Uno de los edificios derrumbados en «Las Tiñosas» tras los derribos
Uno de los edificios derrumbados en «Las Tiñosas» tras los derribos

Protestas en «Las Tiñosas» por los últimos derribos

El antiguo poblado minero, ubicado en el Valle de Alcudia (Ciudad Real), fue propuesto para ser declarado BIC

Ciudad RealActualizado:

Los vecinos de Las Tiñosas, antiguo poblado minero del Valle de Alcudia, hoy reconvertido en pedanía, están viviendo con preocupación los últimos acontecimientos ocurridos en sus dominios. Una máquina excavadora ha tirado abajo un conjunto de viejas edificaciones, que si bien estaban deshabitadas y perceptiblemente ruinosas, eran elementos patrimoniales y arrojaban testimonio sobre la historia local del pueblo. Las escuelas que un día educaron a los hijos de los antiguos mineros residentes, y parte de la casona donde los ingenieros estudiaban la explotación de aquella mina, junto con algunas cocheras, han pasado a mejor vida.

Las casas que permanecen en pie son habitables y en ellas se alojan familias periódicamente, durante los fines de semana –en Puertollano tienen su residencia habitual– que cuidan de ellas, arreglando los deterioros que va dejando en sus muros el paso de los años y pagando luz y agua corriente. Pero el Ayuntamiento de Solana del Pino (Ciudad Real), aprobó hace un año la licencia urbana de demolición, y desde ese preciso momento, los miembros de las ocho familias arrendatarias montan turnos de guardia todos los días para velar por los que fueran los hogares de sus antepasados.

Los autores del derribo, los dueños de la finca ‘Manzanoalto’, en cuyo vallado se enclavan Las Tiñosas, sostienen que no hay contrato de arrendamiento que permita el uso y disfrute de estas casas. La otra parte del contubernio, las personas que aún moran en las viviendas, afirman que sus abuelos fueron beneficiarios de una concesión de la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya, compañía que en la década de los 30 extrajo el plomo y el carbón de la mina de Diógenes aledaña. La sociedad de capital francés levantó este pequeño poblado para cederlo a los mineros, después de que los dueños de la finca en aquella época traspasaran el área territorial.

Rafael Aguilera, uno de los vecinos afectados, arguye que «esa concesión no ha caducado», que «Peñarroya sigue siendo la propietaria» del entorno urbano y que si no hay contrato, hay «acuerdos verbales», puesto que las casas han pasado de generación en generación y aún vive gente que nació allí y que guarda «valiosas vivencias» en su recuerdo. Además asegura que hay gente empadronada en Las Tiñosas y que los padrones se encuentran en Solana del Pino.

En estas casas hunden sus raíces los habitantes que defienden la conservación, pero también cuentan con otros aliados, aquellos que piden que haya una revalorización como lugar de interés cultural. Vicente Luchena, coordinador de Ecologistas en Acción en el Valle de Alcudia, opina que «los negocios del turismo tendrían que apoyarlo, hacer una oferta en condiciones». Estas casas, afirma el ecologista, no son «la catedral de Toledo, pero constituyen un ejemplo único de arquitectura popular del siglo pasado».

La organización consiguió aplazar las demoliciones para que la Consejería de Cultura, Educación y Deporte, junto con la Dirección Provincial de Ciudad Real, estudiaran el entorno. En noviembre del año pasado fueron declarados BIC elementos próximos como la Fuente Agria y el antiguo balneario de aguas medicinales, como muchos de los que remontan el río Jabalón.

El poblado, pese a que también se quiso tramitar como BIC, no goza de esta figura de protección. A su favor, Luchena afirma que las construcciones pueden formar un conjunto armónico dentro del Parque Natural Valle de Alcudia. El paraje de Las Tiñosas está situado en la umbría de la Sierra de la Solana, y cuenta con una gran riqueza vegetal y faunística, ya que está ubicado en una garganta natural, relativamente húmeda, elegida por muchas aves rapaces para nidificar. Sumando todo, Luchena sostiene que hay razones suficientes para «apelar al sentido común, a la responsabilidad y a las autoridades que están diseñando el desarrollo turístico».

Los últimos episodios de derribo han suscitado numerosas protestas. La excavadora, al envestir las construcciones, tropezó con el tendido eléctrico, sin desconectar, y accidentalmente hizo que saltaran chispas de los cables. Luchena opina que la demolición se hizo «sin dialogar y a las bravas». Estos días han ido técnicos de Unión Fenosa a valorar los daños. Los vecinos también se quejan de los fragmentos de los techos de uralita esparcidos por el suelo, puesto que el amianto es una sustancia tóxica y tiene que ser manipulado por especialistas.

Se espera que los vecinos convoquen concentraciones en el poblado si las operaciones de derribo siguen adelante, anuncia Rafael Aguilera.