Manolo Torres - Ángulo Insular

U.D. Las Palmas y el hortelano al Armañac

Me temo que Paco Jémez quiere renovar pero en el silencio del comedor del equipo canario ya resuena el crujido de huesos pequeños macerados con Clipper fresa

Manolo Torres
Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

Eres aquello que haces, no aquello que dices que harás, decía C. G. Jung. «Me dejo la vida, lucharon hasta la muerte (...) están llorando en el vestuario». El hecho de parafrasear con la vida la muerte y el llanto, al tal Jémez se le une la presunta necrófila forma y costumbre de perder en los últimos cinco minutos y descuentos. El otro día contra un Getafe cargado de suplentes. Algo así como una maldición divina que le obliga a reinventarse en apostasía futbolera, borrando el credo anterior que predicó como argumento. Ahora pide calor a la grada, como si el personal no estuviera ya quemado de la patraña. Amenaza subliminalmente con renovar; pero dice que no piensa en ello, que solamente le interesa el siguiente partido. Insiste en la duda de continuar como un ritual amenazante, símil de la liturgia vergonzante del refrito francés del Hortolano al Armañac.

Desconcertado por la dinámica, Paco Jémez confunde el «pío pío» de nuestro Fringilido Paseriforme de 14 centimetros, con el de otro pájaro Paseriforme de similar tamaño, el escribano Hortelano, conocido por ser devorado en extrañas circustancias. La prueba indiciaria de mala praxis se presupone bajo tres elementos esenciales: primero, una serie de hechos base o uno solo «especialmente significativo o necesario», indicios en sentido propio; segundo un proceso deductivo, que puede ser explícito o implícito (esto último, cuando el valor significativo de indicios se impone por sí mismo); y, tercero) una conclusión o deducción, en cuya virtud unos hechos periféricos han pretendido tener por acreditado un hecho central a la dinámica comnitiva.

Conclusión que será conforme a las exigencias del discurso lógico. Desmemoriado de su breve origen insular, Paco Jémez se aferra al cargo (la pasta) a través de una burda alegoría verbal (Hegel) de palabras mayores. Usando el valor el honor y la manoseada «lucha a muerte». Dos frases suyas que he escuchado en Youtube le acercan a la verdad causa del desastre. De un lado, dijo: «el día que repartieron cerebro, me tocó poco. Pero cuando repartieron huevos, me tocaron los más gordos». Y otra: «Si el club tiene que cambiar algo es el entrenador». Me pido la segunda «porfa (sic)». El escribano Hortelano es así, según cuentan: se pone el pajarito entero en la boca de un solo bocado, se corta la cabeza con los dientes y se toma un buen trago de Burdeos o Borgoña hasta que se deshace en la boca. En el silencio del comedor del equipo canario ya resuena el crujido de huesos pequeños. Porca miseria. Con el «pío pío» se usa Nik con la vieja guardia o Clipper de fresa.

(*) Entrenador oficial de fútbil y docente técnico de entrenadores.

Manuel TorresManuel Torres