Cultura - Teatros

Se estrena en España «Ensayo», de Pascal Rambert, el retrato de una frustración

La obra se estrena en El Pavón Teatro Kamikaze con María Morales, Fernanda Orazi, Jesús Noguero e Israel Elejalde

Israel Elejalde, Jesús Noguero, María Morales y Fernanda Orazi
Israel Elejalde, Jesús Noguero, María Morales y Fernanda Orazi - Vanessa Rabade

El estreno, hace dos años, de «La clausura del amor», descubrió al público español al dramaturgo francés Pascal Rambert. Bárbara Lennie e Israel Elejalde interpretaron un texto de intensidad abisal y profundamente turbador. El actor forma parte también, junto a María Morales, Fernanda Orazi y Jesús Noguero del reparto de «Ensayo» («Répétition»), que se estrena hoy en El Pavón Teatro Kamikaze, bajo la dirección del propio autor. Fue durante la preparación de aquella obra cuando surgió la oportunidad de estrenar «Ensayo» en España.

Si en «La clausura del amor» se abordaba con una crudeza insólita la separación de una pareja, «Ensayo» habla de la disgregación de una compañía teatral. «En cuanto a la estructura, ambas obras son similares –explica Israel Elejalde–;también “Ensayo” es una sucesión de monólogos, cuatro en este caso. Pascal mantiene esa convención, esa estructura casi de juicio, en la que los personajes tienen derecho a exponer sus argumentos mientras los demás se mantienen en silencio». También tiene en común con «La clausura...», dice el actor, «su estilo verborreico, ese lenguaje que brota directamente de la cabeza, en la que los pensamientos atropellan al habla, y que es como una marea de palabras».

Esto en cuanto a las formas. Por lo que se refiere al contenido, si «La clausura del amor» suponía una explosión en el ámbito de una relación de pareja, en «Ensayo» Pascal Rambert lleva esa explosión a campo abierto. «Hay, sí, el dolor de una ruptura, la de cuatro amigos que crearon una compañía con la intención de hacer un teatro nuevo y de cambiar el mundo, y que se encuentran con que los que en realidad han cambiado han sido ellos. Hay en la función un retrato de la sociedad, un retrato político y de frustración de una generación;de una crisis vital de unas personas que ya no es joven pero tampoco es vieja.

El propio Pascal Rambert ha escrito que «en la vida no hay un solo tema sino una efervescencia contradictoria que nos supera, una especie de súperego, algo que brota constantemente. El arte es el lugar de ese brotar perpetuo, ese lugar de donde sale ese grito que está en nosotros y que, a menudo, por mil razones, está encadenado. Ese grito, esa parte de uno mismo que dice “existo”, que se rebela, explota, sale a la superficie, es el momento del arte. Intento contener esa efervescencia, darle una forma a través del lenguaje».

Las obras de Pascal Rambert exigen de los actores, asegura Israel Elejalde, una gran intensidad emocional. «Te pone al límite de todo, como autor y como director. Necesitas poner sobre la mesa todas tus técnicas para lograr alcanzar la intensidad y las temperaturas que pide tanto el texto como el director. Pascal proviene del mundo de la danza, así que también exige del actor que esté físicamente bien. Él dice que las palabras son una “confusión mental”, y que por eso la claridad proviene del cuerpo. Los actores debemos estar absolutamente involucrados desde el punto de vista físico. Esta obra exige el mismo esfuerzo que si se interpreta “Hamlet” o “Medea”».

La participación de Israel Elejalde en «Ensayo» es un monólogo, Pero, al contrario que sucedía en «La clausura del amor», en la que él abría la función, en esta ocasión le toca cerrarla. «Son dos mundos diferentes totalmente. Porque aquí recibo el testigo de mis compañeros y tengo que estar tanto a su altura interpretativa como en la tesitura que me dejan». Es como un ciclista que ha realizado una escalada a rueda de sus compañeros, manteniendo el mismo ritmo pero dejando que el principal esfuerzo lo hagan ellos, y finalmente le toca a él rematar.

Espera el actor que esta segunda experiencia al lado de Pascal Rambert no sea la última; considera al dramaturgo uno de los grandes autores de nuestros días. «Tiene apariencia de autor y director de vanguardia, pero tiene una conexión con el teatro clásico, con los teatros griego y barroco. Se aleja del naturalismo, le encanta estar en los picos absolutos de dolor y clarividencia»

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