Hay Festival de Segovia

«Es necesario que la cultura tenga un sillón en el Consejo de Ministros»

El Debate ABC refleja la demanda del sector de ganar peso político y critica la pobre conmemoración del IV Centenario de la muerte de Cervantes

Luis Alberto de Cuenca, Marta Rivera de la Cruz, Jesús García Calero, César Antonio Molina y Javier Gomá.
Luis Alberto de Cuenca, Marta Rivera de la Cruz, Jesús García Calero, César Antonio Molina y Javier Gomá. - ANTONIO TANARRO
M.SERRADOR Segovia - Actualizado: Guardado en: Castilla y León

¿Por qué España necesita un Ministerio de Cultura? A esa pregunta respondieron ayer con contundencia los protagonistas del Debate ABC dentro de la última jornada del Hay Festival, que durante la semana pasada se celebró en Segovia. Los escritores Marta Rivera de la Cruz, César Antonio Molina, Luis Alberto de Cuenca y Javier Gomá, moderados por el redactor jefe de Cultura de ABC, Jesús García Calero, no dejaron lugar para la duda: «La cultura debe tener un sillón en el Consejo de Ministros», cosa que no ocurre en la actualidad, ya que en los últimos cuatro años no ha tenido rango de ministerio, sino de secretaría de Estado.

En una sala capitular al completo, los cuatro creadores, que en el caso de los tres primeros tienen su parcela política (Rivera es actual diputada por Ciudadanos; Molina, exministro de Cultura, y De Cuenca, exsecretario de Estado también de Cultura), explicaron sus razones, casi todas ellas coincidentes para tener un ministerio.

«En los últimos cuatro años no ha tenido rango de ministerio»

Así, si para De Cuenca es «la forma de certificar el concepto de cultura de España», para Rivera de la Cruz sólo un departamento en exclusiva es capaz de conocer, valorar y, por lo tanto, dotar a un programa de presupuesto. Más vehemente fue César Antonio Molina, para quien un Ministerio de Cultura representa a 500 millones de personas que hablan español y da, además, un reconocimiento en el exterior.

El exministro fue más allá: «En un momento en el que nos jugamos la existencia de este país, es inconcebible que se haya tratado así a la cultura, empezando por no tener ministerio». Frente a esta postura, Javier Gomá comenzó por dejar claro que no ha tenido responsabilidad política alguna y, por lo tanto, su percepción es distinta. «La política cultural, a mis ojos, es secundaria porque me importa más la cultura misma», señaló, sobre la base de que «lo que define a la cultura es ser competente, culto y refinado». Por lo que, si un ministro debiera ser su máxima representación, «es preferible que sea este el portador de dichas cualidades y que sea influyente».

IV Centenario de la muerte de Cervantes

Con estos planteamientos en el ambiente, los oradores se detuvieron en cuestiones más puntuales, como el mecenazgo o el IVA cultural, para acabar por lamentar la pobre celebración del IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes que, según constataron, ha sido bastante escasa, precisamente como consecuencia de la falta de un ministerio que impulse este tipo de acontecimientos. Así, aunque «a los que emborronamos cuartillas nos tiene sin cuidado que haya un Ministerio de Cultura», según dijo De Cuenca, lo cierto es que «se ha perdido la oportunidad de esa celebración, porque la cultura no tiene peso político».

La traca final del debate llegó con Molina, quien, bajo la premisa de que en el Gobierno «hay un desprecio y un odio total a la cultura», consideró que, mientras que a Shakespeare se le ha «celebrado a la inglesa, a Cervantes ha sido a la española». De Cuenca también se quejó de que se haya conmemorado más en México que en España, lamentos a los que se sumó Rivera de la Cruz: «Estamos dejando que otros nos coman la tortilla» al permitir que en Francia y Bélgica «se den las clases de español que deberíamos dar nosotros».

Las últimas palabras fueron para Javier Gomá, que aportó una visión mucho más positiva y optimista: «La vida cultural es vivísima; llega el fin de semana y, al menos en Madrid, te entra ansiedad: teatro, cine, conferencias, actos culturales... Cuidado con la excusa del lamento, que puede ser el camino a la vulgaridad».

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