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Crítica «Ralph rompe internet»: Viaje alucinante por el alma de la Red

La ironía, la saludable sátira de ese universo que ya tenemos dentro, es la gran sustancia mágica de esta película

Fotograma de Ralph rompe internet
Fotograma de Ralph rompe internet
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La imaginación, la capacidad de fantasear, es un don, un superpoder que, en mayor o menor grado, tienen todos los seres humanos, aunque la capacidad de convertir la fantasía en algo real, digestivo, nutritivo y digno de entregársela a los demás ya está al alcance de muy pocos, y la mayoría de ellos trabajan en la Disney (el resto son políticos, «chef» y diseñadores de moda).

Esta divertida y sugestiva segunda parte de las aventuras del demoledor Ralph y su princesita de videojuego Vanellope convierte el universo virtual que nos envuelve en un mundo visible, tangible, animado: la entrada en internet de los personajes es una especie de tutorial de cómo son, cómo hablan y se mueven todos esos revolucionarios entramados con los que convivimos sin tener ante nuestras narices otra cosa que una pantalla: Disney abre un hueco y nos colamos ahí, en lo «espiritual» como si fuera un soneto de San Juan de la Cruz. Otro ritmo, otra arquitectura, otra mística, pero el rapto de apresar lo intangible es sutilmente parecido.

La ironía, la saludable sátira de ese universo que ya tenemos dentro, es la gran sustancia mágica de esta película (tramada por el mismo equipo que levantó «Zootrópolis»). Hay tantos momentos divertidos e ingeniosos en ese encuentro de Ralph y Vanellope con la física dibujada de lo virtual, tantos elementos amorfos del mundo y la «ciudadanía» de la Red hechos carne de dibujo, que la sorpresa es continua y la gracia y la reflexión imparable: desde buscadores, accesorios, barras de herramientas, personajillos, oscuridad… Aunque, quizá, el momento cumbre sea la reunión de la princesita del videojuego con las clásicas princesas de Disney. Todo está entre el encanto, la guasa y la maravilla.