Cultura - Arte

Norman Foster: «Este proyecto, basado en el respeto a la Historia, ha sido un gran desafío»

El arquitecto británico, junto con el español Carlos Rubio, ampliará el Museo del Prado con el Salón de Reinos

El arquitecto británico Norman Foster
El arquitecto británico Norman Foster - AFP

Un proyecto de continuidad, apoyado en conocimiento y experiencia, pero también de indagación en estrategias y soluciones de accesibilidad y relaciones entre edificio y espacio público. En estos términos puede interpretarse, en conversación con Norman Foster, el proyecto de rehabilitación del Salón de Reinos firmado por el equipo compuesto por su estudio y el del arquitecto Carlos Rubio, y que ha sido escogido ganador del concurso que el Museo del Prado convocó el pasado mes de febrero.

El concurso para la rehabilitación del Salón de Reinos supone un momento significativo en la arquitectura reciente, ya que puede decirse que es el primer gran concurso para un edificio público que se convoca desde el inicio de la crisis económica. Ante esta circunstancia, ¿qué significa para usted haber ganado este concurso?

—Coincido totalmente con usted sobre la importancia de este concurso. Hay un solo Museo del Prado. Es una institución extraordinaria, muchas naciones importantes carecen de una institución que ni remotamente se le pueda comparar. Creo que esta ha sido una de las convocatorias más importantes que ha habido en mucho tiempo. Así que, en efecto, hace cambiar muchas cosas. A su propio modo, ha sido un concurso que planteaba un gran desafío.

Su presentación del proyecto sintetiza con suma claridad las intervenciones a efectuar para el tratamiento del edificio y las relaciones con el entorno urbano que este establecerá.

—Nuestro punto de partida ha sido un concepto desdoblado: de una parte, el edificio en sí; y por el otro, su posición, su vinculación con la ciudad y su conexión con el resto del complejo que integra el Prado, una suerte de posición urbana crucial. Estábamos trabajando el interior del edificio y, simultáneamente, tratando de ver cómo establecer la conexión entre la ciudad, el emplazamiento y el edificio en sí mismo.

Considerando esta vinculación que su propuesta planteaba con el entorno dado, ¿ha estado presente de alguna manera en su concepción de este proyecto la intervención realizada por Rafael Moneo?

—Hemos sido muy conscientes de la intervención de Moneo, tratando de hallar algo que pudiera complementarla, reforzar las conexiones entre ese proyecto y los otros edificios que componen el Prado, el área, la colectividad… cómo tejer todo ello para unirlo en una totalidad, y que dicha totalidad poseyera más fuerza a través de los propios elementos individuales. Sí, ha sido una importante influencia en lo que hemos llevado a cabo.

Su vinculación con España es ciertamente fuerte.

—Mi esposa es española, mis hijos están absolutamente inmersos en la cultura de este país: la viven, la respiran. Tengo una casa aquí, mi fundación está aquí. Y mi vinculación con España ha dado lugar también a mi colaboración con Carlos Rubio, y el trabajo que hemos desarrollado juntos ha resultado en este extraordinario proyecto.

¿Cómo se ha desarrollado esta colaboración con Carlos Rubio? ¿Qué destaca como aportación fundamental de Rubio a este proyecto?

—Carlos posee un enorme conocimiento sobre la historia de la ciudad, de sus edificios y su arquitectura, que aporta un importante bagaje de conocimiento teórico. Pero creo que, en cualquier colaboración, lo mejor es no señalar quién ha aportado qué. En las mejores colaboraciones se renuncia a favor de la mejor solución. Hemos funcionado como un verdadero equipo. Carlos es un hombre de gran talento, además de un buen amigo, y trabajamos muy bien juntos.

¿Le ha brindado este concurso la oportunidad de investigar nuevos rumbos o conceptos dentro de su trabajo?

—Tengo la suerte de contar con un equipo de arquitectos jóvenes y entusiastas y de poder combinar esto con un buen nivel de competencia en ingeniería dentro del estudio. Hemos desarrollado numerosos proyectos con edificios patrimoniales en diferentes países, y creo que prefiero hablar más de un cuerpo de conocimiento y experiencia que de un volumen de proyectos. Destacaría como principal el modo en que tratamos de recuperar a fin de redescubrir los puntos originales de un edificio al que se han ido añadiendo diferentes capas a lo largo del tiempo; pero creo que nunca hemos llevado a cabo esta tarea de una manera tan literal como en este proyecto, buscando retornar a la raíz original del Salón de Reinos y recuperar la fachada del siglo XVII, así como los niveles. Recuperar esos niveles originales nos ha ayudado a crear un diseño de espacio cívico, genera un lugar de encuentro y reunión para los viandantes y lograr hacer del edificio una entidad verdaderamente permeable. Todo el mundo puede entrar en él, recorrerlo, sentarse en la terraza de la cafetería… sin que sea obligatorio implicarse en la experiencia del museo. Por supuesto, puede alentarles a entrar en él porque es un espacio público acogedor, así que quizá se sientan animados a recorrer el espacio del museo, pero no es indispensable que lo hagan.

¿Buscaba deliberadamente proponer este tipo de relación entre individuos y cultura, que parece definir como más fluida y menos jerárquica?

—En este proyecto llevamos más al límite que en cualquier otro anterior este aspecto. Creo que marca una diferencia importante. Anteriormente no hemos podido plantear esto en edificios que, principal y esencialmente, eran un museo o una galería de arte. Pero aquí hemos explorado más a fondo cómo hacer accesible estos espacios, como crear una especie de atajo entre una parte del edificio y la otra, cómo hacer un edificio verdaderamente atrayente como experiencia pública.

¿Puede ser esta forma de aproximación a la rehabilitación una de las posibles estrategias para ensayar el crecimiento y desarrollo de los espacios públicos y sociales en Europa? ¿Europa precisa hoy más de rehabilitación y resignificación de sus estructuras que de nuevas construcciones?

—A corto plazo, sí. Reciclar supone la oportunidad de otorgar nueva vida a un edificio ya existente. Es la estrategia más absolutamente sostenible. El diseño de este proyecto está basado en el respeto a la Historia. Sinceramente espero que este edificio sea tanto el mejor de los antiguos como el mejor de los nuevos.

¿Identifica algún aspecto que relacione este proyecto con los que realizó para el British Museum y el Reichstag?

—Sí y no. Sería difícil concebir estos edificios en otro lugar que no fuese las ciudades donde se encuentran, del mismo modo que el Prado solo puede estar en Madrid. Como arquitecto, uno está aprendiendo sin cesar, consciente o inconscientemente. No obstante, dicho esto, encaramos este proyecto como ante una hoja en blanco, decididos a finalizarlo convencidos de que sería un proyecto único y especial para Madrid.

A partir del día 1 de diciembre se expondrá en el Museo del Prado la propuesta ganadora de Foster + Partners y Rubio Arquitectura junto con las finalistas. ¿Conoce las otras propuestas que han participado en el concurso?

—Tengo impaciencia por ver cómo los otros estudios han abordado el proyecto. Pero ¿sabe...? Visité como turista el Salón de Reinos, en su anterior encarnación como Museo del Ejército.

¿Cuándo visitó España por primera vez?

—Si no recuerdo mal, fue a comienzos de los años 70.

¿Guarda un marcado recuerdo de aquella visita al Salón de Reinos?

—Sí, la recordé por mucho tiempo. Y resulta curioso haberme encontrado trabajando en él como arquitecto tantos años después.

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