El cuadro «Niña Muerta» de Ángeles Santos, una de las obras que forman parte de la nueva exposición temporal del Museo Picasso de Málaga «Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo»
El cuadro «Niña Muerta» de Ángeles Santos, una de las obras que forman parte de la nueva exposición temporal del Museo Picasso de Málaga «Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo» - EFE

Dieciocho mujeres reivindican su papel en el surrealismo

El Museo Picasso de Málaga narra, a través de 124 obras, la revolución de estas artistas

MálagaActualizado:

Fueron la denuncia expresa de lo establecido. Rompieron la férrea convencionalidad. Una revolución. Son las protagonistas de «Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo» en el Museo Picasso de Málaga. No quisieron ser musas, sino protagonistas de un lienzo abierto a la crítica y al derecho a ser igual a los hombres. Es la historia de 18 artistas que se negaron a ser la mujer niña de André Breton, la musa o la que se ocultaba tras el seudónimo en una obra maestra.

Tras tres años de montaje, por primera vez en España se muestra a «un grupo de creadoras que pareciera que los escribanos se han ocupado de enterrar», afirma el director artístico del Picasso de Málaga, José Lebrero. «Son ellas mismas, entienden el arte ellas mismas y trabajan de forma diferente», sostiene José Jiménez, comisario de la exposición, quien remarca que las obras expuestas son «el paso de la mujer objeto a sujeto». Se reconoce en un discurso expositivo de 124 obras. Reacción al surrealismo que André Breton alumbró en 1924. Toyen lo dibuja con la cabeza llena de pájaros en un retrato de 1950. Un movimiento que las consideraba un objeto sexual. Claude Cohun se autorretrata desnuda. Su corazón lo ocupaba otra mujer.

Es la afirmación femenina. La litografía de su aborto de Frida Khalo o los simbólicos huevos, como Leonor Fini en «Guardiana del huevo», recuerdan una mujer traedora de vida. «Los autores surrealistas insultaban a las embarazadas», explica Jiménez. Kay Sage muestra la soledad en su máxima dimensión con obras como «Peligro, zona de construcción», de 1940. Un grupo que muestra la sexualidad sin tapujos, como en «Paraíso de los negros» de Toyen.

La muestra alberga la primera obra filmada de carácter surrealista. «La concha y el reverendo», de febrero de 1928, es un mediometraje anticlerical de Germaine Dulac, estrenada casi un año antes que «Un perro andaluz», de Buñuel. Parte de un relato de tormento y amor. En «Kermés», de 1928, Maruja Mallo retrata los ángeles de Rafael Alberti, aquel poeta que la enamorara y abandonara. Más cruel es la historia de Nadja por el desamor de Breton. Pasó sus últimos años en sanatorios mentales hasta morir. «Les fue muy difícil ser ellas mismas y autoafirmarse en lo contrario», remarca Jiménez. Leonora Carrington, Dora Maar, Lee Miller, Meret Oppenheim, Ángeles Santos, Dorothea Tanning y Remedios Varo, entre otras, conforman este grupo de mujeres que bebieron del surrealismo para crear su propia visión. «Caí en el surrealismo porque sí. No pregunté si tenía derecho a entrar», aseguró Carrington.