Juan Manuel de Prada - Raros como yo

Alguien a quien conocí

María Luz Morales fue la primera mujer en dirigir un diario español –«La Vanguardia»– en plena Guerra Civil

Juan Manuel de Prada
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Pocos personajes han sido tan profusamente rebozaditos de mistificaciones interesadas como el de la polígrafa María Luz Morales (1889-1980), coruñesa de nacimiento y catalana de adopción. Tras quedarse a una edad muy temprana huérfana de padre, Morales tendrá que darse prisa en concluir sus estudios de Filosofía y Pedagogía, para ganarse el sustento con la pluma. Traductora al castellano a Eliot y Barrie, de Victor Català y Pere Quart, deVicki Baum y André Maurois, fue también una de las más activas adaptadoras de la editorial Araluce, que puso al alcance de la infancia, en ediciones primorosas, las obras maestras de la literatura universal.

Pero María Luz Morales fue, sobre todo, la gran pionera del periodismo catalán, siempre perspicaz e increíblemente laboriosa. En 1921 consigue por concurso oposición («o tempora, o mores!») el puesto de directora de la revista femenina «El Hogar y la Moda». En 1923 empieza a publicar cada sábado en «La Vanguardia» una página de «Vida cinematográfica», con el seudónimo de Felipe Centeno (como el personaje de Galdós), según era costumbre en la prensa de la época, para que los cronistas cinematográficos no fuesen sobornados por las distribuidoras. De su inabarcable erudición cinéfila rendirá testimonio su obra en tres volúmenes «El Cine: historia ilustrada del séptimo arte» (1950).

Romance y románticas

En 1926 la contrata también «El Sol», donde se encarga de la sección «La mujer, el niño y el hogar». Poco a poco, sus intereses se amplían: se estrena como crítica literaria y teatral, promueve el sufragio femenino y funda la Residencia de Señoritas Estudiantes, sita en el palacio de Pedralbes, a imagen y semejanza de la que María de Maeztu dirige en Madrid. Allí entablará amistad con la chilena Gabriela Mistral; y alcanzará gran intimidad con Elisabeth Mulder, con quien escribe una comedia, «Romance de media noche», que se estrena en el teatro Arriaga de Bilbao. Antes, entregará a la imprenta libros divulgativos como «Las románticas» (1930), donde analiza con extraordinaria agudeza el papel literario y social representado por la mujer durante el Romanticismo. También se encargará de la novelización de obras de los hermanos Álvarez Quintero, entre otras «Pipiola» y «Los galeotes». Era, desde luego, una trabajadora inagotable.

Cuando estalle la Guerra Civil, el director de La Vanguardia, Agustí Calvet (Gaziel) pone pies en polvorosa de forma poco gallarda y el periódico es incautado por la Generalitat. Un comité obrero nombra entonces directora a María Luz Morales, convirtiéndola en la primera mujer que alcanza esta dignidad en España. Aunque en apenas seis meses es sustituida por falta de ardor sectario, en 1940 María Luz Morales será inhabilitada e internada durante cuarenta días en una cárcel para mujeres. Durante algún tiempo, además, le fue prohibido ejercer la profesión periodística con su firma; aunque, desde luego, su rehabilitación no se produjo en 1978, como afirman algunos embusteros. Ya en los tempranos años cuarenta publica varios libros con su nombre, como el ensayo «Tres historias de amor en la Revolución Francesa» (1942) o la novela rosa «Amor en el camino» (1944). Y en 1948 la tenemos inscrita otra vez en el Registro Oficial de Periodistas y colaborando a todo trapo en el «Diario de Barcelona», con artículos literarios, crónicas teatrales y reportajes de moda.

Niegan su imagen de periodista «depurada» tras la Guerra Civil los premios que obtuvo durante los años 60 y 70

Durante la década de los cincuenta escribe para Salvat los últimos tres tomos de la «Enciclopedia de la moda»; y publica una deliciosa novelita para niños, «Rosalinda en la ventana» (1954). Su obra más cuajada será, sin embargo, «Historias del décimo círculo» (1962), un libro de cuentos ambientados en la Guerra Civil: en «Hablaron las estrellas» se nos presenta a un sacerdote perseguido por cinco milicianos a los que logra cautivar con sus conocimientos de astronomía; en «Navidad en retaguardia» una madre se desvive para conseguir un pedazo de turrón a su hija; en «El negro comprado», una prestigiosa periodista barcelonesa aprovecha su posición para ayudar a varios amigos amenazados por los republicanos. Tramas, en fin, que no parecen concordar con la imagen fantaseada que algunos truhanes han construido de la autora. Tampoco parece muy acorde con su imagen de periodista «depurada» el Premio Nacional de Teatro que consigue en 1963 por sus crónicas en el «Diario de Barcelona»; ni el lazo de dama de la Orden de Isabel la Católica que se le concede en 1971; ni el premio Ciudad de Barcelona que se le otorga al año siguiente.

En 1973 publica su última obra importante, «Alguien a quien conocí», que incluye suculentas semblanzas de María Curie, Keyserling, Gabriela Mistral, Valéry, Víctor Catalá, Malraux y García Lorca. A ella seguimos sin conocerla verazmente por culpa de sus tergiversadores. En una entrevista concedida a «La Vanguardia» en 1972 afirmará sin rebozo: «A mí el concepto “feminista” nunca me ha gustado ni convencido. Creo que hombres y mujeres, como seres humanos, tienen derecho a trabajar en aquello para lo que se sientan dotados. Pero los “ismos”, ¡ni hablar! Ni feminismo ni masculinismo. Hombres y mujeres, personas, como Dios nos ha hecho». María Luz Morales moriría en 1980, soltera y sin hijos, como Dios la había hecho, preservando celosamente los pormenores de su vida sentimental.

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