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Cultura - Arte

Repóquer de ases con nombre de mujer en el Prado

Las cinco mejores pintoras con obra en las colecciones de la pinacoteca son Artemisia Gentileschi, Sofonisba Anguissola, Clara Peeters, Angelica Kauffmann y Louise-Elisabeth Vigée-Lebrun. Estas son sus vidas

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Artemisia Gentileschi (Roma, 1593-Nápoles, 1652-53)

Autorretrato como alegoría de la pintura, de Artemisia Gentileschi (fragmento)- ROYAL COLLECTION, HAMPTON COURT PALACE, LONDRES

Hija del pintor Orazio Gentileschi, está considerada una de las mejores artistas de toda la historia. Aunque su brillante producción, caracterizada por escenas de gran dramatismo y claroscuros, se vio ensombrecida por un asunto que supuso un escándalo en la época: la bella joven fue violada a los 18 años por su maestro y colaborador de su padre, Agostino Tassi, llamado Il Smargiasso (El Fanfarrón), que previamente la había seducido prometiéndole casarse con ella, cuando en realidad ya tenía esposa. Su padre tardó un año en denunciarlo, quizás más motivado por el robo de unos cuadros de su taller y un asunto turbio de préstamo de dinero que por la propia violación de su hija. Este año Cátedra ha publicado por vez primera en español las cartas de la artista, precedidas de las actas del proceso por estupro, que se celebró en 1612. Hay quien ha visto en la excesiva brutalidad de algunos de sus cuadros, como «Judith degollando a Holofernes», la forma de vengarse de su violador, del abuso sufrido. Relató en el proceso que, cuando pudo librarse de su violador, cogió un cuchillo con la intención de matarlo por haberla «infamado». Llamaba la atención que una mujer fuese la autora de un lienzo tan violento. Todo ello la ha convertido en una heroína caravaggesca, como las protagonistas de sus cuadros, tomada como bandera por las feministas. El Prado solo atesora un cuadro de la artista:«Nacimiento de San Juan Bautista».

Sofonisba Anguissola (Cremona, h. 1530-Palermo, 1626)

Autorretrato de Sofonisba Anguissola (fragmento)- MUSEO LANCUT, POLONIA

Esta longeva pintora italiana vivió 96 años, algo insólito en aquella época. Procedente de una familia noble, estudió pintura, al igual que sus cinco hermanas. Ella fue la que tuvo más talento, aunque también destacó Lucía. Sofonisba contó, entre sus maestros, con Bernardino Campi y Bernardino Gatti. Se especializó en el género del retrato, siendo numerosos sus autorretratos. Gracias al duque de Alba, al que había retratado, en 1559 fue invitada a la Corte de Felipe II como dama de compañía de la Reina Isabel de Valois. Se casó dos veces: primero con Fabrizio de Moncada, hermano del virrey de Sicilia. Tras la muerte de éste, se casó con un noble genovés, Orazio Lomellino. Vasari escribió grandes elogios sobre su trabajo. El Prado atesora tres obras suyas: los retratos de Felipe II (durante años estuvo atribuido a Pantoja de la Cruz), Ana de Austria e Isabel de Valois. Este último sin confirmar del todo su autoría.

Clara Peeters (¿Amberes? h. 1594-h. 1659)

Autorretrato doble de Clara Peeters en el reflejo de una copa que aparece en su obra «Mesa»- MUSEO DEL PRADO

«Conocemos muy poco de su biografía, explica Alejandro Vergara, comisario de la exposición. No sabemos quién era, ni dónde ni cuándo nació, ni siquiera si es hija del pintor Jan Peeters. Tan solo que desarrolló su actividad en Amberes y que su primera obra fechada es de 1607. Seguro que era flamenca y no holandesa. Pero no sabemos nada más». No conocemos su rostro, pero en sus cuadros hay diminutos autorretratos reflejados en objetos que pinta en cuadros como «Mesa», uno de los cuatro de la artista que atesora el Prado. «Llegó a autorretratarse hasta siete veces en dos cuadros», una forma de reafirmarse. Solo pintó bodegones. «Las mujeres no podían acudir a las academias del desnudo, que era donde se formaban los pintores. No estaba bien visto que una chica joven se mudase a vivir a casa del maestro un par de años, que era lo habitual para aprender a ser pintor», dice Vergara. Advierte el comisario «un aire muy elegante en sus obras; las pinta en unos tonos marrones oscuros y parecen irradiar luz a través del color». También las ve misteriosas: «Por un lado, no sabemos quién es ella. Por otro, lo que pinta. ¿Por qué junta en una mesa esas cosas?» Para Vergara, es una de las mejores bodegonistas del XVII (incluyendo hombres y mujeres) en toda Europa y un nombre importante en el Prado».

Angelica Kauffmann (Coire, Suiza, 1741-Roma, 1807)

Autorretrato de Angelica Kauffmann (fragmento)- MUSEO ERMITAGE, SAN PETERSBURGO

Hija del pintor Joseph Johann Kauffmann, consumado retratista, fue una artista muy talentosa y precoz. Cuentan que ya a los 15 años Angelica Kauffmann pintaba retratos para nobles y altos cargos de la Iglesia. Se trasladó a Italia: Florencia, Roma -donde fue nombrada miembro de la Academia de San Lucas- y Venecia. Más adelante viajó a Londres, donde fundó, junto a colegas y amigos como Sir Joshua Reynolds -se retrataron mutuamente-, la Royal Academy of Arts. Al igual que otras pintoras, no tuvo fortuna en el amor: fue engañada por un noble sueco, el conde de Horn, con quien se casó y que resultó ser un impostor. No era conde y ya estaba casado. Tras anular el matrimonio, Kauffmann se casó con el también pintor Antonio Zucchi. Amiga de Goethe, pintó sobre todo cuadros de historia y retratos alegóricos.

Louise-Elisabeth Vigée-Lebrun (París, 1755-1842)

Autorretrato de Louise-Elisabeth Vigée-Lebrun (fragmento)- NATIONAL GALLERY DE LONDRES

Hija del pintor Louis Vigée (murió cuando ella tenía 12 años), fue una de las artistas más célebres del siglo XVIII y miembro de las principales academias artísticas de la época. Casada con el marchante de arte Jean-Baptiste Lebrun, la pintora francesa se movió como pez en el agua en la Corte. En 1779 pintó del natural en Versalles un retrato de una idealizada María Antonieta con una rosa en la mano. Fue la retratista favorita de París hasta que estalló la Revolución en 1789. Huyó con su hija primero a Italia y después viajó por las Cortes europeas:Viena, Dresde, San Petersburgo... Retrató al Príncipe de Gales, a Lord Byron... Publicó sus memorias poco antes de su muerte. El Prado atesora dos de sus obras:«María Carolina, esposa de Fernando IV de Nápoles» y «La princesa María Cristina Teresa de Borbón».

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