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Adiós a «Mozart in the Jungle», la serie que convirtió la música clásica en comedia

La producción de Amazon protagonizada por Gael García Bernal y Lola Kirke no ha sido renovada tras una cuarta temporada con algunos altibajos, pero que deja un buen sabor de boca

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Llegó como un vendaval, nada menos que una serie que acercaba la música clásica y los entresijos de una orquesta sinfónica de primera a la televisión en forma de serie cómica. Como una tormenta que consiguió un Globo a la mejor comedia y mejor actor protagonista, pero se va por la puerta de atrás tras cuatro temporadas. «Mozart in the jungle» ha sido cancelada sin un final cerrado y podríamos decir que digno para lo grande que fue en sus primeras temporadas. Lo cierto, es que había perdido fuelle desde la tercera y en esta cuarta se pasó sus diez capítulos girando como una peonza sobre lo mismo: la relación amorosa de sus protagonistas y sus tiras y aflojas para canalizar su pasión por la música.

A pesar esta última temporada en la que serie parecía navegar en círculos sin un rumbo, hay que reconocer lo bueno, buenísimo que este Mozart nos ha dado. En primer lugar, convertir la música clásica en algo cercano, en materia para contenido de televisivo más allá de los conciertos de Año Nuevo y el canal Mezzo. Sí, lo que se cuece entre bambalinas en una orquesta no es tan estirado y académico como puede parecer a los ajenos de este mundo. Hay rencillas, líos de faldas, envidias y corporativismo como en otros mundos profesionales. Pero también hay un amor por la música que se transmite por el entusiasmo de sus personajes. Especialmente por Rodrigo de Souza, interpretado por Gael García Bernal que se pasa toda la serie en una montaña rusa de emociones que en la vida real no sería posible. Ninguna orquesta sostendría por mucho tiempo a un Maestro capaz de dinamitar casi todas las posibilidades de sostenibilidad de una orquesta. Un personaje esteriotipado, el del genio loco contemporáneo que dicen que está basado en Gustavo Dudamel, el niño prodigio que vino de Venezuela para dirigir las principales orquestas. Aunque, más allá de origen de latinoamericano de personaje de ficción y real, habría que ver qué más similitudes tienen, se me antoja que pocas.

A García Bernal no le dieron un papel, le hicieron un regalo. Ha interpretado durante cuatro temporadas a un latino en una ficción norteamericana como protagonista y no como miembro de una minoría que tiene que tener representación en la televisión, él era el talento personificado. Llegado desde México para modernizar a la mejor orquesta de la jungla de asfalto, Nueva York. Menudo papelón que el actor mexicano ha sabido aprovechar.

Echaremos de menos las locuras de Rodrigo de Souza, pero también ver cameos inimaginables hasta hace poco. Músicos internacionales de renombre como Lang Lang, Caroline Shaw, el propio Dudamel o el director de orquesta granadino Pablo Heras-Casado aparecieron en algún capítulo. Una muestra de la acogida que la serie de Amazon tuvo en el mundo de la música clásica, que tenía por fin una representación digna en la televisión.

Echaremos de menos conocer cómo es la vida en una orquesta, los paseos de figuras que van desde Mozart hasta Liberace por la pantalla o unos diálogos en los que se hable de Berlioz o Mahler. Echaremos de menos las extravagancias de los más talentosos, y hasta las exageraciones de una serie que ha tendido utilizar los recursos cómicos en exceso para humanizar a los genios.

Muchos han sido las virtudes de «Mozart in the jungle» y sobre todo sus buenas intenciones, a veces mezcladas con elitismo. En resumen, una fórmula que se ha ido agotando poco a poco, pero que al menos cuando llegó fue un soplo de aire fresco. Hay que reconocer sus méritos porque fue distinta y atractiva, la mezcla perfecta de locura y cultura, aunque finalmente triunfó la primera.

Gracias por los grandes momentos que nos diste, probablemente no dejes una marca tan grande como hubieses querido, pero te recordaremos con cariño.