Francisco Álvarez-Cascos

La foto que ilustra el éxito de Feijóo Francisco Álvarez-Cascos

El talante del líder popular ha quedado acreditado durante su mandato como presidente en su anhelo de sumar en el partido para dar credibilidad a su vocación de unir a los gallegos

La foto que ilustra el éxito de Feijóo
FRANCISCO ÁLVAREZ-CASCOS - Actualizado: Guardado en:

Los resultados de las elecciones en Galicia y en el País Vasco, sumados a los de las elecciones generales en España, están desencadenando una tormenta de noticias cuyo foco principal son los acontecimientos de la crisis que ha estallado en el PSOE, que acaparan la atención nacional, y que ensombrecen otras novedades mucho más importantes en las que se debe basar cualquier análisis profundo sobre la situación política de España y del sistema de partidos.

En el PSOE se enfrentan dos modelos de entender las responsabilidades políticas de sus dirigentes. Quien como yo, desde la Secretaría General de su partido, se aplicó en su día a hacer pedagogía para que el Partido Popular fijara como objetivo ganar elecciones antes que ganar congresos, que era la costumbre heredada de sus predecesores, y adoptara como estrategia las cuatro reglas básicas de ‘sumar lo más, restar lo menos, multiplicar prudentemente y dividir al adversario’, lo que sucede en el PSOE tiene poco misterio y una explicación sencilla. El sector perdedor de elecciones, con el dimitido Pedro Sánchez a la cabeza, se parapeta en la militancia para mantener su pesebre, derrota tras derrota; y el otro sector ganador de elecciones, con Susana Díaz a la cabeza, intenta recuperar el camino de la victoria apelando al principio de poner las ambiciones de los españoles por delante de las pasiones de sus militantes. Alguno, como Javier Fernández, candidato a presidir una gestora, suele disfrazar de equidistancia la cobardía, prefiere esconder tras el silencio la holgazanería para no tomar partido, y solo habla por boca de ganso cuando cree que puede pescar algo en algún caladero, como así se confirma.

Hay algún factor más en los desafíos socialistas, porque el dimitido Pedro Sánchez perseguía, a toda costa y a cualquier precio, la Presidencia del Gobierno de España, aunque fuera por un día, que le daría la pensión vitalicia de ex y le resolvería su futuro personal de por vida. Resulta demasiado evidente que para lograrlo estaba intentando un pacto con Podemos, cuyo obstáculo era la oposición del sector que le hizo frente. Exceptuados Javier Fernández y Susana Díaz, este sector se encuentra lastrado por la contradicción de haber sido el pionero de los pactos con Podemos; y ahora tiene el problema de que sus militantes no entienden que es malo para gobernar España lo que hace un año fue bueno para gobernar en sus comunidades autónomas y ayuntamientos. El corolario de este embrollo socialista, causado por la estrategia de Pedro Sánchez y los suyos, es que el gran vencedor a corto y medio plazo de la crisis será Podemos.

El follón socialista, que tantos daños colaterales nos está ocasionando a los españoles, ha ensombrecido el gran acontecimiento político de la victoria amplia y contundente de Alberto Núñez Feijóo en Galicia, frente al PSG de la gestora nombrada por Sánchez, a Podemos ‘mareado’ y a Ciutadans desnortado. En plena etapa de la caída del apoyo ciudadano que obtuvo el PP en 2011, el pasado 25 de septiembre emergió la luz del potente faro gallego de Núñez Feijóo, que mantiene el número de diputados, hace crecer el resultado del Partido Popular en votos y en porcentaje, y obtiene la única mayoría absoluta del mapa autonómico nacional. Paradójicamente, su éxito se produce el mismo día que el PP del País Vasco, antaño partido ganador, retrocede en votos, en escaños y en diputados para situarse en cenicienta del Parlamento de Vitoria. Este fenómeno de dimorfismo político del PP apenas ha merecido algún comentario de trámite, a pesar de las profundas enseñanzas que nos brinda a todos los ciudadanos.

Es obvio que el éxito de Núñez Feijóo se asentó en el balance positivo de su gestión de gobierno al frente de la Xunta en los últimos ocho años. Unos resultados que merecen la aprobación de los gallegos, y que han sido logrados por una Administración austera y eficiente que, a diferencia de otras comunidades autónomas despilfarradoras e insolidarias, ha hecho crecer la renta de Galicia, ha cumplido sin estridencias las obligaciones de la estabilidad presupuestaria, ha afrontado con mesura los recortes ineludibles del gasto público autonómico, no ha apelado a la subida de impuestos, ha cumplido con el déficit y no ha abusado del recurso a endeudar a las futuras generaciones de gallegos. Todo esto era una condición necesaria para alcanzar el éxito, pero todos sabemos que no era suficiente.

La clave del éxito está condensada en una foto deslumbrante. Una foto vale más que mil palabras. La foto captada el día de reflexión abrazando a Gerardo Fernández Albor revela el talante que Núñez Feijóo ha acreditado durante su mandato como presidente: su anhelo de sumar en el partido para dar credibilidad a su vocación de unir a los gallegos. El nuevo estilo del líder Núñez Feijóo nunca rompió con los viejos estilos de sus antecesores, Fernández Albor y Fraga, sino que siempre se presentó como continuador de ellos, a la manera de los buenos relevistas, para asegurar la victoria del equipo. Enfrente, el antagónico Partido Popular del País Vasco no pudo mostrar en sus fotos nada semejante, porque su reciente historial cainita está jalonado por los distanciamientos, dicho suavemente, de sus figuras históricas. Jaime Mayor Oreja, María San Gil o Santi Abascal encabezan el largo rosario de nombres que resume y retrata, en versión vasca, el estilo pop a ritmo de merengue del nuevo Partido Popular de Mariano Rajoy, caracterizado por hacer tabla rasa de su propia historia para lucir más, jalonada de un enojoso desprecio hacia los veteranos. En Asturias lo conocemos bien.

Núñez Feijóo representa el día en la noche de la política española. Por eso ha recogido brillantemente lo que acertó a sembrar en su quehacer diario: la unión de los gallegos en torno a su liderazgo. Este profundo mensaje me parece el hecho más relevante del panorama actual de España. Y marca el rumbo ganador para cualquier partido; un sendero velado por la niebla de la crisis que padece el socialismo español. El camino del éxito.

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