Janssen y Ducasse, en una moto antes de la última etapa de la Vuelta de 1967, que terminó en Bilbao
Janssen y Ducasse, en una moto antes de la última etapa de la Vuelta de 1967, que terminó en Bilbao - EFE

Vuelta a EspañaJanssen conserva la vista

Relato de la Vuelta disputada hace 50 años con la primera victoria de un holandés y el podio de Aurelio González

BILBAOActualizado:

Cuando el escritor y experimentado cicloturista holandés Wilfried de Jong llamó por teléfono hace nueve años a Jan Janssen, ganador de la Vuelta de 1967 y el Tour de 1968, para hacerle una entrevista mientras daban un paseo en bicicleta, se encontró con un jubilado de 68 años que tosía, ahogado por una gripe. «No irás a dejarme machacado, ¿verdad?», le pidió. Se citaron. Janssen se presentó como es: impecable. Gafas y peinado hacia atrás. Montaron en las bicicletas y adelante. Charlar y pedalear. De Jong, mucho más joven, iba convencido de su superioridad física. Hasta que cayó en su error. El «viejo» Janssen comenzó a incrementar el ritmo. De Jong, garganta seca, sudaba y bebía del botellín. Janssen, ni un trago. El velocímetro marcaba 39,5 kilómetros por hora. El escritor boqueaba. «Jan seguía sacándome un pie de ventaja y se mostraba impasible. El muy canalla. Podía mantener ese ritmo durante horas», escribió De Jong en uno de sus relatos. Durante la vuelta a casa, Janssen lucía una sonrisa burlona. El primer holandés que ganó el Tour y la Vuelta siempre ha sido un viejo zorro.

A finales de abril de 1967 la prensa hablaba de la subida de la cajetilla de tabaco. La de rubio importado valía 22 pesetas. Vicio caro. En la cartelera, «My fair lady», con Audrey Hepburn y Rex Harrison. En los anuncios clasificados ofrecían un Simca 1000 de estreno por 93.000 pesetas (560 euros), casi lo que pedían por un pequeño apartamento con vistas al mar en Gorliz.

De eso, de la vista, era de lo único que pecaba el ciclista holandés Jan Janssen, campeón del mundo tres años antes y una de las estrellas de aquella edición de la ronda, en la que también lucían los nombres de Tom Simpson -el inglés falleció dos meses después en el Mont Ventoux- y de tres vencedores de la Vuelta, Poulidor, Wolfshohl y Patxi Gabika. Con diez millones de pesetas de presupuesto (60.000 euros), la Vuelta presumía de participación extranjera y nacional. Ahí estaban cuatro equipos históricos: el KAS (Gabika, Echevarría, Pérez Francés, San Miguel, López Carril, Uribezubia, Galera, Del Moral y Aurelio González), el Fagor (Díaz, Errandonea, Uriona, López Rodríguez, Perurena, Momeñe, Otaño, Mendiburu, Aranzabal), el Ferrys (los Manzaneque, Sáez, Ventura Díaz) y el Karpy (Argelino Soler, Jesús Isasi). Además, Julio Jiménez encabezaba el Bic francés.

Estilo calculador

El cartel sonaba bien. Como los locales donde se escuchaba a Hendrix, los Beatles, The Doors, Dyland y Bowie. Para entonces Jan Janssen ya había ganado el mundial, la París-Niza y la París-Roubaix. Era conocido como el ciclista de las gafas. Mostró buena vista para adivinar el futuro en la entrevista previa a la carrera que concedió a «El Correo», entonces organizador de la Vuelta: «¿Por qué no voy a ganar como Anquetil la Vuelta y el Tour?», se atrevió. Lo hizo. Iba a vencer ese año en la ronda española y en 1968 en el Tour. En las dos mostró su estilo calculador. En el Tour esperó hasta la contrarreloj final para batir a Van Springel. En la Vuelta se vistió de líder en el prólogo de Vigo y luego dejó que su gregario Ducasse llevara el maillot amarillo hasta el penúltimo día en la contrarreloj entre Villabona y Zarautz. Ahí, Janssen ató la Vuelta que un día después iba a terminar en Bilbao.

Pelea entre el KAS y el Fagor

Janssen, que tiene un palmarés a la altura de los grandes campeones, nunca fue el mejor en nada. Tiraba de determinación e inteligencia. En aquella Vuelta que no supo ganar Poulidor pese a tener a su favor tres etapas contra el cronómetro, Janssen dejó que los equipos españoles se atizaran entre ellos. La vieja historia. El KAS contra el Fagor.

Fue una edición revuelta. Ya en la segunda etapa se dejó ver Aurelio González, extraordinario escalador de Trucíos que luego ganó el premio de la montaña en el Giro y el Tour. Uno de sus compañeros en el KAS, Txomin Perurena, se colocó como líder ese día. En la sexta jornada, camino de Benidorm, Janssen se subió a un fuga con Ducasse, San Miguel, Aurelio González, Sáez, Soler, Otaño y Mendiburu. Quedó fuera de juego López Rodríguez, la baza del Fagor. Un rival menos para Janssen, que colocó a su fiel Ducasse al frente de la general.

El ciclismo era distinto. Un ejemplo: la décima etapa tuvo dos sectores. El primero, de 39 kilómetros entre Sitges y Barcelona. Tras 45 minutos de descanso comenzó el segundo, doce vueltas al circuito de Montjuic. Un día más tarde se disputó la «etapa reina» en los Pirineos que no sirvió para desbancar a Ducasse. El plan de Janssen funcionaba. Su cuenta atrás. El holandés no se inmutó cuando Poulidor, que había cobrado un fijo de 350.000 pesetas por participar, arrolló en la «crono» de 44 kilómetros entre Laguardia y Vitoria con el alto de Herrera en el trazado. Ducasse, que cedió diez minutos en esa jornada, mantuvo el liderato por unos segundos.

Clavos y aceite

En otra «crono», en la penúltima etapa (28 kilómetros entre Villabona y Zarautz), Janssen ocupó ese lugar. Como había calculado, era el líder por delante de Ducasse y el vizcaíno Aurelio González. La jornada final no cambió nada. Aunque fue intranquila. La primera curva del descenso de Sollube apareció sembrada de clavos y regada de aceite. Eso provocó el caos en el pelotón y varias caídas. Tras el susto, la Vuelta acabó al sprint con victoria en Bilbao de Karstens y triunfo final de Janssen. Cuentan que en la capital vizcaína esperaban grupos de aficionados muy enfadados por el pobre rendimiento de los ciclistas locales. El caso es que alguno de ellos, como Gabika, optaron por aprovechar que la etapa pasaba cerca de casa para retirarse a tiempo. Janssen, joven zorro entonces, les había ganado a todos.