Refugiados en Castilla y León

«Mi deseo ahora es ser independiente»

Ahmad es uno de los 47 refugiados sirios que atiende Cruz Roja en Castilla y León. Hace tres meses que llegó a España escapando de los horrores de la guerra. Ahora busca una nueva vida junto a su familia

M. ANTOLÍN - Actualizado: Guardado en: Castilla y León

La de Ahmad es una historia de supervivencia, de valentía y de lucha incansable en busca de oportunidades y de un futuro mejor para los suyos. Tras abandonar la ciudad siria de Alepo por una devastadora guerra, su anhelo ahora es poder empezar de nuevo en España y conseguir recuperar la que era su vida antes del conflicto, cuando tenía su propia empresa en un taller en el que esculpía en piedra con una categoría profesional elevada.

«Mi deseo es poder ser independiente. Quiero trabajar y que las ayudas que yo recibo se las puedan dar a otras familias», asegura con un rostro triste pero en el que se vislumbra esperanza en una entrevista con ABC realizada en una de la sedes que tiene Cruz Roja en Castilla y León. La organización humanitaria se ha encargado de atenderle junto a su esposa e hijos en su llegada a la Comunidad como parte de los 20.000 reasentados a los que Europa se comprometió a acoger además de las 160.000 reubicaciones aceptadas hasta 2017. Una vez que su familia está a salvo, su empeño ahora es encontrar un trabajo y poder ser así autosuficiente para que sus hijos, su «preocupación constante» a lo largo de esta difícil travesía, puedan contar con una «buena educación y formación» que les ayude a forjarse un buen futuro, relata.

Y es que ese es el principal reto de todos los refugiados que están llegando, encontrar un empleo que les sirva para ser independientes y empezar de nuevo. Ahmad confía en lograrlo gracias a su trayectoria laboral y conserva fotos de algunos de los trabajos que realizó en su taller.

«Volvimos a nacer»

«En un futuro me gustaría regresar a mi país si las condiciones mejoran, pero jamás olvidaré lo que España ha hecho por mí y mi familia», confiesa. «Ahora estoy contento, estoy bien», aunque el miedo a posibles consecuencias permanece -prefiere no mostrar su imagen ni su identidad-. «Volvimos a nacer», explica al recordar el momento en que aterrizaron en el aeropuerto de Barajas procedentes de El Líbano el pasado mes de julio, casi cinco años después de haber solicitado a Naciones Unidas protección internacional en 2011.

A Ahmad se le dibuja una tímida sonrisa en el rostro cuando habla de Inés, la técnico de Cruz Roja que les recogió en el aeropuerto. «Sentí alivio» por dejar atrás una difícil situación en la que «el trabajo escaseaba» y el salario que cobraba en los diferentes empleos que iban saliendo «no llegaba» para mantener al núcleo familiar, comenta. Además, sintió «confianza y esperanza» tanto para él como para sus niños, que probablemente no terminan de entender por qué su vida dio un vuelco a partir de 2011 ni por qué cada día había más personas armadas por las calles de su ciudad. Posiblemente tampoco comprenden por qué tuvieron que abandonar su casa cuando cayó sobre ella un proyectil o por qué fue primero su padre el que se trasladó a El Líbano en busca de un trabajo y más tarde tuvieron que desplazarse ellos hasta allí sufriendo el «rechazo» en su colegio por parte de otros niños por el hecho de ser sirios. Es al rememorar ese episodio cuando no puede contener las lágrimas por la «impotencia» de no haber podido estar junto a ellos cuando le necesitaban. «Dejé allí a mi familia y me marché a Jordania sólo en busca de trabajo», apunta.

El idioma, primera barrera

Una de las primeras barreras a la que se enfrentan los refugiados sirios al llegar a un nuevo destino es el idioma, aunque Ahmad sí conoce perfectamente una palabra en español y es «gracias». Con ella inició la entrevista y la repite en varias ocasiones para mostrar su profundo sentimiento de gratitud a todas las personas que le han ayudado y, especialmente,a Cruz Roja, que cuenta en la Comunidad con 26 viviendas con 135 plazas acondicionadas para recibir a familias como la de Ahmad.

Cruz Roja atiende a 47 refugiados sirios en las nueve provincias, a los que se suman otros 16 que acoge Accem

Cuando vuelve a hablar de Inés, la trabajadora social que se encarga de acompañar, asesorar y velar por los refugiados que van llegando y también de la familia de Ahmad, éste se refiere a ella en algunas ocasiones con cariño como «la luna». En total, con los datos de los primeros días de octubre, son 47 los refugiados sirios que atiende Cruz Roja en las nueve provincias de la Comunidad, a los que se suman los dieciséis que también acoge la organización ACCEM.

Día a día, los niños acuden al colegio y toda la familia asiste a la sede de la organización para recibir clases de español, para comunicar sus problemas o, simplemente, para contar cómo es su situación y cómo se van adaptando al nuevo modo de vida. También es fundamental trabajar en aspectos como los culturales, contextualizar a los refugiados en su nueva ciudad y el apoyo emocional y la autoestima. Éstos últimos son pilares importantes en la atención, también en el caso de los más pequeños.

En una segunda fase, comenzará el apoyo en la búsqueda de un empleo y las ayudas irán desapareciendo progresivamente en función de los ingresos. Desde la organización humanitaria llaman a dejar de lado los prejuicios y a dar una oportunidad que será fundamental para su futuro.

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