El vicepresidente de ventas y marketing de Tubacex, Anton Azlor, a la izquierda, durante la firma del contrato
El vicepresidente de ventas y marketing de Tubacex, Anton Azlor, a la izquierda, durante la firma del contrato - EFE

Tubos españoles para el petróleo de Irán

La compañía Tubacex se adjudica un contrato valorado en 556 millones

JerusalénActualizado:

El mercado iraní se abre poco a poco al mundo tras décadas de bloqueo y sanciones y las empresas españolas no quieren dejar pasar esta ventana que se ha abierto, pero que siempre está pendiente de la particular situación política de un país que vuelve a estar en el punto de mira de Estados Unidos tras la victoria presidencial de Donald Trump. En menos de una semana ADIF (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias de España) ha firmado un contrato para modernizar la red ferroviaria de la república islámica y Tubacex, grupo dedicado a la fabricación de tubos sin soldadura en acero inoxidable y altas aleaciones de níquel, se ha convertido en la primera compañía internacional que firma un contrato definitivo en el sector del gas y el petróleo de Irán tras el levantamiento del embargo. Una operación que abre la puerta a Tubacex al país con la reserva de gas más importante del mundo y la cuarta de petróleo y con una necesidad urgente de renovar sus instalaciones para ser competitivo.

El pacto nuclear firmado en 2015 entre la república islámica y el grupo del 5+1, formado por Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania, reabrió las puertas del país a las empresas extranjeras, pero trabajar en Irán sigue teniendo sus particularidades. El pacto entre Tubacex y NIOC, la compañía nacional de hidrocarburos, es fruto de una larga negociación y llega tras la firma previa de docenas de memorándums de entendimiento. Tiempo y paciencia son claves para que estas operaciones salgan adelante ya que las sanciones habían alejado al país de la cooperación económica mundial y ahora hay que restablecer las relaciones.

«La firma de un contrato definitivo de estas características requiere reuniones y más reuniones y litros y más litros de té», afirma un empresario extranjero con una dilatada experiencia en Irán, que pide mantener el anonimato. La difusión del acuerdo de Tubacex -que supone una facturación de 556 millones de euros, que es equivalente a la facturación total de la empresa durante el pasado año-, es poco habitual en un mercado en el que la mayoría de empresas prefieren mantener el perfil bajo «por miedo a los intereses en otros países y porque las relaciones con el exterior no terminan de normalizarse del todo», según el mismo empresario. Otras empresas españolas han comenzado a trabajar, pero tras ser consultadas por este medio han pedido que sus nombres no aparezcan. El miedo a que trabajar en Irán afecte a inversiones en mercados como el estadounidense ha llevado incluso a alguna de ellas a omitir sus negocios en las páginas web corporativas.

Una de las grandes dificultades para operar en el país es lo complicado que resulta para las empresas locales obtener financiación. Los problemas de liquidez hacen que en ocasiones se plantee incluso la posibilidad de recurrir al trueque o intercambio de productos. En el caso español, las compañías han logrado que bancos españoles financien las operaciones y la Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación (CESCE) ha dado hasta el momento cobertura a proyectos de empresas españolas en Irán por un importe total de 610,82 millones de euros, según informó este organismo en marzo.

Necesidad de renovación

Debido a los años de bloqueo internacional, Irán necesita renovar su industria en todos los sectores, desde el gas y el petróleo (los hidrocarburos suponen el 80 por ciento de las exportaciones), hasta la minería o la automoción. “Lo más importante es conseguir nuevas tecnologías y el «know-how» (conocimientos técnicos), todos los sectores tienen que actualizarse para ser competitivos” opinaba Maysam Bizaer, asesor para inversores extranjeros basado en Teherán, en una entrevista matenida con este medio tras el levantamiento de los castigos.

Las sanciones económicas y financieras que Estados Unidos y la Unión Europea impusieron de forma conjunta en 2012 a causa de su programa nuclear surgieron efecto y obligaron a Irán a limitar su capacidad atómica para demostrar a la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) que no buscaban la fabricación de una bomba. A cambio se les levantaron unos castigos que provocaron una inflación del 40% en 2013 y una devaluación del rial de hasta un 80 por ciento respecto al dólar.

Hasán Rohani ganó sus primeras elecciones ese 2013 con el pacto nuclear como bandera y hace una semana volvió a ser reelegido presidente con el mismo argumento. El clérigo moderado aspira a mantener la apertura hacia Occidente, pero tiene ante sí el reto de que las mejoras lleguen al bolsillo del ciudadano medio. El crecimiento económico se situó en el 8% el año pasado y Rohani ha logrado reducir la inflación al 30%. La economía mejora, las empresas internacionales regresan a Irán, pero ninguna pierde de vista la agenda internacional y la posible vuelta de las sanciones ya que el pacto atómico no gusta a la nueva Administración de Trump, aunque lo respeta, y mucho menos a sus aliados regionales, Arabia Saudí e Israel.