Dani Güiza, en un entrenamiento en El Rosal.
Dani Güiza, en un entrenamiento en El Rosal.

Cádiz CF

Güiza, el ‘repetidor’ querido y respetado

No hay entrenamiento donde el jerezano pase desapercibido

Por  18:30 h.

Mientras Roberto Perera, segundo entrenador de Cervera, explica el funcionamiento de un ejercicio que consiste en un partidillo en dimensiones reducidas donde tan solo se puede presionar hasta el centro del campito, Dani Güiza juega a colocar la bola en la escuadra de Jesús desde una esquina del campito. El ayudante de Cervera sigue con sus explicaciones. Y Güiza, a lo suyo. “¡Jesús, Jesús!”, le medio grita al portero suplente para que le devuelva el balón y volver a intentarlo. Comienza el partidillo. Primera jugada. Falla Güiza. No ha entendido la explicación por lo que se ve. Lógico. Estaba a otra cosa.

Así es el gitano. Genio y figura. Un espectáculo para los sentidos -sobre todo el del humor- verlo entrenar. Por su calidad, por su compromiso y, como no, por su consentida pillería. Güiza es el veterano y los galones se les nota pese a su eterna sonrisa con la que esconde sus travesuras. Güiza podría ser como el repetidor de clase que no por ser el mayor ejerce de abusón o chuletas. Todo lo contrario. Güiza es un pan, un cacho de pan. Eso sí, con arte y saber estar, el jerezano hace lo que le viene en gana (sin pasarse en ningún momento) siempre y cuando el entrenamiento esté acorde a esos momentos. Y ayer, pese a la intensidad de la sesión, era un día para ello. Güiza no paró.

Porque el ‘repetidor cadista’ cae bien a todos sus compañeros. Se pica con Ortuño, bromea con Aitor, de vez en cuando deja muestras de su clase y se marca un golazo. Al jerezano se le ve disfrutar. Y lo que es más importante, hace disfrutar al resto con su sola presencia. A veces, puede que a Cervera y sus ayudantes le den ganas de llamarle la atención pero deben saber que no vale la pena hacerlo porque el clima que genera Güiza no está pagado por muchos chascarrillos que se escuchen de su boca. todos sin maldad alguna, por supuesto.

Aitor está que lo tira. Todo lo que toca lo convierte en gol o intenta convertirlo. Hoy mismo, el de Gibraleón ha marcado una buena ración de goles y lo ha intentado desde todos lados. Güiza, con tacto y guasa, no ha dudado en hacérselo ver a su compañero de equipo durante la pachanga. “Oye, ¿vas a dejar alguna o te las vas a jugar todas?”, le soltó poco después de una acción fallada por Aitor, al que más adelante, y tras un nuevo gol del onubense a pase de Güiza, le dijo en el mismo tono de ‘colegueo’. “Quillo, estoy cansado ya de darte goles”.

Las bromas e indirectas no solo fueron dirigidas a Aitor. En otra acción, Sergio Mantecón conducía el ataque y Güiza, en su equipo, le animaba durante la jugada. “Venga, ‘Mante’, que está es fácil”, le soltaba mientras se ofrecía en una banda. La jugada acabó truncada.

También ‘jugó’ a equivocar a Ortuño, que intentaba enterarse de las órdenes de Cervera para el siguiente ejercicio con balón. “¡Alfredo! A ver… ¿Qué he dicho?”, le preguntaba a voces desde la distancia Cervera al pichichi. “¿Que hay que marcar en esta portería…? No sé, no sé… Me está equivocando Dani”, se defendía el murciano ante las risas por detrás del jerezano.

Porque esa es otra. Cada vez que se escucha un murmullo, un chascarrillo, un pequeño run run mientras en otra zona del campo de entrenamiento un técnico explica a alguien o algunos algún razonamiento táctico siempre aparece Güiza como principal animador del grupillo revoltoso. Porque cuando no bromea con uno charla amigablemente con otro. Sin descanso. Un no parar.

Hoy le ha dado a Güiza por las botellitas de agua. Es normal que al término de cada ejercicio todos los jugadores se acerquen a la nevera donde descansan los refrescos. Tan normal como que muchos, una vez se han refrigerado, las dejen sobre el césped, algo que no soporta el jerezano. “¡Joder, las botellas no tirarlas fuera!”, se indignaba con razón ante sus compañeros, bien por la suciedad depositada en el campo y que debe recoger el utillero, bien porque cuando vuelvan a beber no se mantenga frías. En todo caso, Güiza no dudó en dejar de ‘guarros’ a todos sus compañeros. En este misión encontró el apoyo de otro veterano, Cifuentes, que abroncó a sus compañeros de la misma forma. “Anda que como en vuestras casas seáis iguales…”, soltó con sorna el cancerbero. La indignación de uno y otro motivó que más de uno se agachase a por las botellas desperdigadas y las tirase junto a la nevera. Asunto arreglado.

Pero no todo es cachondeo y buen humor en Güiza. Su compañerismo está fuera de toda duda y esa es una de las principales virtudes que aporta en este vestuario. Casi al término del entrenamiento Gorka Santamaría recibió una entrada a la altura del tobillo por parte de Servando, que no tardó en disculparse después de que el delantero, mientras saltaba por el aire, gritaba temiéndose lo peor: “Dios, ¡el tobillo malo!”. El jugador vasco tuvo que recibir atención médica y en un primer momento no olía nada bien ante sus gestos de dolor. Concluido el entrenamiento, Güiza fue el único que se acercó al vasco, que aún seguía retorciéndose en el suelo de dolor, para animarle e interesarse por él. “Seguro que no es nada, hombre. Si lo puedes apoyar, no es grave”, le dijo mientras que animaba con varios golpecitos. Efectivamente, Gorka salía por su propio pie del campo aunque cojeando.

Antes de dirigirse a las duchas, Güiza intentó escaquearse de cargar con la portería para retirarla del campo junto a sus compañeros. De ello se coscó Garrido, que no dudo en llamarlo a filas. “¡Gitano, que no eres manco, eh!”. Pillado, Güiza no tuvo otra que arrimar el hombro. Otro día será. Seguro que lo consigue este repetidor que se ha ganado desde el primer día el respeto y el cariño desde la humildad no exenta de guasa y saber estar.