Schmolka, segundo por la derecha, junto a sus padres y otros familiares, ya en Rumanía. - LA VOZ
REPORTAJE | SUCESOS

VÍDEO: 'El Jungla' vuelve a casa

Karoly Schmolka llevaba diez años desaparecido y malvivía en la indigencia entre Los Caños y Zahora. Ahora, la Policía Local de Barbate lo ha llevado junto a su familia en Rumanía

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Hay miles de historias repartidas por todo el mundo detrás de esas personas que por diferentes circunstancias se han visto viviendo en la calle entre la indigencia, la cruel marginalidad y la supervivencia más hostil. Las hay de todo tipo. Las que comenzaron con una adicción, por una enfermedad, por la ruina, por obstinación propia, por un desengaño… por devenires de la vida en cualquier caso. Una de esas historias con rostro y nombre es la de Karoly Schmolka, un rumano de 40 años. Su familia le había perdido la pista hace diez. Sobrevivía, como si de un ermitaño se tratara, por las calles y senderos de Los Caños y Zahora. Hasta que este sábado pasado 'El Jungla', como así lo llaman los vecinos de esta zona del litoral jandeño con los que se cruzaba habitualmente, volvía a reunirse con sus padres, en su ciudad natal, Cluj-Napoca, Rumanía, gracias a que por fin alguien se dedicó a echarle una mano y localizar a su familia. Lo creían muerto pero ya lo tienen en casa.

Las gestiones para que Schmolka haya vuelto a dormir bajo techo y en compañía de sus seres queridos han sido complicadas. Su avance se ha debido en gran medida al empeño que han puesto, por un lado, el jefe de la Policía municipal de Barbate, Jesús Varo, y por otro, la Guardia Civil de la misma localidad, quienes han hecho gestiones con el Consulado y Europol. Y así, tras un tedioso ir y venir de papeleos y sin perderlo de vista (Schmolka seguía en la calle) han logrado llevarlo de nuevo con los suyos.

Sus padres habían perdido su rastro en 2008. Las últimas noticias que tuvieron de Karoly es que estaba trabajando en Zaragoza en el sector de la construcción. Pero de repente, dejaron de saber de él. Ya no llamaba ni contestaba a sus mensajes. Al parecer, Schmolka viajó primero por el Levante y más tarde se trasladó a Conil. Después se asentó en los Caños y Zahora.

Sus padres habían dejado de tener noticias de él en 2008. Entonces, trabajaba en la construcción en Zaragoza

En 2016 los vecinos de esta zona comenzaron a quejarse al Ayuntamiento y a la Subdelegación del Gobierno de que había una persona que deambulaba por ambas pedanías y que se dedicaba a buscar por los contenedores, dejando la basura esparcida por el suelo. Aunque no tenía un comportamiento violento, su presencia sí despertaba cierta inquietud.

Durante los últimos meses Schmolka se trasladó a Zahora. Allí pernoctaba en un local abandonado junto al hotel Alhambra. Los vecinos siguieron insistiendo a las autoridades de que alguien encontrara por fin una salida a esa persona. «La única solución que veía era buscar a un familiar», cuenta el jefe de la Policía Local de Barbate. Así desde la Jefatura remitieron un oficio al consulado de Rumanía en Sevilla solicitándoles su colaboración. Unas semanas después tuvieron respuesta. «Nos dieron un número de teléfono y una dirección postal». La llamada no tuvo éxito pero sí la carta que escribió Varo. En ella les contaba la extrema situación de indigencia en la que se encontraba Schmolka.

En los últimos meses pernoctaba en un local abandonado junto a un hotel en Zahora

En abril se mantuvo el siguiente contacto. Un amigo de la familia que hablaba español llamó a la Policía Local. «Le expliqué que estaba solo y que dormía en la calle, que parecía no sufrir ninguna adicción pero que no tenía capacidad por sí mismo para seguir viviendo así». Le enviaron una foto y lo reconocieron. Era él. El hijo que sus padres llevaban diez años sin ver. «Pudo hablar con ellos y le convencieron de que volviera a casa».

Schmolka, en las dependencias municipales.
Schmolka, en las dependencias municipales. - LA VOZ

Al día siguiente, se solicitó al Consulado que le dieran un documento oficial para poder viajar. Su familia estaba dispuesta a venir por él pero necesitaba alguna identificación. Con los papeles en regla ya podían preparar el traslado. Primero, lo llevaron a la Jefatura donde se le custodió para que no volviera a 'perderse', después con la colaboración de una patrulla de la Guardia Civil, se le condujo al edificio de servicios sociales de Barbate. Pudo ducharse y cambiarse de ropa. Luego le hicieron las fotos para su documentación. Un vecino de Barbate de origen rumano le explicó a Schmolka –que hablaba muy poco español– la situación. Le dijo que pronto volvería a reunirse con su familia.

Con los billetes ya listos, el jefe de la Policía Local y el bombero Francisco Sánchez lo llevaron hasta Málaga. «Fue callado todo el viaje. Yo creo que no era consciente de qué le estaba pasando...». En el aeropuerto se pudieron reunir con el amigo de la familia que había contactado con ellos y dos primos. Ellos viajaron junto a él en el avión. A las siete de la tarde partió el vuelo. La siguiente comunicación fue este domingo. Desde Cluj-Napoca. 'El Jungla' ya estaba en casa. Una foto con sus padres así lo confirmó.

Schmolka, junto a sus familiares y los policías y el bombero que le trasladaron, en el aeropuerto de Málaga.
Schmolka, junto a sus familiares y los policías y el bombero que le trasladaron, en el aeropuerto de Málaga. - LA VOZ

«Ha sido todo una aventura pero afortunadamente ha tenido un buen final», cuenta Varo. «Aquí no fue un hombre violento, hablaba poco. Quizá creó un sistema de defensa que le hizo no comportarse como una persona normal. Ahora recibirá cariño y espero que un tratamiento adecuado que es lo que le hace falta».