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Río 2016 José Manuel Ruiz, el paralímpico interminable

El palista granadino ejerce de abanderado español en los Juegos que comienzan en Río

José Manuel Ruiz será el abnderado español en Río
José Manuel Ruiz será el abnderado español en Río - CPE

Nacer sin parte de un brazo no le impidió ser campeón de España. Ni de Europa. Ni del mundo. Tampoco le impidió competir en cinco Juegos ni colgarse cuatro medallas. José Manuel Ruiz asume su discapacidad como algo normal y agradece que desde pequeño le tratasen siempre como uno más. Que le dieran un tirón de orejas de vez en cuando, sin protegerlo en exceso, le permitió afrontar la vida por sí mismo y conseguir todo lo que puede hacer una persona que tenga dos manos: desde algo tan sencillo como atarse los cordones hasta competir de tú a tú en la Superdivisión de tenis de mesa con deportistas sin discapacidad.

Ruiz lleva 23 años vistiendo los colores de España alrededor del mundo y disputará en Río sus sextos Juegos Paralímpicos. Fue de las razones por las que el Comité Paralímpico Español se fijó en él y quiso reconocer su esfuerzo nombrándolo abanderado. Por un momento, hoy todas las miradas de Maracaná estarán puestas en él, encabezando al equipo español en la ceremonia de inauguración. El palista se siente un privilegiado y feliz por cumplir algo que para él «es un sueño». Fue algo que le hizo saber a Alberto Jofre, director gerente del CPE, cuando había más candidatos para portar la bandera. Le podían igualar en ilusión pero nunca superar, porque ser abanderado es «algo único e irrepetible». «Solo sucede una vez en la vida, si es que pasa», comenta a ABC.

El granadino sigue los pasos de David Casinos y Teresa Perales, que ejercieron de abanderados en Pekín 2008 y Londres 2012. Ya le han dado sus consejos y hoy compartirán también con él ese momento que ansía desde que conoció la noticia en el mes de mayo.

Río también es especial para Ruiz en lo deportivo. Se convierte en el atleta español en activo con más presencias paralímpicas y afronta el reto de colgarse la medalla de oro después de quedarse a las puertas en Sídney. Allí consiguió la plata en individual, mientras que en Londres se tuvo que conformar con el cuarto puesto y el diploma. Mejor le fueron las cosas en la competición por equipos, donde en la capital inglesa sumó un bronce al que ya tenía de Sídney y a la plata de Pekín. Quiere más y en Río quiere oír sonar el himno español en su honor.

Para ello lleva preparándose cuatro años. Cuando terminaron los Juegos de Londres puso su objetivo en Río, aunque «sin obsesionarse». «Hay deportistas cada vez más profesionales y todo es más complicado, no ya solo conseguir medallas, sino también clasificarse», explica consciente de la dificultad que entraña el reto del oro, pero sin dejar de lado el optimismo. «Vamos a intentar lograrlo». Su andadura comienza mañana y antes de ello tendrá que sobreponerse al cansancio que supondrá la ceremonia de inauguración de hoy, aunque cree que podrá con ello. «Juego por la tarde y tengo tiempo para descansar». Cualquier cosa por lograr el sueño que lleva persiguiendo desde los 13 años, cuando empezó a jugar.

Al faltarle parte de un brazo, Ruiz compite en la clase 10, la que corresponde a los deportistas con menor discapacidad. «Mi categoría es la que más se parece por similitud al normal», comenta. Pese a su minusvalía, nada le impidió soñar con ser deportista, sin saber bien de qué disciplina. Descubrió el tenis de mesa y se dio cuenta de que jugando olvidaba todos los problemas y que echaba de menos la mesa si se alejaba de ella mucho tiempo. «Creo que fue una decisión acertada», asegura. Si no la hubiera tomado, cuatro medallas paralímpicas no adornarían su palmarés y no optaría ahora al oro, una ilusión que comparte con su mujer y sus hijas, de nueve y cinco años. Ellas ya le vieron volver con un metal de Londres, pero ahora, algo mayores, son más conscientes de los éxitos de su padre.

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