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El antiamericanismo, un vicio históricamente español

La investigadora y profesora de la Universidad de Valladolid Coral Morera Hernández (Madrid, 1969) estudia ese sentimiento de rechazo hacia Washington en «Entre la admiración y el rencor: Estados Unidos y la prensa española ante el final de la Guerra Fría»

El secretario general del PCUS, Mijail Gorbachov, junto a Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos
El secretario general del PCUS, Mijail Gorbachov, junto a Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos - MIKE SARGENT

Las anécdotas no definen una sociedad, pero sí pueden iluminar sus rasgos. En el caso de la española, el gusto por el antiamericanismo posee una particular: según cuentan, durante un almuerzo oficial una mujer estadounidense reprochó a Agustín de Foxá, el escritor y también diplomático franquista, la desidia patria contra su país: «Ustedes critican mucho a los norteamericanos, pero no tienen inconveniente en recibir los dólares de su ayuda», espetó la dama. Foxá, célebre deslenguado, contestó sin remilgos: «Señora, también nos gusta el jamón, y no por ello nos da por convivir con los cerdos».

La pérdida de las últimas colonias con la Guerra de Cuba de 1898 o el establecimiento de las bases militares estadounidenses tras los acuerdos bilaterales de 1953 marcaron dos hitos para el sentimiento antiamericano en España. Las acciones bélicas emprendidas por Washington durante la pasada década —en Afganistán en octubre de 2001 y en Irak en marzo de 2003— resucitaron esa vieja fobia, un rechazo de origen discutido, nada monolítico e ideológicamente transversal. La aparición de ensayos como «El antiamericanismo español» (Alessandro Seregni, 2007) o «El enemigo yanqui: las raíces conservadoras del antiamericanismo español» (Daniel Fernández, 2012) probaron la inquietud científica por encontrar sus causas. En 2014, la Real Academia Española incluyó el término en el diccionario. Este año, la publicación de «Entre la admiración y el rencor: Estados Unidos y la prensa española ante el final de la Guerra Fría» (Biblioteca Benjamin Franklin, 2016), de la investigadora Coral Morera Hernández (Madrid, 1969), ha analizado el impacto de este fenómeno en los medios de comunicación escritos.

«El recorrido de la prensa de aquellos años es fascinante, con sus quiebros argumentales y con sus incoherencias», explica Morera Hernández a ABC. Para estudiarlo, esta profesora de la Universidad de Valladolid ha ceñido sus pesquisas sobre la cobertura de Estados Unidos a un periodo de dos décadas —desde la Cumbre de Viena de junio de 1979 hasta las elecciones presidenciales estadounidenses de 1992— y a los tres grandes periódicos españoles de entonces: El País, La Vanguardia y ABC. Una decisión tomada desde un doble punto de vista: a nivel nacional, por el asentamiento definitivo de la libertad de prensa en España gracias a la Constitución de 1978; e internacional, por el paso del mandato demócrata de Jimmy Carter Jr. al del republicano Ronald Reagan, instigador involuntario de esta investigación.

Reagan, un «cerebro perezoso»

Entre el 6 y el 8 de mayo de 1985, el presidente Reagan realizó una visita de Estado a España. Morera Hernández recuerda el «comité de bienvenida», más bien frío, que acogió su llegada: «Se violaron todos los protocolos informativos. El que era vicepresidente del Gobierno [Alfonso Guerra, PSOE] se marchó de viaje a Hungría, el alcalde de Madrid [Enrique Tierno Galván, PSOE] no lo recibió en el aeropuerto, y no se permitió que hablara en el Congreso de los Diputados», señala. La investigadora, que reivindica el legado del mandatario republicano por su papel clave en el final de la Guerra Fría —«cuando accedió a la presidencia, los soviéticos estaban en pleno apogeo (...) [pero logró] obligar a negociar a la URSS desde la fuerza relanzando la carrera armamentística»—, ha documentado con detalle las críticas que recibió en las páginas de algunos periódicos: «Su bagaje intelectual es muy reducido: 'No es tonto, pero tiene un cerebro perezoso', dijo de Reagan uno de sus compañeros», afirmaba El País en noviembre de 1980.

El presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, junto al presidente del Gobierno, Felipe González, en el Palacio de la Moncloa el 7 de mayo de 1985
El presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, junto al presidente del Gobierno, Felipe González, en el Palacio de la Moncloa el 7 de mayo de 1985- ABC

«Reagan ha sido el presidente más criticado en la historia de Estados Unidos, pero salió airoso, se efrentó a la prensa y lo hizo con bastante inteligencia. Esas caricaturas de que era mediocre intelectualmente eran propaganda», lamenta Morera Hernández. Lo cierto es que los últimos años de su presidencia estuvieron plagados de polémicas —como la financiación a la «Contra» nicaragüense, una guerrilla antirrevolucionaria, o el «Irangate», la venta ilegal de armas al Irán del Ayatollah Jomeini—, pero los especialistas han consensuado que su gestión dejó una herencia decisiva. «El triunfo electoral del republicano Ronald Reagan, con un antisovietismo militante y el objetivo de reafirmar, nuevamente, el liderazgo internacional de Estados Unidos, precipita el camino hacia una dura confrontación, que para algunos autores significó el inicio de una 'Segunda Guerra Fría'», afirma el historiador Juan Carlos Pereira.

Junto a la mano dura del dirigente estadounidense, un cambio determinante al otro lado del telón de acero precipitó los acontecimientos: en marzo de 1985, Mijail Gorbachov fue elegido secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética. El impulsor de la «Perestroika» (reestructuración) y la «Glasnost» (transparencia), iniciativas para democratizar al gigante comunista, levantó las suspicacias de algunos periódicos. «Es curiosa la actitud de los diarios frente a Gorbachov, porque no quisieron reconocer sus méritos. En la Conferencia de Paz de Madrid, el periódico más antisoviético, como era ABC, lo defendió, reconociendo su labor. Sin embargo, La Vanguardia y El País no lo hicieron». La caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 y la definitiva desaparición de la Unión Soviética en diciembre de 1991 hallanaron el camino para un nuevo paradigma: «La Guerra Fría condicionó el discurso de la prensa», explica la investigadora. Su final, que propició un tono más amable en los periódicos hacia los Estados Unidos, no influyó igualmente en todos los ámbitos.

«Menos prejuicios»

«El antiamericanismo es un asidero que parte de los políticos españoles utilizan para movilizar a la opinión pública», considera Morera Hernández. En el desfile del 12 de Octubre de 2003, el entonces líder de la oposición, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, tomó la polémica decisión de no levantarse ante el paso de la bandera estadounidense, para así denunciar la política exterior de Washington en Oriente Medio. «Según los datos extraídos del Real Instituto Elcano y el Pew Research Center (2007), un 60 por ciento de los españoles tienen una opinión negativa y un nivel de cercanía muy bajo con los EE.UU.», recuerda la introducción de «Entre la admiración y el rencor». La investigadora, que rechaza la permanencia de este sentimiento, aconseja simplemente: «Hay que profundizar en la realidad del país, tener menos prejuicios y tratar de observar más su realidad».

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