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Una de las críticas que suele hacerse a la democracia directa es que da lugar a políticas conservadoras. En esta forma de pensar late una profunda desconfianza hacia la voluntad de los ciudadanos y ciudadanas.

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Una de las críticas que suele hacerse a la democracia directa es que da lugar a políticas conservadoras. En esta forma de pensar late una profunda desconfianza hacia la voluntad de los ciudadanos y ciudadanas.
Frente a esta idea hay que decir que no es la democracia directa la que da lugar a posiciones conservadoras, sino que es la sociedad la que es conservadora o progresista. Los votos dieron sendos mandatos presidenciales a Bush y Aznar, que nunca han destacado por desarrollar políticas progresistas, y nadie ha puesto en tela de juicio las elecciones.

Lo importante, en la democracia directa, es que los ciudadanos y las ciudadanas debaten y deciden en todos y cada uno de los asuntos que les interesan, no sólo cada cuatro años y no sólo cuando se les pregunta desde el poder.

Javier Madrazo. Cádiz

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