Juan Carlos Cordero, en El Rosal.
Juan Carlos Cordero, en El Rosal.

Cádiz CF

Con el trabajo a cuestas

El director deportivo del Cádiz CF, Juan Carlos Cordero, negocia en El Rosal y ve fútbol en su casa

Por  10:00 h.

Llega el verano y el director deportivo sabe que su trabajo se multiplica. Le da igual. No le importa. Vive por y para el fútbol y admite que no tiene vacaciones. Con el tiempo, hasta sus familiares saben que no las tiene. No hay enfados. Se conforman con que esté. Y siempre que puede, está.

Llega verano y a Juan Carlos Cordero se le incrementa el trabajo. Reuniones, reuniones y más reuniones. Vídeos, vídeos y más vídeos. Conversaciones, conversaciones y conversaciones. Y teléfono, mucho teléfono. Venga teléfono. No descansa. Vida de locos para alguien muy cuerdo. Así es su vida, así la quiere y así la vive.
Cualquiera le viene a él con el asunto de conciliar la vida laboral con la familiar. Le es imposible. Tiene la tranquilidad de que en casa conocen como es su trabajo y en las fechas señaladas, aunque sigue trabajando, se conforman con su presencia. Es el único que tiene permiso para abandonar la mesa y atender una llamada.

Lo tiene de su familia y por supuesto del cadismo, que es lo que le mueve en estos momentos para conseguir reforzar una plantilla a la que se le volverá a pedir la permanencia en Segunda.

La vida de Juan Carlos Cordero comienza en las instalaciones deportivas del Rosal. Es allí donde trabaja más cómodo, en su despacho. Pero nada de fútbol. Esa parte importantísima de su labor la reserva para su casa, donde tiene acondicionado una habitación con una gran pantalla y pensada única y exclusivamente para ver fútbol con la tranquilidad y comodidad necesaria para no perder detalle de nada de lo que se está viendo en el partido de marras y del futbolista en cuestión que esté analizando en ese momento.

Así que si en casa se reserva las horas de visionar partidos, es en la ciudad deportiva donde lleva a cabo las negociaciones y las conversación telefónicas con todos y cada uno de los contactos que tenga que tocar para un fichaje o una venta. Llega al Rosal a eso de las diez de la mañana y no se va hasta las tres, para volver de tarde y llevarse el trabajo a casa para ver fútbol. Por su manera de trabajar, no cree en las vacaciones.

Obviamente, suele apartarse y desconectar del mundanal ruido a los pocos días de cerrarse el mercado de fichajes veraniego o invernal. Es entonces cuando se pierde con su mujer para aislarse un par de días de la estresante vida de director deportivo. Pero recarga pilas pronto. Tan pronto que en la misma semana ya ha vuelto y para vuelta a empezar.

Este verano, las vacaciones no van con él, tiene por delante la misión de hacer alrededor de siete fichajes. Luego serán más o menos, pero la idea inicial es esa. Queda mucho, pero Cordero ya ha empezado.