Pablo Nuevo - Tribuna abierta

Badalona como síntoma Pablo Nuevo

Quienes queremos seguir viviendo en una Cataluña española, debemos afirmar que no obedeceremos a quienes quiebren el orden jurídico

- Actualizado: Guardado en: Cataluña

El martes pasado un concejal del equipo de gobierno de Badalona rompió en pedazos el Auto judicial en el que se indicaba al Ayuntamiento que las dependencias municipales debían permanecer cerradas con motivo del 12 de octubre, día de la fiesta nacional de España.

Este hecho es revelador del estado de cosas en Cataluña. Han pasado casi cinco años desde que Artur Mas anunció el viaje a Ítaca, y si bien no parece que nos hayamos movido demasiado el resultado es que el populismo y el radicalismo de izquierdas están construyendo una hegemonía política en la que los ciudadanos -a la luz de lo sucedido el pasado martes- pueden hacerse una idea de lo que les espera: un poder político en manos de quienes rechazan la legalidad, con unas instituciones dispuestas a incumplir las resoluciones judiciales, y en el que el Derecho sea sustituido por la fuerza (la «voluntat d’un poble») como factor de ordenación de la convivencia.

Ahora bien, ese populismo nace en el caldo de cultivo del nacionalismo teóricamente moderado. Es cierto que romper delante de las cámaras una resolución judicial implica, desde determinada perspectiva, un salto cualitativo, por la violencia (de momento, simbólica) que acompaña al gesto; pero este desprecio a las resoluciones judiciales no es muy distinto al iniciado -y normalizado- en la década de los 90 por el nacionalismo convergente, que desde hace más de veinte años incumple sistemáticamente las Sentencias que ordenan que se pregunte a los padres por la lengua en la que desean escolarizar a sus hijos y que parte de la enseñanza se imparta castellano. ¿Cómo podemos extrañarnos de que la extrema izquierda incumpla la legalidad cuando desde la Generalitat se lleva décadas diciendo -al menos con los hechos- que el ordenamiento jurídico es disponible?

El caso de Badalona muestra, también, por qué hemos llegado a este deterioro institucional. No se trata únicamente de que el nacionalismo «moderado» haya generado una cultura política que ha contribuido a que la sociedad catalana se incline al populismo. La hegemonía nacionalista ha sido posible por un PSC rendido al nacionalismo, primero, por la dificultad del PP para articular un proyecto político solvente en Cataluña, después, y en todo caso por la incapacidad de socialistas y populares para ponerse de acuerdo y anteponer el interés nacional a los intereses de partido. Que sea tan complicado algo tan sencillo como el acuerdo entre constitucionalistas para desalojar del Ayuntamiento de Badalona al equipo de gobierno antisistema es, así, una perfecta metáfora de la crisis política como origen de la crisis nacional que atraviesa España.

Pero lo sucedido el martes en Badalona nos muestra, también, el camino a seguir. Una ciudadana anónima reaccionó con dignidad al gesto totalitario del concejal que rompió el Auto judicial, rompiendo a su vez una notificación de una sanción impuesta por el Ayuntamiento badalonés. Quienes queremos seguir viviendo en una Cataluña española y en la que el poder esté sometido al Derecho debemos afirmar, a tiempo y a destiempo, que no obedeceremos a quienes quiebren el orden jurídico vigente. Esperemos que el Estado, que lleva demasiado tiempo ausente de Cataluña, cumpla con su deber de garantizar nuestros derechos.

Pablo Nuevo es doctor en Derecho y profesor de la UAO CEU

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios