AGRICULTURA

Un año excelente para las dehesas, una catástrofe para el cereal y los cítricos

El año agrícola que ahora termina ha estado marcado por un tiempo cambiante e imprevisible

Una cosechadora recolectando trigo
Una cosechadora recolectando trigo - ABC

Un año loco. Así se podría definir el balance del año agrícola que ahora termina (va de septiembre a septiembre) y que ha estado marcado por una meteorología inusual, con demasiadas lluvias en primavera y temperaturas excesivas cuando no tocaba. Las plantas se rigen por las estaciones, y cuando éstas no se comportan como deberían, la agricultura se resiente.

De acuerdo con el balance del año agrícola que ayer hizo Asaja-Córdoba por boca de su presidente, Ignacio Fernádez de Mesa, el tiempo cambiante ha afectado de diferente manera a los cultivos de la provincia. Así, las lluvias torrenciales de la primavera (sobre todo en mayo) beneficiaron a las dehesas del norte, y por extensión a la ganadería de la zona, al tiempo que sirvieron para aliviar el estrés del olivar tras un invierno prácticamente inexistente y con poca agua.

Por el contrario, el exceso y la concentración de las lluvias en unos pocos días han supuesto «una catástrofe» para los cereales, el girasol y los cítricos, tres cultivos esenciales en la provincia de Córdoba.

La producción de trigo ha descendido un 13 por ciento en la provincia en la campaña 2015-2016, a lo que hay que sumar la caída de los precios y la presencia de plagas. En el caso del girasol la pérdida ha sido aún peor, al pasar de un rendimiento medio por hectárea de 700 kilos en 2015 a los 500 de 2016.

Los cítricos se vieron perjudicados sobre todo por las altas temperaturas del verano de 2015, uno de los más calurosos de los últimos años. Como consecuencia, la cosecha en la Vega del Guadalquivir, principal productor de cítricos en la provincia, ha descendido un 30 por ciento, siempre según los datos de Asaja.

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