ENTREVISTA

Francisco Camps: «El mejor homenaje a Rita será ganar la Alcaldía de Valencia»

El exjefe del Gobierno valenciano evoca para ABC la figura de la exalcaldesa fallecida

Francisco Camps posa para ABC este sábado en Valencia
Francisco Camps posa para ABC este sábado en Valencia - MÍKEL PONCE

La muerte de Rita Barberá ha removido muchas cosas en la conciencia de Francisco Camps (Valencia, 1962) por incontables motivos ligados en su mayoría a esa suerte de binomio político que formó con la exalcaldesa de Valencia para encadenar un buen puñado de victorias electorales. Pero también porque el expresidente de la Generalitat, obligado a dimitir en julio de 2011 tras ganar antes las elecciones autonómicas de ese año por una imputación de la que luego salió absuelto, se hace una idea muy real y «muy intensa» del «calvario por el que pasó Rita» antes de fallecer, el pasado miércoles, en un hotel de Madrid . «Yo viví lo mismo: conozco muy bien ese sufrimiento».

¿Qué recuerdo le quedará de Rita Barberá?

Era alguien de una lealtad extraordinaria junto con la que desarrollé una enorme complicidad política que nos permitió obtener logros muy importantes para Valencia y el resto de la Comunidad Valenciana. Su autoridad era inmensa por encima del cargo orgánico que ocupara en un momento determinado. Era más del partido que sus siglas. En el mejor sentido de la expresión, ella era el PP.

¿Puede considerarse un icono del proyecto que contribuyó a fundar?

Más que eso: será para siempre un símbolo de la política española y ejemplo de implicación y entusiasmo dirigidos a servir a los ciudadanos. Nadie está veinticuatro años al frente de una ciudad si sus vecinos no quieren.

¿Cree que su presunta implicación en el caso Taula por la que tuvo que declarar en el Supremo unas horas antes de morir acabará en archivo?

No tengo ninguna duda, como estoy seguro de que ella tampoco la tenía.

¿De qué modo le apoyó a usted cuando fue procesado y posteriormente absuelto por el llamado caso de los trajes?

Estando a mi lado, no dejándome en ningún momento, acompañándome en algunas sesiones del juicio y ayudándome a ser de nuevo el candidato del PP a la presidencia de la Generalitat en las elecciones de 2011, en la que por cierto obtuvimos mayoría absoluta.

¿Y cómo lo ha hecho usted con ella en estos últimos meses?

Comprendía su dolor y su tristeza. Yo sufrí lo mismo. He defendido la honorabilidad de Rita desde que comenzó el asedio contra ella. También lo han hecho muchos otros.

¿Necesita ser restituida la figura de Barberá?

Nada de eso; más de veinticuatro mil firmas ciudadanas en los cuatro libros de condolencias del Ayuntamiento o los cientos de personas que acudieron el mismo miércoles a la catedral de Valencia y volverán a hacerlo el lunes (por mañana) dan cuenta de que los valencianos quieren y respetan a quien se encontró una ciudad grande para transformarla en una gran ciudad.

Usted fue testigo directo de la amistad de la exalcaldesa con Rajoy.

El vínculo entre ambos era muy estrecho. Rajoy fue el que la convenció para que se presentara por primera vez a la Alcaldía de Valencia y ayudó en la negociación con el líder de Unio Valenciana, Vicente González Lizondo, que, como Rita, era de una gran personalidad. Y esa amistad mutua y sincera ha perdurado hasta el último momento.

Junto a ella, organizó en Valencia el congreso de 2008 en el que Rajoy fue reelegido tras perder las elecciones generales.

Tanto ella como yo pensamos que Rajoy no debía abandonar pese a aquella derrota. Cuando comprobó el apoyo de los valencianos, creo que se convenció de que debía seguir.

¿Cree que el PP debe reflexionar sobre el trato que dispensó en los últimos meses a uno de sus referentes?

No seré yo el que cuestione al PP. ¿Cómo voy a cuestionar a mi propio partido? Sería como hacerlo conmigo mismo. Yo, como Rita Barberá, soy PP, sigo siendo parte de sus siglas y de su historia. Decía Churchill que los partidos son la patria de los políticos.

¿Hay un cierto macartismo instigado por algunos representantes de eso que llaman nueva política?

No son nueva política; en el caso particular de los de Podemos, me recuerdan a los camisas pardas de Hitler. Es necesario recuperar cuanto antes nuestro modelo de convivencia, en el que la presunción de inocencia es un pilar fundamental.

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