Ciclismo

Contador, un ciclista que deja huella

Símbolo de ciclismo de ataque, se retirará como el cuarto mejor corredor de la historia en grandes vueltas

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Se va el ciclista hijo de su tiempo que volvió a levantar del sillón a los aficionados españoles en las lánguidas y apacibles sobremesas de verano. Después del frenesí en montaña rusa al que sometía Perico Delgado y de los desfiles imperiales que proponía Miguel Induráin cada julio en Francia, abre la puerta a su retirada Alberto Contador.

En un vídeo por Instagram anunció que abandona el ciclismo, ese deporte maravilloso que él aprendió a amar por acompañar a su hermano Fran en las rutas con sus amigos a Navacerrada, por el póster de Induráin que presidía la pequeña habitación compartida por ambos en un piso céntrico de una calle inclinada en Pinto, población obrera a las afueras de Madrid a la que sus padres, Paco y Francisca, emigraron desde Barcarrota (Badajoz) en los años setenta.

«Me voy contento, no lo digo con pena», comunicó en el vídeo donde explicó que la próxima Vuelta a España (sale de Nimes el 19 de agosto y concluye en Madrid el 10 de septiembre) será su última carrera como profesional. Si todo va bien, podrá cerrar el círculo y recoger el cariño junto al Ayuntamiento de la ciudad en la que nació el 6 de diciembre de 1982 en el Hospital Doce de Octubre.

Contador se va y deja un sello, el de un ciclista a la vieja usanza, atacante y enardecido, en tiempos de convulsión. La vida profesional del denominado «pistolero» ha sido una secuencia de incidentes que ha remontado cual Ave Fénix, siempre por encima de la contrariedad. Dramático fue su aneurisma cerebral en la Vuelta a Asturias de 2004, un cavernoma que lo transportó más allá del túnel y que requirió una operación a vida o muerte.

Nada peor que eso para una persona, aunque en el caso de Contador su segundo drama casi lo sepulta deportivamente. Fue el famoso positivo por unos nanogramos de clembuterol en el Tour de 2010 y la argumentación del solomillo intoxicado. También salió de ese pozo de descrédito el madrileño con la cabeza alta y nuevos resultados triunfales.

«Es una decisión que he pensado muy bien y no creo que haya una despedida mejor que en mi casa y en mi país», comenta Contador, que se encuentra en Madrid entrenando y que aspira a ganar la Vuelta 2017 como despedida de su honorable colección de éxitos, después de su peor clasificación en el Tour (noveno) desde que es quien es.

Entre los grandes

Con dos Tour de Francia, dos Giros de Italia y tres Vueltas a España, Contador se ha instalado en el panteón de los grandes ciclistas de la historia. Es el cuarto mejor palmarés de todos los tiempos, empatado a siete grandes vueltas con Miguel Induráin y Fausto Coppi. Contador ha ganado las tres rondas más importantes, algo que solo Merckx, Anquetil, Hinault, Gimondi y Nibali han logrado. Induráin nunca ganó la Vuelta. Al haber sido sancionado con la pérdida del Tour 2010 y el Giro 2011 por el positivo de clembuterol, el corredor castellano no puede ingresar en el podio de los tres mejores ciclistas de la historia por victorias en grandes vueltas. Merckx tiene 11, Hinault 10 y Anquetil 8.

Palabras mayores para un ciclista de temperamento y personalidad que debutó en el Tour 2005 y se atrevió a ser columnista. Escribió para ABC muy buenos artículos en aquella edición. Abandonó esa colaboración porque se percató de que aquella carrera podía ser suya en breve espacio de tiempo y no quería enemistarse con la prensa española. En 2006 no había podido correrla por la eliminación del Liberty en la Operación Puerto. Y al año siguiente, la conquistó en el torbellino de la polémica que acompaña los tiempos tras la exclusión de Michael Rasmussen cuando era líder.

Hijo de su tiempo, Contador ha sabido navegar en época difícil del ciclismo y se ha agenciado otra gracia hasta convertirse en un ídolo total. La gente lo adora. En pleno ecosistema de los potenciómetros y los ciclistas robot, él ha conectado con el público por su carácter indomable, su estilo siempre al ataque. «Hacer podio no sirve de nada. A mí me gusta ganar», suele decir.

Cadena de éxitos

Ganó el Tour 2007 al ataque, el Giro 2008 en una exhibición de poderío, la Vuelta 2008 en el Angliru, el Tour 2009 contra su antiguo ídolo Lance Armstrong, el Tour 2010 contra su amigo perdedor Andy Schleck, el Giro 2011 de paseo, la Vuelta 2012 en la escapada de Fuente Dé, la Vuelta 2014 contra Froome y el Giro 2015 frente al ahora emergente Landa y Fabio Aru. Una sinfonía de color que revitalizó el interés por el ciclismo después de años oscuros. Y, en la derrota, también ha decidido pruebas, como la última victoria de Nairo Quintana ante Froome en la Vuelta 16 en Formigal.

«Me voy porque quiero vivir la vida», confesó hace un par de primaveras en una entrevista a ABC en un arrebato de retirada que no consumó. Pasó del Tinkoff al Trek y en este equipo de bicis americanas pretendió remontar su carrera. Centró su preparación al cien por cien en el Tour de Francia 2017, pero el gobierno de Chris Froome y su imponente Sky lo han apartado del escalafón. A los 34 años, Contador se ve sin posibilidades de volver a ganar el Tour. Y, por lo que expone su trayectoria de éxitos y titulares de primera página, no quiere vivir de ataques a largo alcance de los que siempre se aprovechan otros.

«Quiere retirarse en plenitud física y mental, siendo competitivo. Como está ahora», aseguran en su entorno más personal. El madrileño no se ve arrastrándose por las carreteras en busca de otro contrato millonario.

Su futuro seguirá vinculando al ciclismo. El madrileño se ha ilusionado con los equipos de jóvenes de su Fundación. Su objetivo es convertir a estos conjuntos aficionados en escuadras profesionales a medio plazo. Ya intentó el año pasado ser líder y propietario al mismo tiempo de su propia estructura, pero el presupuesto de 15 millones no fue asumido por ninguna multinacional.

Escalador de fábula que comprendió la necesidad de progresar en la contrarreloj, Alberto Contador lo deja y su huella queda.