REPORTAJE

El eterno boquete del contrabando

Los porteadores de tabaco ilegal abren agujeros en la verja de Gibraltar para pasar de uno al otro lado con las motos, incluso en zona militar

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La desgraciada y terrible muerte del policía local de La Línea Víctor Sánchez el pasado 7 de junio puso el incómodo foco mediático sobre un coladero que no es nuevo pero que se dilata en el tiempo sin que, de momento nadie lo tape con fuerza. Víctor perseguía a un porteador de tabaco que escapaba hacia una guardería de la zona donde iba a esconder las cajetillas ilegales que había pasado desde Gibraltar a España. La conducción del delincuente era completamente temeraria y el riesgo para cualquier persona que se cruzara en su camino, letal. Como ocurrió con este oficial de la Unidad de Respuesta Inmediata (URI) que nunca miraba hacia otro lado y que, por eso mismo, por alcanzarlo, perdió su vida aquella trágica tarde sobre el asfalto.

Mucho se dijo y escribió entonces sobre la violencia y la impunidad que manejaban los narcos y contrabandistas en la zona. De como La Línea se había convertido en un territorio comanche de difícil arreglo. Se desplegaron más efectivos de los diferentes cuerpos en un intento de frenar ese abordaje incesante. Las imágenes de alijos a plena luz del día hacían mucho daño y los violentos episodios que se produjeron para evitarlos, todavía más. El primer mes pareció que esta presión policial surtió en parte su efecto pero la realidad ha terminado por salir de nuevo a flote.

Y una muestra evidente de que queda todavía mucho por limpiar se ha dado esta misma semana. En torno a las tres de la mañana del martes pasado las fuerzas policiales de La Línea no dieron abasto. Sus agentes locales llegaron a contabilizar hasta quince ciclomotores de porteadores que estuvieron ‘trabajando’ toda la noche. Como mínimo. Cada uno de ellos, cada vez que entraba y salía llevaba dos cajas y media de tabaco ilegal (lo que vienen a ser más de mil cajetillas). Hagan la cuenta.

Y todos se colaban por un mismo punto. Un punto negro. Un agujero que hacen los mismos delincuentes para pasar con las motos en la verja que separa Gibraltar con España a la altura del recinto ferial. Eso en zona nacional, porque, al otro lado, por donde abren el agujero, para más inri, está próxima a una zona militar que pertenece a la base área gibraltareña. Tal es la persistencia y las repetidas ocasiones en las que rompen esa alambrada que el acceso ya tiene hasta nombre:el boquete de Levante. Cortafríos, cizallas, tenazas, y listo.

Dos patrullas de Policía Local trataron de impedir cómo pudieron que los porteadores siguieran entrando pero la lucha se tornó imposible ante tal cantidad de contrabandistas que actuaron de una vez para solo este número de efectivos. Aún así lograron coger a uno de ellos que llevaba dos cajas.

Tabaco de contrabando intervenido por la Policía Local de La Línea, esta pasada semana.
Tabaco de contrabando intervenido por la Policía Local de La Línea, esta pasada semana.-LA VOZ

«Seguimos igual o peor que antes»

Pero los porteadores que se la jugaban en esta quince motos no fueron los únicos que lo intentaron. Una hora más tarde, la Guardia Civil pillaba otro coche con tabaco 'libre de impuestos' tras una persecución que finalizó en la barriada de SanBernardo, a unos tres kilómetros de la verja. Allí estos agentes incluso tuvieron que pedir apoyo a la Policía Nacional porque, de nuevo, otra vez, la impunidad se dejó notar y estos delincuentes o personas cercanas a ellos tiraron piedras a los efectivos para intentar evitar las posibles detenciones. «Seguimos igual o peor que antes», lamenta un agente encargado de luchar contra estas mafias. «Ese boquete les permite estar entrando y saliendo toda la noche porque mientras que vamos a por unos, otros ya pasan y así todo el rato». Además se da la circunstancia añadida de que si se vigila aquí, no se mira allí. Es decir, se controla el boquete pero pueden estar pasando por al lado lanchas o coches con doble fondos llenos y poco se puede hacer.

Las fuerzas policiales fueron de nuevo apedreadas al intentar detener a unos porteadores

Chicos jóvenes con antecedentes

Y todo esto no es casual, lo hacen de forma organizada. Son lo que llaman collas, grupo de unas quince o veinte personas que actúan al mismo tiempo para lograr precisamente lo que consiguen, que los agentes no puedan ir a por todos a la vez.

Son normalmente chicos jóvenes, viejos conocidos de la Policía con antecedentes por drogas y peleas, y que se meten en este 'negocio' para conseguir dinero fácil y rápido. Conducen los ciclomotores de manera completamente temeraria, metiéndolos por zonas por las que no pueden acceder las patrullas como parques, áreas peatonales, plazas... con el nivel extremo de riesgo que esto supone para cualquier persona que se cruce con ellos. Como le ocurrió a Víctor.

«De vez en cuando arreglan el boquete pero lo que hacen realmente es un remiendo. No sirve de nada». Y de nuevo el conflicto diplomático está también tras este asunto. Para el Gobierno la verja no es de su responsabilidad porque, al considerar Gibraltar español, sencillamente la eliminaría. Y del otro lado, los agentes denuncian que no hay un especial interés por solucionar este tema. Prueba de ello es que el mismo boquete está en zona militar y la presencia policial brilla por su ausencia. Algo llamativo en lo que ellos consideran una frontera.

El descaro es tal que alrededor de esta verja, tanto en el boquete de Levante como en el de Poniente (en la playa del mismo nombre) se sitúan decenas de jóvenes preparados para cargar las motos y que éstas salgan disparadas hacia las guarderías. «Y así casi todos los días», explica el agente. «Como si no pasara nada. Como si todo se hubiera arreglado ya».