La actriz Clara Sanchis
La actriz Clara Sanchis

Clara Sanchis: «Mientras haya una muerte por violencia de género seré feminista»

La actriz, que vuelve a subirse al escenario con la adaptación teatral «Una habitación propia», charla con ABC sobre la necesidad de hablar sobre el pasado de la mujer y de los avances del feminismo a pesar de que todavía existen micromachismos en la sociedad

MADRIDActualizado:

«Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción». Las palabras irónicas y afiladas de Virginia Woolf sobre las desigualdades que sufrían las mujeres tan solo por su género hace casi 90 años siguen todavía vigentes. Y así lo han querido demostrar María Ruiz y Clara Sanchis en una adaptación teatral de «Una habitación propia». Un viaje sobre los pormenores de las mujeres en el pasado y que hace reflexionar sobre el presente, pues a pesar de que este libro fue publicado en 1929, no olvidemos que todavía existen casos como el de la exitosa escritora de la saga de «Harry Potter», J.K. Rowling, a la que en sus inicios los editores solo pusieron sus iniciales en la portada de sus libros porque pensaron que los niños nunca los comprarían por ser una mujer.

Con el objetivo de «difundir las palabras» escritas por Woolf tras la aprobación de la ley del sufragio femenino en Reino Unido, Clara Sanchis (Teruel, 1968), conocida por sus papeles en la serie «Isabel» o «Amar es para siempre», se transforma en una de las figuras del feminismo internacional bajo la dirección de María Ruiz. En este ensayo, la escritora británica indaga en el papel que la mujer ha desempeñado en la historia del arte, tradicionalmente dominado por hombres, y analiza el movimiento feminista del que formó parte a principios del siglo XX. Basada en una falsa conferencia, Woolf utiliza tanto su experiencia como su imaginación para desarrollar algunas ideas sobre el lugar que ocupan las mujeres en el mundo, mientras la sociedad vive unos momentos convulsos ya que se está estableciendo la igualdad de los hombres y mujeres ante la ley.

De este modo, Sanchís vuelve a subirse al escenario, en esta ocasión en el Teatro Galileo, sola con un escritorio y un piano para deslumbrar a los espectadores con las palabras de Woolf y a su vez despertar las mismas emociones que sintió ella tras terminar el libro. «La lectura ha sido reveladora, una pequeña revolución para mí», sostiene la actriz aún fascinada.

—El libro «Una habitación propia» se le resisitió hasta en tres ocasiones porque hay una parte en la que se mezcla la ficción con la realidad. ¿Cómo asumió esta dificultad para su interpretación?

La dificultad está en la primera parte del libro. Aunque es muy bella y es la Virginia Woolf más pura donde aparece la novelista, juega con la ficción y la realidad. Ha sido lo más complicado como actriz, pero ahora la disfruto mucho. Sé que el espectador tiene unos minutos de desconcierto pero luego recibe ese placer de entender aquello que antes no comprendía, empiezan a atar cabos.

—¿Cómo ha trabajado al personaje?

María Ruiz y yo hemos hecho un trabajo muy basado en su elocuencia junto a sus ideas figurantes y revolucionarias más que en las emociones, que evidentemente provoca, pero hemos intentado pasar cada palabra por el cuerpo.

—¿Es complicado estar sola ante los espectadores?

Tengo un material tan deslumbrante, lleno de descubrimiento, una especie de viaje en busca del grial, que eso me ayuda mucho porque sé que tengo unas frases que conmueven y despiertan, que producen mucho sentimiento como me lo produjo a mí en la lectura. Pero, sobre todo, intento estar muy concentrada en lo que digo y en que me entiendan, es decir, en tener una comunicación real con el espectador.

—¿En qué se parecen Virginia Woolf y usted?

Quiero creer que en el sentido del humor, una cierta tendencia a desdramatizar a base del sentido del humor, a reírme de mi misma siempre que puedo y a no tomarme los problemas demasiado en serio, creo que eso ayuda a vivir. Y luego, aunque no sé si lo comparto con Virginia Woolf, me fascina de ella cómo formula su pensamiento a partir de las cosas pequeñas y cotidianas, que son reveladoras. Al igual que ella, creo que estos minúsculos detalles nos cuentan más que los grandes.

—A las funciones de esta obra acuden más mujeres que hombres. ¿Qué le parece?

Siempre hay más mujeres que hombres, somos muchas más espectadoras al igual que lectoras. Las mujeres estamos muy ávidas de cultura, no solo pasa en esta función, el espectador medio es femenino, es curioso. Además, en este caso, las mujeres saben sobre el tema que se trata, pero también vienen muchos hombres, de hecho, me siento muy feliz de cómo lo reciben los hombres jóvenes. El otro día, había un chico de 22 años que me esperó a la salida del teatro, me contó que se les había saltado las lágrimas y le parecía maravillosa la obra. Eso creo que es una buena noticia.

—¿A qué se debe el éxito de la obra?

Creo que porque más allá de la belleza de su discurso, se conjuga por un lado una belleza artística en cómo habla en este texto maravilloso con algo muy político. Cuando lees un libro, ves un cuadro o  acudes a una obra, y te hace descubrir aspectos desconocidos a ti mismo, tiene un doble poder ahí la ficción, el poder del espejo.  Además, me produce mucho optimismo que esta pequeña joya haya tenido esa aceptación, porque requiere un espectador atento y apela a la inteligencia, el espectador es mucho más inteligente de lo que creemos.

—¿Cree que obras como esta son necesarias para recordar el pasado de la mujer, y seguir avanzando?

Lo sabemos en general pero no conocemos el pasado de nuestras abuelas, ni ya decir bisabuelas. Hay un tabú en el sometimiento que ha sufrido la mujer durante siglos que hace que eso se haya resuelto de una manera amigable más o menos, veamos el horror ahora mismo que hay con las muertes causadas por la violencia machista. Aun así, las mujeres han conseguido equipararse a los hombres ante la ley hace tan solo unas décadas. Pero esto no se estudia en profundidad en la escuela, por eso creo que esta función ha tenido esta buena recepción, porque agradecemos que nos cuenten nuestro pasado para entender nuestro presente, es una obviedad pero es así.

—Entonces, ¿hay que estudiarlo más en profundidad?

Por supuesto, creo que hay que revisar los libros de texto y creo que en la historia, la revolución femenina es la revolución más importante de la humanidad, es la mitad de la humanidad  y eso debería estudiarse en profundidad. Virgina Woolf lo plantea casi sin culpables, por eso, sin rencor ni odio hay que analizarlo y ver qué huellas ha dejado en nosotras y en los hombres.

—¿Y sigue dejando huellas?

Sigue dejando huellas en la autoestima y en inercias del machismo que seguimos las mujeres. A veces, me sorprendo de algunas actitudes machistas. Tenemos mecanismos adquiridos educacionales y culturales de muchos siglos, entonces es bueno hablar de ello, es sano y da optimismo.

—¿Cómo se puede poner freno al machismo más imperceptible?

Ese es uno de los más peligrosos.  Yo no me pregunté hasta los 20 años por qué yo no tocaba una partitura escrita por una mujer, no me daba cuenta de que no había compositoras mujeres entre mis libros de música cuando estudiaba piano. No es normal que no nos expliquen las razones y yo quiero saberlo. Todavía se necesita tiempo, pero hay que darse prisa, no podemos estar esperando tantas generaciones, hemos avanzando mucho pero queda mucho por hacer. Ahora mismo hay un movimiento feminista muy joven, rejuvenecido y la cultura y educación tiene un papel muy importante para erradicar dichas actitudes.

—¿Se considera feminista?

Claro, si creo que todos somos feministas. Mientras haya sola una mujer cobrando menos que un hombre yo seré feminista, mientras haya una mujer con menos oportunidades que un hombre yo seré feminista y desde luego mientras haya una muerte de violencia de género seré feminista. Ojalá pueda dejar de serlo pronto.

—¿Cómo sería ahora el ensayo de Virgina Woolf?

Una mente tan deslumbrante como la de Virginia Woolf, con una inteligencia tan salvaje, siempre te sorprende. No tengo ni idea de lo que pensaría. A ella no le gusta el discurso victimista, entonces con su inteligencia seguiría viendo estas carencias y vería también los avances. Es tan importante tanto que veamos el problema como que poco a poco vamos solucionando.

—En una entrevista en TVE en 1998 dijo que le gustaría más ser actor que actriz. ¿Sigue pensando lo mismo?

Ahora ya no gracias a la edad, porque la edad me está proporcionando personajes mucho más interesantes. En la madurez, me gusta más ser actriz, en esta edad hay personajes femeninos casi tan interesantes como Hamlet o Julio César.

—¿Alguna vez ha sufrido algún tipo de desigualdad?

Por supuesto, es un terreno tan pantanoso que es muy difícil saber dónde están las líneas y las fronteras, porque a veces esa desigualdad es por ser mujer y otras simplemente es porque alguien que tiene más poder que tú y no necesariamente por ser hombre. Virginia Woolf está planteando una lucha de clases que aparece de muchas formas, no desde la forma hombre- mujer también desde otra clase de poder. Sin duda, yo sí he notado que nosotras lo tenemos más difícil,  tenemos que demostrar más y tenemos una esclavitud con lo estético muy superior a  la de los hombres.

—¿Qué le parece que se estén destapando casos de acoso sexual en el cine?

Es maravilloso que haya salido a la luz y creo que tenemos que observar con mucha precisión. Admiro mucho a las profesionales que han sido capaces de decir lo que les ha ocurrido porque se juegan su trabajo, acusar al jefe requiere una valentía que no se le puede exigir  a nadie. Y es otro tema tabú que por fin está saliendo a la superficie, además, no creo que lo suframos más las actrices y  trabajadoras del espectáculo que cualquier otra trabajadora. Nuestro físico siempre ha sido una moneda de cambio mucho más poderosa que nuestro talento o inteligencia y esto lo percibimos siempre las mujeres. No obstante, está cambiando lentamente pero provoca este tipo de situaciones terroríficas. Me parece sanísimo que se hable.

—¿Y Virginia Woolf estaría orgullosa de ellas?

Ella escribe otro ensayo, diez años más tarde, que no habla exactamente de este tema, pero sí de las mujeres que han estado obligadas por su sometimiento y su falta de recursos a vivir en la cultura de la seducción porque no podían hacer otra cosa durante muchos siglos. Las mujeres han tenido que seducir al hombre para tener un lugar en el mundo y eso arrastra mecanismos muy perversos en la relación hombre mujer y eso ahora lo estamos limpiando. Empezar a hablar de ello, es empezar a limpiarlo.

—¿Conoce algún caso de acoso sexual?

Por supuesto, creo que acoso y abuso sexual está la orden del día y que hay que destaparlo, pero tampoco se le puede exigir  a nadie. Es un tema muy delicado, y hay que respetar los tiempos y la forma de contarlo en la que cada una o uno, porque también le ha ocurrido a hombres. Aunque la mayoría que lo hemos sufrido somos mujeres, también hay casos de hombres.

De modo que sí sabe de casos de hombres acosados.

Claro, acosado fundamentalmente por otros hombres. No conozco acosadoras mujeres, pero no digo que no haya alguna excepción. Lo que es un desastre es el exceso de poder, en una sociedad más equilibrada no se producirían estos casos, el exceso de poder enloquece al poderoso.

—¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Empiezo a ensayar, casualmente porque no hay ninguna intención por mi parte de dedicarme de por vida a esta temática, a finales de enero una función que se llama Consentimiento en el Centro Dramático Nacional, trata de una violación  y de la hipocresía en el mundo de las leyes. Ha sido totalmente casual, es increíble cómo la vida pone estas causalidades terrorificas, lo digo por «La Manada».