Secuencia de la asfixiante «Mulholland Drive» (2001), de David Lynch
Secuencia de la asfixiante «Mulholland Drive» (2001), de David Lynch
LIBROS

«Los tesoros de la cripta», maravillas cinematográficas

Este ensayo reúne los artículos que Juan Manuel de Prada publicó en las páginas de ABC Cultural sobre el cine y sus «vicios»

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Admiro la escritura de Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970) desde que los dinosaurios poblaban la tierra, cuando él firmaba con sus dos apellidos y publicaba su libro «Coños» en sucesivas entregas artesanales con sabor a aquellos folletos multicopiados que pululaban en el tardofranquismo. Hablo de los finales años 80 del siglo pasado, cuando aún no había llegado a la veintena. Cualquier cosa que surja de la pluma de Prada tendrá en mí un lector atento. Muchas veces hemos jugado a que yo prefería el Renacimiento y él, el Barroco, y que eso se notaba en nuestros respectivos estilos, pero me da la impresión de que, pasados los años -y le llevo veinte- aquellas preferencias del pasado se van desdibujando en aras de lo único importante: disfrutar con la lectura de un texto literario, sea cual sea la corriente a la que se adscriba. Y yo disfruto como un «hobbit» con la escritura de Prada.

Seguí fielmente la sección que da título a este libro, «Los tesoros de la cripta», en las páginas finales de ABC Cultural, sumergiéndome en sus párrafos con la misma delectación con que Esther Williams se sumergía en la piscina de «Escuela de sirenas». Y la alusión al cine no viene mal si se trata de glosar el contenido del libro que nos ocupa, pues en él se dan cita algunas de las películas más asombrosas -o como dice el mismo Prada, «más desconcertantes, inesperadas o sublimes»- del cine universal. Ni una sola de esas películas, pertenecientes todas ellas al Olimpo de la rareza y al Walhalla de lo prohibido (desde el punto de vista, siempre tedioso, del prestigio y del éxito entre los estudiosos del séptimo arte). Eso no quiere decir que no haya películas en la cripta de Prada que, como «Intolerancia», «Nosferatu», «La noche del cazador», «El ángel exterminador» o «Mulholland Drive», pertenezcan por derecho propio a la serie A de la cinematografía aceptada y hasta incluida en las listas de los críticos académicos más exigentes.

De cada cinta, nos cuenta con inimitable desparpajo un sinfín de variadas anécdotas

Pero incluso esos títulos, barajados por la mano de ese ilusionista de la palabra que es Juan Manuel, se convierten en filmes «raros y escurridizos como un armiño», a la vez que excéntricos y malditos. Y es esa excentricidad y ese malditismo lo que los hace irresistibles y estremecedoramente divertidos para quienes, como yo, gustamos de descender a la misma cripta que Juan Manuel en busca de emociones fílmicas que tengan ese punto «kitsch», friqui o alternativo que buscamos siempre en el cine o en la literatura.

Obsesiones

Además de brindarnos la posibilidad de recorrer los pasadizos subterráneos de sus obsesiones cinematográficas -que son las nuestras en el noventa y nueve por ciento de los casos- y de incitarnos a encontrar por ahí, en el mercado del DVD o en Internet, las películas reseñadas que aún no habíamos visto, Prada nos cuenta con inimitable desparpajo las líneas argumentales de cada cinta y un sinfín de variadas anécdotas sobre su director, sus protagonistas y sobre cualquier cosa que se le ocurra en relación con cada una de ellas. El gusto de Juan Manuel por las películas de serie B, y hasta de serie Z, acrecienta el placer del lector, pues hay veces -muchísimas- en que la bisutería de lo marginal supera en sofisticación e interés a la joyería más pomposa y correcta desde el punto de vista político. No se pierdan ustedes la oportunidad de bajar a la cripta con Prada. Ya solo el fotograma de «The Sign of the Cross», de Cecil B. DeMille, que ilustra la cubierta, anuncia fiesta y regocijo.