ARTE

A más y mejor

Quédense con estos nombres: Belén (Rodríguez) en galería Bacelos, Elena Bajo (García Galería), Clara Montoya (Slowtrack) y Elena Alonso (Espacio Valverde). Nos lo agradecerán

Una de las piezas de Elena Alonso en «Canto Blando» (Espacio Valverde)
Una de las piezas de Elena Alonso en «Canto Blando» (Espacio Valverde)

Quien decidiera la semana pasada hacer una prospección entre las propuestas de Apertura, pudo sacar un par de conclusiones a vuelapluma: la primera era la evidente invasión de lo pictórico, con manifestaciones de lo más convencional hasta otras que amplían el horizonte de la técnica. La segunda, el marcado protagonismo de las mujeres, a las que generalmente les cuesta más hacerse visibles en cualquier ámbito.

Por eso, de todos los nombres lanzados por las galerías madrileñas nos quedamos con cuatro. Los de cuatro mujeres que elegimos, sin duda, por la calidad de sus trabajos, pero también por pertenecer a las generaciones más jóvenes, lo que a priori debería implicar carreras fecundas a medio plazo.

Sin prejuicios

La primera de ellas es también la benjamina. Y, aunque queda claro en la que es su primera individual en la galería, que aún le quedan asuntos por resolver, su apuesta destaca por su frescura y su ausencia de prejuicios a la hora de entender lo pictórico. Se trata de Belén (sin apellido, aunque en realidad lo tiene –Rodríguez–, que utiliza con ironía para titular la muestra). Partamos de la base de que esta creadora, nacida en Valladolid en 1981, se considera escultora, de manera que las suyas son «telas» en el sentido literal del término; esto es: coberturas para los bastidores, que en ocasiones adquieren formas más convencionales y otras recurren a fórmulas más instalativas. En Bacelos, las referencias naturales son evidentes (frutas, cielos...), mientras algunos trazos se generan aleatoriamente, bien porque son los que se produce al decolorar los tejidos empleando disolventes, bien porque son el resultado de recolectar superficies sobre las que ya trabajó la pintura, que, estiradas, se transforman en «lienzos».

A pocos metros de esta muestra, la de Elena Bajo (Madrid, 1976), en García Galería, con marcado contenido ecológico, más floja en su versión videográfica («The Land is a Mirror of the Stars»), pero brutal en sus ¿pinturas? Porque lo que esta artista propone son estructuras perfectas –cuadros, cubos– de materiales poco nobles y contaminantes (plásticos, polietilenos) que agrietan sus límites y los superan para mostrar la crudeza de su naturaleza yreforzar así el contraste entre lo natural y lo artificial. Con «Throwing Car Parts from a Cliff before Sunrise» cierra una trilogía que denuncia el impacto en el medioambiente de las políticas capitalistas desaforadas. De hecho, fue la noticia de la muerte de una ballena, provocada por un bloqueo intestinal por consumir residuos vertidos al mar, la que prendió su imaginación.

El resto de la serie que Clara Montoya presenta en Slowtrack se verá en febrero en la Academia de San Fernando

A la espera de su comparecencia en Abierto x Obras, donde nos prometen que llegará menos contenida, el «Canto blando» de Elena Alonso (Madrid, 1981) en Espacio Valverde es de una sutileza que abruma. De hecho, cuenta su galerista que todas las piezas entraban en dos pequeñas cajas. Una exposición de dibujo en la que el dibujo se libera del papel como soporte y en el que la línea hay que buscarla en las formas que generan una chimenea en una de las paredes, o en las incrustaciones realizadas en el yeso, la marquetería o en la masa que se genera al compactar el polvo del taller.

Acabamos con la propuesta más redonda. La de Clara Montoya (Madrid, 1974) en Slowtrack. «Tanto» lleva por nombre, y tanto aporta; una cata en su residencia en la Real Academia de España en Roma. Y Roma es la excusa para hablar del pasado como tiempo que se reconstruye en el presente, un discurso que se formaliza acudiendo a la ciencia, a la ecología, a la poesía, a la música... El óculo del Panteón de Agripa se convierte en pantalla en la que el movimiento de las estrellas genera una partitura; en las tres vitrinas de «Metamorfosis», tres bloques de mármol son sometidos a la acción corrosiva de ácidos, pero sus «desechos» dan pie a otras «esculturas»; las canteras de Carrara son registradas en vídeo en su condición de gran instalación escultórica en constante mutación; y pequeñas esculturas se basan en la técnica japonesa del «kintsugi» que repara lo roto y valora la cicatriz... El resto de la serie se verá en febrero en la Academia de San Fernando. Ya tarda.

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