Michael Gira fundó Swans en 1982
Michael Gira fundó Swans en 1982 - ABC

Swans: «Esta banda se ha acabado»

Michael Gira presenta en España su obra cumbre, «The Glowing Man», para echar el cerrojo a esta gloriosa etapa de segunda juventud que comenzó en 2010

MADRIDActualizado:

En los siete años que ha durado su última reencarnación, Swans ha sacado cuatro discos épicos con los que ha experimentado, por fin, la «agradable sensación del éxito». Tarea harto difícil si tenemos en cuenta que la banda echó a andar en Nueva York, allá por 1982, con una propuesta basada en el ruido, la violencia y el caos. «Cuando empecé a grabar, sabía que tendría que estrangular a la bestia hasta matarla», recordaba Michael Gira en «Paste Magazine», sobre aquellos años «de estupideces» en los que era habitual que acabara sus actuaciones con las costillas fracturadas y algún diente menos. Se trataba de llevarlo todo al extremo en el escenario, pero también en el estudio.

«Las cosas son muy diferentes ahora. No recuerdo muy bien aquellos momentos, si te soy sincero, pero de alguna manera, la ambición sigue siendo la misma en lo que respecta a la música, aunque la experiencia sea diferente», reconoce ahora el cantante, guitarrista y compositor principal, en una llamada telefónica desde su casa en Nuevo México. Atrás quedaron los años de álbumes como «Filth» (1983), «Cop» (1984) o «Greed» (1986), en los que a Swans se le colgó el cartel de la banda más ruidosa y agresiva del planeta. Años en los nadie fue capaz de ponerle una etiqueta, mientras recorrían Estados Unidos en una pequeña furgoneta junto a bandas como Sonic Youth. «En aquella época seguía trabajando en la construcción. Era un trabajo muy duro y estaba muy harto. No pasa nada por ser albañil o carpintero, es algo bueno a lo que puedes dedicarte, pero no era para mí. Luego empecé a ganar dinero con el grupo y me sentí muy feliz con la idea de no tener que trabajar en aquello nunca más», confiesa Gira, cuya arriesgada, extrema y experimental visión del rock dio sus frutos, en 1989, cuando fue fichado por la multinacional MCA.

Aquel salto en su carrera coincidió con un importante giro en su sonido. La producción de Bill Laswell calmó a la bestia y dio entrada a algunas de las guitarras acústicas que más tarde desarrollaría en su proyecto paralelo: The Angels of Light. Gira creyó por un momento que podría tocar el cielo si vendía un pedacito de su alma al diablo, pero aquello sólo fue un sueño pasajero. Su paso por el star system del rock duró un disco, «The Burning World», que él califica de «mediocre». «Recuerdo pensar que alcanzaríamos una audiencia enorme, pero finalmente se vendió regular. Creo que eso me vino bien, porque me hizo pensar en lo que sabía hacer mejor. Me engañé creyendo que esos temas eran comercialmente aceptables, pero fue un error que me sirvió para darme cuenta de que eso no era lo que yo sabía y quería hacer. Y no tengo nada en contra de las bandas que hacen música comercial y tienen éxito. Me encantan los Rolling Stones, los Beatles o Pink Floyd. Simplemente me di cuenta de que no era mi sitio», explica.

La llegada de Laswell trajo consigo una serie de problemas que el grupo arrastró durante la década de los 90. Los diferentes miembros de Swans comenzaron a alternar el proyecto principal, capitaneado por Gira —«es una colaboración conmigo como el líder. Si alguno viene con una idea y me gusta, la hacemos; si no, la desecho. Pero verdaderamente necesito la influencia de los otros músicos, que se impliquen, aunque yo elija la dirección que vamos a tomar»—, con sus proyectos en solitario. En especial, el guitarrista Norman Westberg y la cantante Jarboe. Tras el fracaso de «The Burning World», Gira creó su propio sello, Young God Records, con el fin de publicar todos sus trabajos, más los de otros artistas como Devendra Banhart, Lisa Germano, Akron/Family o Wooden Wand. Swans editó «White Light from the Mouth of Infinity» (1991), «Love of Life» (1992), «The Great Annihilator» (1995) y «Soundtracks for the Blind» (1996), con los que fue poco a poco sumando seguidores sin pisar la MTV y convirtiéndose en una de las bandas más influyentes de principios de los 90. Sin embargo, llevaron lo personal y lo musical tan al límite que, en 1997, se hicieron pedazos y decidieron separarse. Fin de la primera era de Swans.

La segunda era Swans

En 2010, Michael Gira retomó el proyecto con nuevos colaboradores, algunos tan ilustres como el batería de R.E.M., Bill Rieflin; el cantante y guitarrista de Mercury Rev, Grasshopper, o el mismo Devendra Banhart. Fueron compañeros de viaje puntuales, a excepción de su amigo Norman Westberg, que tan sólo le falló una vez en 35 años de carrera. La banda pronto se afianzó para esta segunda era de Swans, publicando cuatro discos en los que el sonido volvió a cambiar. Algunas canciones se estiraron hasta los 30 y 35 minutos de puro trance, algo inaudito para una banda de rock de esos años. «Sé que no son temas fáciles de vender, aunque yo sentiría muy feliz si fueran comercialmente viables. Me parecería estupendo que se convirtieran en éxitos de ventas. Nosotros, eso sí, simplemente creamos la música que necesitamos que hacer. Intentamos retarnos a nosotros mismos y a la gente que nos escucha, esperando que sea una experiencia única y satisfactoria para todos», cuenta Gira, cuyo objetivo con la música siempre fue el mismo: lograr experimentar lo mismo que sintió él mismo cuando vio en directo a Pink Floyd en 1969 —«con el disco “Ummagumma”, antes de que se convirtiera en algo horrible»— o a Glenn Branca, en Nueva York, a principios de los 80. «Intento llegar al éxtasis, ese momento en el que te pierdes como dentro de un bucle. Cuando el sonido te envuelve como si mil campanas estuvieran repiqueteando a la vez y la música sonara por sí sola, como si la estuviera tocando otro. Así es como me siento, aunque no sea fácil llegar a ello. Depende de la magia del momento, del entorno en el que estemos tocando, de la audiencia… No sé si es una experiencia religiosa pero, de alguna manera, es una experiencia muy intensa, a veces trascendental. Y cuando ocurre, me siento profundamente excitado», comenta.

Swans llega ahora a España para presentar «The Glowing Man» (2016). Este miércoles actúa en Madrid (11 de octubre, Teatro Barceló, SON Estrella Galicia) y en los días sucesivos en Sevilla (12, Festival Monkey Week), Murcia (14, Garaje Beat Club, WAM Estrella de Levante) y Barcelona (15, Sala Apolo). Un último trabajo que ha sido considerado tanto en Europa como en Estados Unidos la obra cumbre de su carrera. Ocho canciones entre las que hay varias que, una vez más, superan los 20 minutos de atmósferas tan opresivas y catárticas como melódicas. Más de dos horas de música sobre la que Gira recita sus letras como si de un chamán se tratara, para echar el cerrojo a esta gloriosa etapa de segunda juventud que arrancó en 2010. «Esta banda se ha acabado. He estado tocando con estos chicos siete años y me encanta, pero todos estamos de acuerdo en que no podemos ir más lejos. Es hora de disolvernos. Yo continuaré como Swans, pero contaré con músicos diferentes para desarrollar las canciones del próximo disco», advierte.