del Nacimiento, en este caso rodeado de vegetación. Muchos transeúntes consideraron que había demasiado verde y que apenas se podían ver las figuras, que quedaron escondidas entre matojos. Además se prohibió la figura del "caganer", en un intento de dar ejemplo de civismo que a muchos les pareció ridículo.

Figuras reutilizadas

En 2007, el consistorio optó de nuevo por un belén tradicional y con figuras mucho más visibles, de tamaño natural. Las reproduciones costaron más de 10.000 euros, cifra que para muchos fue excesiva. Quizás para compensar el gasto, los dos años siguientes, en 2008 y 2009, se reaprovecharon y cambió un poco el decorado, pero el coste se mantuvo elevado: 66.567 euros el primer año y 41.734, el segundo.

Tras tres años con los mismos protagonistas, en 2010 finalmente se dejaron de utilizar las figuras y se optó por realizar un nuevo pesebre, en este caso con un coste de 80.000 euros. Como no podía ser de otra manera, volvieron a salir las voces contrarias: entonces, en plena crisis, muchos reclamaron la vuelta de las repetidas figuras y que Barcelona tuviera un belén más austero acorde con la difícil situación aconómica que atravesaba el país.

La polémica no siempre la ha protagonizado el planteamiento que ha querido hacer el Ayuntamiento del pesebre. En 2008, otro tipo de alboroto sacudió el belén de plaza St. Jaume, en esta ocasión fue el sonado robatorio del niño Jesús. Dos años atrás, el niño Jesús del pesebre de Sarrià-Sant Gervasi había tenido la misma suerte.

Ya a partir de 2011, en la época el mandato de Xavier Trias (CiU), el pesebre recuperó su cara más tradicional. Él, que había sido tan reacio a los "experimentos" y predicaba los montajes clásicos del nacimiento, cambió las tornas de los años anteriores, con alcaldes socialistas, e impuso una línea clásica, con escenas ubicadas en la antigua ciudad de Barcino, con representaciones de las azoteas de la capital y con homenajes a los dioramas de toda la vida.

Con la llegada de Ada Colau a la alcaldía en 2015, la calma en torno a esta representación navideña despareció, con un primer pesebre de vocación laica con el que la alcaldesa ya quiso demostrar las ganas de que Barcelona se consolidara como una ciudad no tradicional.

El año pasado, la única referencia al Nacimiento que tuvo el belén de Sant Jaume la formaba una pareja "hipster" que sostenía un bebé en sus brazos. Hace un año las quejas volvieron también y se criticó la pobreza estética del montaje, que estaba hecho a base de cartón.

Este año, la controversia no ha sido menos: con las figuras del Nacimiento emergiendode cajas de cartón y las nueve burbujas que protagonizan el belén, en un montaje que, como sus creadores defienden, "no es un pesebre sino una representación de los tiempos navideños". La polémica está servida.

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