Daniel Tammet
Daniel Tammet - Jérôme Tabet

El prodigioso genio autista capaz de recitar 22.500 decimales del número pi

El británico Daniel Tammet, considerado un «savant», recoge en sus memorias su aislamiento en el colegio, sus dificultades para relacionarse y sus capacidades cognitivas casi paranormales

MadridActualizado:

No es fácil tener un cerebro increíble. No si uno es como Daniel Tammet. Este británico de 39 años forma parte del 1% de las personas diagnosticadas con Asperger, una forma de autismo, que padecen el llamado Síndrome del Sabio o son «savants», lo que significa que poseen una memoria prodigiosa o una capacidad de cálculo casi paranormal. Además, Tammet es sinestésico, por lo que puede escuchar colores o palpar sabores. Para él, los números brillan, tienen formas y texturas.

Este genio habla diez idiomas, incluido el islandés, el esperanto y uno de creación propia. Le apasiona contar, hasta el punto de que en 2014 batió el récord europeo al recitar 22.514 decimales del enigmático número pi en cinco horas. Esas maravillas le han hecho famoso, pero no lo ha tenido nada fácil. De niño era considerado un bicho raro, no sabía hacer amigos y, años después, mantener una conversación fluida todavía le cuesta horrores, las interacciones sociales le ponen nervioso y no lleva bien los imprevistos, aunque sean mínimos. Pero esas dificultades no le han impedido mantener una vida productiva y feliz, e incluso enamorarse varias veces. Lo cuenta en «Nacido en un día azul», unas memorias que ahora publica Blackie Books.

El raro del colegio

El pequeño Daniel, el mayor de nueve hermanos que irían llegando progresivamente en una familia de clase media en Londres, no lo pasó demasiado bien en la escuela. Mientras sus compañeros saltaban y jugaban en el recreo, él prefería buscar un rincón alejado del patio y contar piedras o las hojas de los árboles, lo que pronto le convirtió en objeto de bromas e insultos. No podía evitar hablar solo o tener tics como el batir de manos. Sintió un profundo aislamiento. También tuvo problemas con sus profesores, que no entendían que se quedara callado ante algunas preguntas o que tuviera reacciones que a ellos les parecían incomprensibles. Cualquier cosa que no fuera previsible, como un evento escolar anunciado con escaso tiempo de antelación, le alteraban sobremanera. Si se sentía sobrepasado por una situación, se sentaba en el suelo y se tapaba los oídos con las manos. A veces enumeraba las potencias de 2, para tranquilizarse, pero otras se golpeaba un lado de la cabeza hasta que le dolía mucho. Su tensión era tan alta que tenía que soltarla de alguna manera. No supo atarse los cordones de los zapatos hasta los 8 años y ni siquiera sabía distinguir entre el izquierdo y el derecho.

La obsesión por los números y la sinestesia

Tammet nació el 31 de enero de 1979, un miércoles, que él asocia con el color azul. Le gusta esa fecha porque son números primos, una familia numérica que él puede reconocer hasta 9.973. Se muestra obsesionado con las matemáticas porque le ayudan a calmarse. Por sus dificultades para comprender las emociones y reaccionar ante ellas, considera los números su primer lenguaje, y por su necesidad obsesiva de orden y rutina, lo cuenta todo cada día. Por ejemplo, cada mañana, para desayunar, come 45 gramos exactos de copos de avena o suma las prendas de vestir que se pondrá antes de salir de casa. Pero además, atribuye a cada número su propia personalidad (el 11 es simpático y el 5, ruidoso), una cualidad (asocia el 9 con la inmensidad, el 37 es grumoso) o un color (el 1 es de un blanco brillante), una experiencia que se llama sinestesia.

Famoso por el número pi

Tammet creció con la capacidad de manejar y calcular enormes cifras sin tener que realizar un esfuerzo consciente, un talento común entre los «savants». Su tipo favorito de cálculo es la potencia multiplicadora, multiplicar un número por sí mismo un número concreto de veces. Pero además está fascinado por el número pi, que designa la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro. Con el objetivo de recaudar fondos para la Sociedad Nacional de Epilesia (NSE), enfermedad que padeció de niño, se aprendió en tres meses 22.514 decimales del enigmático número. Los recitó en Oxford en cinco horas, lo que le valió el récord europeo. Tras su éxito, se tomó una copa de champán por primera vez en toda su vida. El evento tuvo una gran repercusión mediática y Tammet adquirió fama mundial. Cuándo le preguntaban qué sentido tenía aprenderse tantos decimales de pi, él explicaba que ese número es tan bello como puede serlo la Mona Lisa o la sinfonía de Mozart.

Enamorarse

Tammet conoció a la que hoy es su expareja, Neil, en otoño de 2000 a través de internet. Pronto intercambiaron correos electrónicos a diario y se dieron cuenta de que tenían muchas cosas en común. «Enamorarse no se parece a nada. No hay una ecuación matemática que describa el amor y la relación perfecta», afirma el autor en su autobiografía. Antes de verse con él por primera vez, tuvo que explicar a sus padres que era gay, a lo que reaccionaron de forma positiva. Cuando Neil vio a Tammet le dijo: «Tu foto no te hace justicia». No entendió la frase, pero iniciaron una relación estable y vivieron juntos un tiempo. Tammet reconoce en el libro que no es fácil convivir con alguien que tiene Asperger. Situaciones cotidianas como cenar en un restaurante pueden producirle ansiedad y bloquearse, y las conversaciones no son siempre fluidas. Sin embargo, «cuando quieres a alguien, todo es virtualmente posible». Ahora vive en Francia con una nueva pareja.

La dificultad de trabajar

En 1998, Tammet trabajó como profesor de inglés voluntario en Kaunas, Lituania, donde sus excentricidades fueron mejor admitidas, atribuidas al simple hecho de ser inglés. En 2002 lanzó la compañía de aprendizaje de idiomas en línea Optimnem. Fue nombrado miembro de la 'National Grid for Learning' del Reino Unido en 2006. Pero su acceso al mundo laboral no fue fácil, y le rechazaron numerosas veces en bibliotecas, escuelas y universidades donde pretendía trabajar. Las entrevistas de selección requieren capacidades de comunicación e interacción social que no son precisamente el fuerte de alguien con autismo.

El encuentro con Kim Peek

Tammet es grande, pero hay alguien que puede ser aún más impresionante: Kim Peek. Es el autista savant que había inspirado el personaje protagonista de la película «Rain Man». El encuentro entre los dos lo propició un importante canal de televisión de Reino Unido. Con graves daños en el cerebro y sin cuerpo calloso, la red neuronal que conecta ambos hemisferios cerebrales, Peek, también autista, fue capaz de leer a los 16 meses, ha memorizado una ingente cantidad de información sobre distintos temas, desde la historia y las fechas a la literatura o la música, ha leído más de 9.000 libros (puede leer dos páginas a la vez, una con cada ojo) y recuerda su contenido, y es una calculadora viviente. Sin embargo, no puede vivir de forma independiente. Ambos conectaron rápidamente. Tammet describe el encuentro como «uno de los momentos más felices de mi vida».