Vídeo: Torra: «El cómo avanzamos hacia la república es nuestra exclusiva responsabilidad»

Las señas identitarias de Quim Torra

El supremacismo de Xammar se repite en el candidato a presidente de la Generalitat

Quim Torra anticipa una legislatura de confrontación y promete obedecer sólo al Parlament

MadridActualizado:

Si ojean los feudos digitales de Quim Torra i Pla (Blanes, 1962) verán, en un momento u otro, la faz de Eugenio Xammar (1888-1973), maestro de corresponsales entre 1922 y 1936 para «La Veu de Catalunya» -con Josep Pla en Berlín-, el semanario Mirador y el diario Ahora. Aunque don Eugenio escribía para la prensa española, siempre fue un acendrado separatista identificado con los hermanos Badia de Estat Català. Cuando en 1936 cayeron asesinados por la FAI, un Xammar bajo el pseudónimo de Peer Gynt acusó a los «policías forasteros» y al fascismo español.

Xammar no toleraba que Cataluña se expresara también en castellano. En 1947 clamaba desde el exilio contra los catalanes de la revista Destino. En su el artículo «Fora de la comunitat catalana» («Fuera de la comunidad catalana»), pedía el castigo de los patriotas para con los traidores, cuyos nombres mencionaba en castellano a modo de humillación. Se refería a Ignacio Agustí, José Pla, «un tal Juan Estelrich», Manuel Brunet, la «rata de alcantarilla» y «espion de Franco» Carlos Sentís, Juan Teixidor, Guillermo Díaz-Plaja… Xammar murió en 1973 despotricando contra el bilingüismo: «¿Es que en Cataluña ya no hay nadie que represente o quiera representar nada estrictamente o exclusivamente catalán?».

El fanatismo identitario es estricto y exclusivo. Torra recoge esos pensamientos en la web de su editorial. No heredó del atrabiliario Xammar el don de la escritura -¡que más quisiera!- pero sí la xenofobia y el supremacismo del primer tercio de siglo XX. Si los legitimistas de Action Française -la revista del ultra Maurras era muy leída en el Ateneo- sembraron el antisemitismo, la Cataluña pequeña burguesa que fascina al señor Torra compartía la hostilidad hacia la inmigración murciana que llegó a Barcelona en los años veinte para construir el metro y levantar la Exposición. En los periódicos catalanistas se dibujaba al anarquista con rasgos animalescos. La frase «todos los murcianos son de la FAI» se asociaba con el Barrio Chino, el chabolismo de Montjuich y La Torrassa de Hospitalet.

Admiración a Xammar

Dedicado durante dos décadas a los seguros, Torra decidió hacer realidad los deseos de su admirado Xammar, una de cuyas frases considera inspiradora de su activismo: «Tratándose de las cosas de Cataluña, no tomo nunca precauciones». Después de armar bulla en UDC desde la corriente crítica El Matí -tributo al diario católico de los años treinta-, se unió en 2009 a aquella fracasada escisión de ERC que fue el Reagrupament de Joan Carretero. La experiencia le llevó a una conclusión muy años treinta: «Ya no es más catalanismo de derechas o de izquierdas (si alguien en Cataluña sabe qué significan exactamente estas cosas), ni liberalismo o socialdemocracia, ni tan solo democracia cristiana o socialismo, hoy la batalla es unionismo e independentismo».

Desde su editorial A Contravent -subvencionada con 42.296 euros entre 2009 y 2012-, Torra alternó la recuperación de clásicos del periodismo catalán con hagiografías de Pau Casals y Josep Trueta o «Las mejores obras catalanas (comentadas por el censor)» junto a Jaume Clotet, director del Programa Internacional de Comunicación y Relaciones Públicas Eugeni Xammar -¡qué casualidad!- y director general de comunicación de Puigdemont.

Y ya que uno tiene una editorial deja algún librillo para la posteridad. De Torra es «Honorables. Cartas a la patria perdida» con la efigie de l’Avi Macià en portada y «Viaje involuntario a la Cataluña imposible» (Premio Carles Rahola de ensayo, 2009), un homenaje a Just Cabot, Paco Madrid -de quien Torra catalanizó su reportaje «Sangre en Atarazanas»-, Àngel Ferran, Lluís Capdevila y Manuel Fontdevila. Con la excusa de escribir sobre Eugeni Xammar -y van…- el autor brinda «un recorrido apasionado y apasionante por la historia del periodismo catalán. Un mundo en el que unos periodistas escribían con libertad, comprometidos con su país…»

El resto es conocido: director del santuario independentista en el Born; cargos en la ANC y Òmnium Cultural; número 11 de Junts per Catalunya y adjunto del caudillo Puigdemont…

El -¿pensamiento?- de Torra bebe de las fuentes más turbulentas de los años treinta: los Badia, Nosaltres Sols de Daniel Cardona, el peor Xammar… Verbigracia: «Los españoles solo saben expoliar»; «si seguimos aquí algunos años más corremos el riesgo de acabar tan locos como los mismos españoles»; «el fascismo de los españoles que viven en Cataluña es infinitamente patético y repulsivo»; «los catalanes vamos en coches particulares y nos lo pagamos todo. No hacemos como los españoles»; «los catalanes votan y los españoles vienen a vigilarnos. Fuera de aquí de una vez. Dejadnos vivir en paz»… Los atropellos etnicistas del «President per accident» demuestran que tener cultura no hace, necesariamente, buenas personas.