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España

Las guerras internas de otros partidos políticos

Los enfrentamientos y las pugnas por el poder han llevado a la refundación o desaparición de algunas formaciones en España

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La caída de UCD

Momento en el que Adolfo Suárez presentó su dimisión ante los españoles-

La Unión de Centro Democrática nació en 1977, bajo el paraguas de Adolfo Suárez. La formación, que en realidad no era un partido al uso sino una coalición de numerosas fuerzas políticas que agrupaba a fuerzas socialdemócratas, liberales, conservadores o demócratacristianas, entre otras.

Protagonista de la Transición, la UCD gobernó España entre 1977 y 1982. Sin embargo, a pesar de su éxito electoral (fue la única candidatura que logró representación en todas las provincias en los comicios del 77) y el carisma de su líder, a partir de 1979 en el partido comenzó una lucha de poder.

Además del reparto de poderes, que causó el descontento entre los líderes de las familias que compusieron la UCD. Fueron los propios barones que no ocupaban un puesto en el Ejecutivo los que obligaron a Suárez a formar una comisión permanente en el partido. Así, la coalición se sumió en una pugna interna en la que cada familia defendía su posición en los temas de Estado, bloqueando así la toma de decisiones.

Además, el problema territorial de España causó el descontento de muchos altos cargos, e incluso algún ministro, del partido. En 1980, Manuel Clavero ministro de Educación dimitió tras la negativa de la UCD de reconocer el estatus de comunidad histórica de Andalucía. En consecuencia, en las elecciones al parlamento de Andalucía de 1982 (las primeras de la región tras refrendar su Estatuto de Autonomía) el partido de Suárez perdió más de la mitad de sus votos respecto a 1979. A este problema se sumó la crisis económica de España.

Así, Adolfo Suárez, que había intentado cerrar la crisis interna de su partido sin éxito, dimitió el 29 de enero de 1981 como presidente del Gobierno y fue sustituido por Leopoldo Calvo Sotelo.

La ruptura definitiva de la UCD llegó en 1982 y se dibujó con la fuga de diputados a los grupos parlamentarios de PP (en aquel momento Coalición Demócrata) y PSOE. Ese mismo año, y tras la marcha de Suárez, Landelino Lavilla se convirtió en el nuevo líder de la UCD y concurrió a las elecciones de 1982 como candidato la presidencia. Aquel año, el PSOE firmó su primera victoria en unos comicios generales y la formación perdió 157 escaños, obteniendo tan solo 11. Así, la UCD se disolvió en febrero de 1983.

La ruptura de CiU

Concepción Ferrer, Miguel Roca, Jordi Pujol y Maciá Alavedra durante la rueda de prensa ofrecida en la sede de Convergencia i Unió tras las elecciones de 1986- EFE

Convergència Democràtica de Catalunya y Unió Democràtica de Catalunya comenzaron su relación política en 1978 bajo el nombre de CiU. Las dos formaciones catalanas compartían una máxima: el nacionalismo, aunque su interpretación de este fue el motivo por el que la federación se disolvió en 2015.

CiU estuvo liderada durante 25 años por Jordi Pujol, y jugó un papel clave en la formación del Gobierno en España en las legislaturas de Felipe González y José María Aznar. La política catalana, entonces, estaba marcada por el concepto de autonomía que Pujol defendía, que no era otro que el reconocimiento de la diversidad de los pueblos del país, pero con un papel de Cataluña en la política nacional.

Sin embargo, el proceso de ruptura en CiU comenzó en 2001 cuando Pujol designó, por sí solo, a Artur Mas como nuevo líder de la federación. La decisión no gustó, entre otros, a Josep Duran Lleida, el líder de Unió, que aspiraba alcanzar ese puesto.

Años después, y tras casi siete lejos del Govern de la Generalitat, en 2010 Artur Mas alcanzó la presidencia de la comunidad, con la sombra del escándalo del 3 por ciento y en plena crisis económica. Fue entonces cuando la cúpula de Convergència decidió intensificar el discurso nacionalista y convertir el debate político catalán en un debate por la autodeterminación. En noviembre de 2012, en el ecuador de su legislatura, Mas decidió adelantar las elecciones autonómicas tras no alcanzar el pacto fiscal al que aspiraba entre el Govern y el Ejecutivo de Mariano Rajoy. En aquella ocasión el programa electoral de CiU se convirtió en una guía por el soberanismo que, sin embargo, fracasó en las urnas al perder 12 escaños respecto a las elecciones de 2010.

El golpe en las urnas no fue el único que recibió CiU en sus últimos años de vida. La distancia entre la antigua CDC y Unió aumentó con motivo del proceso separatista. El partido de Artur Mas lanzó un ultimátum al de Duran Lleida: una posición clara contundente respecto al desafío soberanista. Tras este, Unió sacó a tres consejeros del Govern, aunque desde la formación argumentaron que, pese a su «no» a la independencia, su intención no era la de romper la federación.

Finalmente, CiU sí se rompió en un proceso que llegó incluso al Congreso donde, incapaces de encontrar un acuerdo, el grupo parlamentario de la federación se dividió en dos subgrupos.

El fracaso electoral de UPyD

Rosa Díez junto a Gorka Maneiro, dos de los tres líderes que ha tenido UPyD- EFE

Unión Progreso y Democracia nació en 2007 de la mano de Rosa Díez y Fernando Savater, entre otros. La formación que buscaba reclamar el espacio de centro en la política española consiguió, en tan solo un año, una plaza en el Congreso. En las elecciones generales de 2008, Rosa Díez se convirtió en la primera diputada del partido magenta. Cuatro años después, en 2008, el número aumentó hasta los 5 escaños.

Sin embargo, las aspiraciones de UPyD desaparecieron con la entrada de Ciudadanos en la política nacional. A esto, se sumó los enfrentamientos internos por la gestión y liderazgo de Rosa Díez, que expulsó en 2012 a Sosa Wagner por abogar por un pacto para concurrir a las elecciones autonómicas y municipales con el partido naranja. Ese mismo año, Ignacio Prendes, el líder de la formación magenta en Asturias y actual vicepresidente de la Mesa del Congreso y diputado de C’s, convocó una consulta a los afiliados para que estos decidiesen si UPyD y Ciudadanos concurrían juntos a las autonómicas. Andrés Herzog equiparó este acto a la consulta ilegal del 9-N en Cataluña y Díez expulsó a Prendes de la formación.

Finalmente, el desgaste del liderazgo de Díez y el nuevo mapa electoral de España pasó factura al partido a nivel nacional y UPyD no obtuvo representación en las elecciones generales del 20-D. En 2016, Gorka Maneiro anunció que la formación se encontraba en un proceso de redefinición.

Dos crisis históricas en IU

Julio Anguita y Rafael Ribó en una imagen de1992-

La identidad de Izquierda Unida, una federación en la que existe un coordinador federal y no un secretario general, hace que cada territorio tenga capacidad de decisión. Esto se ejemplificó cuando IU Extremadura permitió el gobierno del PP al abstenerse tras las elecciones autonómicas de 2011.

La formación ha repetido en dos ocasiones la ruptura con una de sus federaciones. La primera, en 1997 cuando Julio Anguita expulsó a Nueva Izquierda de IU y rompió las relaciones Iniciativa per Catalunya. La federación gallega, junto a Nueva Izquierda, decidió presentarse en coalición a las autonómicas del 97 junto al PSdG, esto en las filas de Anguita se vio como una traición y expulsó a Nueva Izquierda. Además, algunos de esos miembros de IU que eran de la corriente de Nueva Izquierda decidieron no rechazar la reforma laboral meses más tarde, y también fueron expulsados. Ese mismo año, Rafael Ribó, líder de Iniciativa per Catalunya, también defendió los pactos con el PSOE y defendió a los miembros de Nueva Izquierda.

En la década de los 2000 la historia se repitió y en 2011 expulsó a Ezker Batua, la federación vasca. También, la federación de IU en la Comunidad Madrid protagonizó una crisis en 2015, a causa de la implicación de varios de sus miembros en el escándalo de las tarjetas black, algo por lo que sus coordinadores generales no dimitieron. Además, la aparición de Podemos hizo que durante meses se hablase de un intento de pacto entre ambas formaciones, algo que IU a nivel nacional rechazaba, y que finalmente se saldó con la salida de Tania Sánchez (candidata a la presidencia de la Comunidad) y fundó Convocatoria por Madrid, que finalmente se unió en abril de 2016 a Podemos. Además, Izquierda Unida a nivel estatal votó en un Comité Federal la expulsión de la federación madrileña y le reclamó las siglas

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