Yacimiento arqueológico de Álava (Alto de la Huesera) analizado en el estudio
Yacimiento arqueológico de Álava (Alto de la Huesera) analizado en el estudio - J. Fernández Eraso / J.A. Mujika-Alustiza

Cazadores y agricultores se mezclaron durante 3.000 años en Europa

Investigadores del CSIC desvelan cómo fueron esos encuentros gracias a la secuenciación de genomas antiguos de 180 individuos procedentes de Hungría, Alemania y España

MadridActualizado:

Las primeras migraciones de agricultores neolíticos procedentes de Oriente Próximo llegaron hace más de 7.000 años a la Península Ibérica. Aquí se encontraron con los grupos de cazadores recolectores del mesolítico, cuyo exponente más conocido es el famoso hombre de La Braña hallado en León. Las dos poblaciones eran claramente distintas. Mientras que los autóctonos eran altos, robustos, de ojos azules y piel oscura, los neolíticos eran más pequeños y esbeltos, de piel más clara y ojos marrones. Ese encuentro y otros similares ocurridos a lo largo del continente europeo supusieron un cambio de modo de vida que marcaría como ninguno el futuro de la humanidad. Pero cómo sucedió y qué relaciones establecieron ambos grupos había sido un enigma hasta ahora.

Análisis de un cráneo humano
Análisis de un cráneo humano - Balázs G. Mende

Un nuevo estudio, dirigido por la Harvard Medical School (Boston, EE.UU.) y en el que han participado investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), arroja luz sobre esa transición demográfica fundamental. El trabajo, publicado en la revista «Nature», demuestra que los primeros agricultores de Europa y los cazadores locales se relacionaron entre ellos durante 3.000 años. Para ello, el equipo secuenció numerosas muestras procedentes de 180 individuos de Hungría, Alemania y España que datan del 6000 a. C. al 2200 a. C. En concreto, se utilizaron datos genómicos de 38 muestras de España, de las cuales 17 no se habían utilizado antes, y que incluyen yacimientos de Burgos y de Álava.

Enterramiento colectivo del Neolítico medio de La Mina, España
Enterramiento colectivo del Neolítico medio de La Mina, España - Manolo Rojo Guerra

«Gracias a esta secuenciación se ha podido determinar que en los tres casos, después de la llegada inicial de los primeros agricultores, estos se entrecruzaron con los cazadores locales a lo largo de varios siglos», explica Carles Lalueza Fox, investigador del CSIC en el Instituto de Biología Evolutiva, que ha participado en el estudio. «Los genomas de los agricultores del neolítico medio, final y del calcolítico de la península Ibérica muestran cerca de un 25% de componente genético procedente de cazadores afines a La Braña, pero los de Europa central muestran afinidades con cazadores de esa región», añade.

Enterrados juntos

En algunos casos, especialmente en Europa central, se detectan individuos con ancestros mixtos e incluso cazadores que se incorporaron a vivir a las comunidades agrícolas y fueron enterrados allí. «Este descubrimiento dibuja un panorama más complejo del que existía hasta ahora sobre el proceso de neolitización, que ya no puede considerarse únicamente una migración de agricultores ni un proceso demográfico uniforme», señala Lalueza Fox.

El hombre de la Braña
El hombre de la Braña - CSIC

El análisis de más individuos de la prehistoria de la Península ibérica ayudará a completar esta parte de la prehistoria humana y a entender los cambios genómicos que se produjeron con posterioridad, con la llegada de los metales e incluso con migraciones que ocurrieron en tiempos históricos. Según Lalueza-Fox, «en estos momentos disponemos de cerca de 400 genomas ibéricos antiguos de todas las regiones y períodos, desde el mesolítico hasta la edad media, que siguen mostrando cambios genéticos posteriores que podrán correlacionarse con cambios a nivel arqueológico».