Teresa Giménez Barbat - Agenda Europea

Los enemigos del comercio

A las habituales servidumbres del poder se suman el envío regular de anónimos (con bala y sin bala)

Teresa Giménez Barbat
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Comparto muchas cosas con Albert Rivera. Una de ellas, la de ser de familia de botiguers, de las de barra y persiana. Ese sonido cuatro veces al día (salvo los domingos); esos comercios que la crisis ha ido barriendo de la faz de tantas ciudades; esas familias que nunca han trabajado en la administración pública y se han buscado la vida sin red de ninguna clase.

Leo en el diario que la policía ha detenido en Igualada al individuo que grafiteó en Facebook que lo único que merecía Albert Rivera era un tiro en la cabeza. Así, con estas mismas palabras. No debe de haber un político que, en el periodo posterior a la claudicación de ETA, haya recibido tantas amenazas. Las que sufrió al inicio de su carrera política, durante los primeros pasos de lo que luego fue Ciudadanos, me conciernen de modo particular. Todos los que entonces promovíamos la creación del partido hubimos de pechar con el rechazo de algunos pares, el cierre de determinadas puertas, comités de bienvenida en los centros cívicos en los que divulgábamos el manifiesto, carteles intimidatorios, dianas en torno a nuestros nombres, agresiones…

En el caso del presidente de Ciudadanos, el hostigamiento nunca ha cesado. Así, a las habituales servidumbres del poder se suman el envío regular de anónimos (con bala y sin bala) y, lo que siempre me ha parecido propio de un país enfermo, el sabotaje de los comercios que sus padres han abierto sucesivamente en Granollers, y que empiezan a ser (salvando, obviamente, todas las distancias) lo más parecido que tenemos en Cataluña a la eterna librería Lagun. No descartemos que a la mayoría de los saboteadores les una el hecho de no haber levantado en su vida una sola persiana.

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