Juan Manuel de Prada, fotografiado en un hotel de la Gran Vía madrileña
Juan Manuel de Prada, fotografiado en un hotel de la Gran Vía madrileña - MAYA BALANYÁ

Juan Manuel de Prada: «Para ser escritor de mérito tienes que ser un lacayo del régimen establecido»

El autor ajusta cuentas consigo mismo y con el mundo editorial en su nueva novela, «Mirlo blanco, cisne negro»

MadridActualizado:

En este caso, cualquier parecido entre la ficción y la realidad no es fruto de la casualidad, sino de la causalidad. Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970) se ha valido de toda la experiencia acumulada desde que empezara a publicar, mediada la década de los 90, para construir un retrato, duro y satírico, del mundo editorial en «Mirlo blanco, cisne negro» (Espasa). La novela, que hoy llega a las librerías y esta tarde será presentada en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid, tiene mucho de confesional, sí, pero también escarba en los pecados capitales que todo escritor se aventurará a cometer a lo largo de su carrera.

En el libro dice dice que «las novelas ya no pueden competir con la vida en estos tiempos tan turbulentos». Viendo lo sucedido en las últimas semanas con el PSOE y el estancamiento político que vivimos, se comprende esa frase. El esperpento se queda corto; nuestros políticos han inventado un nuevo género literario.

Todos los estrépitos que te provoca la realidad no son historias novelescas, porque no son historias humanas. En el fondo, todo ese estrépito es algo deshumanizado, en donde la disputa por el poder se produce entre lacayos que sirven a otros poderes que están por encima de ellos. Por referirnos a la facción o negociado de izquierdas, que ahora ha tenido esta crisis: la dura realidad es que el PSOE ha sido siempre un lacayo de un poder plutocrático, al que han obedecido siempre de forma rigurosa; desde los pactos de la Moncloa, contribuyendo a la destrucción de las garantías laborables del trabajador; luego realizaron la reconversión industrial y destruyeron la agricultura; redujeron a fosfatina la industria naval y siderúrgica; y así sucesivamente, hasta llegar a la reforma del artículo 135 de la Constitución. Entonces, claro, que estos pájaros, estos cipayos de la plutocracia se nos vendan como los defensores de los trabajadores es un chiste que solamente gente cretinizada puede aceptar. Solamente gente en quien puede más la reacción pavloviana de ver un puño y una rosa, o de ver en unas siglas la palabra socialista y obrero, puede pensar que estos señores están defendiendo sus necesidades y sus aspiraciones.

Bueno, teniendo en cuenta que en nuestra última charla me dijo que la mitad de los españoles no tenía a quién votar…

Y no lo tiene, pero tampoco tiene unos artistas, o unos pensadores, o unos escritores que le represente. Ya basta de condenar a la clase política. Cuando la gente se refiere a esta mafia de la que he hablado, lo simplifica diciendo que es una mafia de izquierdas y que el artista que no es de izquierdas no tiene entrada. Esto no es del todo falso. Izquierdas y derechas son aceptadas mientras sean sistémicas. Esta mafia acepta a escritores de derechas, ahí tiene a Vargas Llosa, pero siempre y cuando ese derechismo acepte los paradigmas culturales del sistema. Muchos de esos presuntos intelectuales de izquierdas con los años se han ido haciendo de derechas; los grandes escritores consagrados por esta mafia eran señores que de jóvenes hacían mucho aspaviento izquierdista y que ahora se han convertido en unos buenos burgueses que defienden los intereses de su clase social. Pero el auténtico intelectual de izquierdas, el pensador radical, el que se enfrenta a las convenciones establecidas, tampoco es admitido. Es algo mucho más profundo. Es que en realidad se ha generado, en términos políticos, pero también culturales, un ecosistema, unas oligarquías, que se protegen mutuamente y expulsan a las tinieblas exteriores a quien no acepte compartir sus códigos de reparto de poder. Y, efectivamente, han dejado fuera a la mitad de la población española. Por eso yo, a pesar de ser un maldito, todavía tengo a gente que cree en mí y compra mis libros, milagrosamente.