CULTURA

Andrés García Cerdán gana el Premio de Poesía San Juan de la Cruz

El poeta albaceteño ha escrito Puntos de no retorno «solo por amor a la palabra», ha dicho

Andrés García Cerdán
Andrés García Cerdán
MARÍA JOSÉ MUÑOZ Toledo - Actualizado: Guardado en:

El poeta albaceteño Andrés García Cerdán, colaborador del suplemento cultural de ABC Artes&Letras de Castilla-La Mancha, ha ganado el Premio de Poesía San Juan de la Cruz, -convocado en esta ocasión por la Academia de Juglares de Fontiveros y dotado con 3.500 euros y una edición nacional-, con su obra «Puntos de no retorno», según ha dado a conocer este lunes el secretario del jurado, Juan de la Cruz Martín Sainz.

«Es un premio al que fui sin ir, sin deseos de triunfo ni fama ni ambición ni dinero. Sólo amor por la palabra. En el fondo, vuelvo a la reflexión sobre la palabra poética, a preguntarme por el lugar que ocupa en el mundo el poeta», ha dicho en declaraciones a ABC el premiado. Asimismo, ha señalado que, «este es el premio más atractivo de cuantos existen por la figura de San Juan de la Cruz, porque, si tuviese que elegir un poeta al lado del cual quedarme, ese sería San Juan de la Cruz».

El jurado del I Premio San Juan de la Cruz ha estado formado por Antonio Colinas, Javier Lostalé, Carlos Aganzo, Asunción Escribano y Muñoz Quirós. «Puntos de no retorno» recoge una treintena de poemas y «es bastante duro porque de alguna forma me he sincerado conmigo mismo como nunca, he hablado de cosas de las que nunca he hablado», aunque haya surgido de la forma «más ingenua posible, y más cruel, y más radical también», explica García Cerdán sobre su obra, donde confluyen «el misticismo sufí con el punk a la busca de esa espiritualidad marginal de la contracultura. En fin, mucha belleza, mucha desolación, mucha irreverencia ».

LAS APISONADORAS

Las oyes venir: son

las apisonadoras.


Con el vértigo

de los espacios llanos,

de lo igual sin perfiles,


con el rencor

de lo que es siempre lo mismo, recta

sin ecuaciones

ni curvas ni abundancia,


las apisonadoras,

bramando por segar la noche,

bramando por eliminarlo todo

de un tajo,

por acallar el más mínimo atisbo

de sueño,

de pasión desmedida.


Las apisonadoras,

su único

chasquido, su placaje,

su árida compactación.

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

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