Las cejas expresivas permitieron al Homo sapiens comunicarse mejor que otras especies
Las cejas expresivas permitieron al Homo sapiens comunicarse mejor que otras especies - E. Daynès

Cómo las cejas nos ayudaron a dominar el mundo

Poseer unas cejas expresivas, en vez de las protuberancias de otros homínidos, nos permitió comunicarnos mejor y aumentar los vínculos sociales, lo que facilitó nuestra supervivencia como especie

MadridActualizado:

Un ceja levantada sutilmente puede ser, en ocasiones, mucho más eficaz que un discurso. Mientras nuestros antepasados primitivos lucían en el rostro una pronunciada protuberancia, una señal permanente de dominación y agresión similar a la función de las cornamentas de un ciervo, los humanos anatómicamente modernos estamos provistos de cejas expresivas, visibles y velludas en una frente lisa. Para un equipo de investigadores de la Universidad de York, esa característica es mucho más importante de lo que pudiera parecer a primera vista, hasta el punto de que pudo desempeñar un papel crucial en la supervivencia humana. Las cejas nos permitieron comunicar distintas emociones, como el reconocimiento o la simpatía, lo que facilitó la comprensión de nuestras intenciones y, por lo tanto, la cooperación con los demás. Eso pudo ser crucial en nuestro éxito como especie.

«Mirar a otros animales puede ofrecer pistas interesantes sobre cuál puede haber sido la función de una cresta prominente en las cejas», explica Paul O'Higgins, profesor de Anatomía y autor principal del artículo. «En los mandriles, los machos dominantes tienen hinchazones de colores brillantes a cada lado de sus hocicos para mostrar su estado. El crecimiento de estos bultos es provocado por factores hormonales y los huesos subyacentes están picados por cráteres microscópicos, una característica que también se puede ver en las cejas de los homínidos arcaicos».

Las cejas prominentes podrían haber servido a nuestros antepasados para la señalización social y la distinción sexual. Sin embargo, «su conversión a una frente más vertical en los humanos modernos permitió mostrar emociones más amistosas que ayudaron a formar vínculos sociales entre individuos», añade.

Utilizando software de ingeniería 3D, los investigadores observaron la cresta icónica de la frente de un cráneo fosilizado, conocido como Kabwe 1, que se conserva en las colecciones del Museo Nacional de Historia. Pertenecía a una especie de homínido arcaico: Homo heidelbergensis, que vivió entre 600.000 y 200.000 años atrás.

Los investigadores descartaron dos teorías comúnmente presentadas para explicar las protuberancias de las cejas: que eran necesarias para llenar el espacio donde coincidían la cubierta del cerebro plano y las cuencas de los ojos de los homínidos arcaicos, y que la cresta actuaba para estabilizar sus cráneos por la fuerza de masticar.

«Usamos software de modelado para recortar el enorme filo de la frente de Kabwe y descubrimos que la frente gruesa no ofrecía ninguna ventaja espacial ya que podía reducirse en gran medida sin causar problemas», señala O'Higgins. «Después, simulamos fuerzas de mordida diferentes y descubrimos que se aplicaba muy poca tensión en la cresta de la frente. Cuando la quitamos no hubo ningún efecto en el resto de la cara durante la mordida».

Dado que la forma de la cresta de la ceja no está guiada solo por requisitos espaciales y mecánicos, y otras explicaciones como mantener el sudor o el pelo fuera de los ojos ya habían sido descartadas, los investigadores creen que se puede encontrar una explicación plausible en la comunicación social.

Grandes redes sociales

De acuerdo con los investigadores, nuestras frentes comunicativas comenzaron como un efecto secundario de que nuestras caras se redujeran gradualmente durante los últimos 100.000 años. Este proceso se ha vuelto particularmente rápido en los últimos 20.000 años y más recientemente, cuando pasamos de ser cazadores recolectores a ser agricultores, un estilo de vida que significaba menos variedad tanto en la dieta como en el esfuerzo físico.

«Los humanos modernos son los últimos supervivientes de los homínidos. Mientras nuestra especie hermana, los neandertales, estaba muriendo, nosotros colonizábamos rápidamente el mundo y sobrevivíamos en entornos extremos. Esto tuvo mucho que ver con nuestra capacidad para crear grandes redes sociales: sabemos, por ejemplo, que los humanos modernos prehistóricos evitaron la endogamia y se fueron a vivir con amigos a lugares distantes durante tiempos difíciles», explica Penny Spikins del departamento de Arqueología de la Universidad de York y coautora del artículo. [Más información: ¿Pudo la endogamia acabar con los neandertales?]

«Los movimientos de las cejas nos permiten expresar emociones complejas, así como percibir las emociones de los demás. Un rápido 'flash de cejas' es un signo transcultural de reconocimiento y apertura a la interacción social y alzar las cejas en el medio es una expresión de simpatía. Los pequeños movimientos de las cejas también son un componente clave para identificar la confianza y el engaño», indica la investigadora. Por otro lado, se ha demostrado que las personas que se han puesto botox que limita el movimiento de las cejas son menos capaces de empatizar e identificarse con las emociones de los demás.

«Las cejas son la parte que falta en el rompecabezas de cómo los humanos modernos se las arreglaron para llevarse mejor que otros homínidos ahora extintos», concluyen.