...Et Labora

Muchas voces hay, mucha lengua de «jacha», mucha denuncia, pero trabajar, poco

Antonio García Barbeito
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Hacía un rato que habían estado rezando, quizá en la hora del ángelus. No sé a qué tuve que ir al cuarto donde los monjes jerónimos trabajaban cosiendo bolsos de polipiel. Empujé la puerta, pedí permiso y, sin saber lo que para ellos significaba la interrupción de sus quehaceres, comenté no sé qué. La respuesta del prior no fue oral: con el dedo índice me señaló un letrero colgado de la pared en el que se leía «Ora et labora.» Yo no iba ni a rezar ni a trabajar, pero callé. Aprendí bien el «silencio jerónimo, marrón y blanco», aquel silencio que fue ganándome, que me invitaba a tomar hábitos, aunque había un voto que sabía incapaz de cumplir. «Ora et labora.» Reza y trabaja.

No aprenderán de los jerónimos, ni de otros silencios y órdenes religiosas, y no porque se declaren ateos o agnósticos, sino porque es muy difícil cumplir con algunos «votos», y no hablo del de castidad, aunque no ande lejos de los de obediencia y pobreza. Los políticos que solemos padecer no saben, ni quieren, votos de obediencia y pobreza, ¡jamás!; prefieren vivir castos el resto de sus días, antes que obedecer a lo que tantas personas necesitadas reclaman, con la razón en la boca; o incapaces de obedecer algunas peticiones o consejos de la oposición. ¡Jamás! Y son capaces de vivir en absoluta castidad y aun con cilicio, antes que renunciar a pagas, comisiones, dietas y cualquier manera de cobrar que se interponga en su camino del mando. Qué fácil se les pone todo, con qué celeridad y seguridad van llegándoles sillas en algunos consejos de administración, vocalías, el propio partido o cercanías, con lo que a un español, en ocasiones mucho más preparado que ellos, le cuesta conseguir que ceda una de las puertas a las que llama. Ahí andan, o atacando a los contrarios o de los contrarios defendiéndose —de los contrarios o de la gente que sin estar contra ellos está sobrada de objetividad y razón—; muchas voces y poco tajo. Dan ganas de contestarles con el letrerito que vi en el monasterio jerónimo: «Ora et labora»; y si no quieren rezar, que callen, pero que trabajen, que justifiquen en el tajo lo que ganan al mes. Como decían en el campo cuando alguien se rezagaba: «Quillo, arrea un poco, aunque sea para hacer ganas de comer…» Eso, que trabajen aunque sea para abrir el apetito, que con tantas entradas de dinero no encuentran la puerta que da al tajo. Muchas voces hay, mucha lengua de «jacha», mucha denuncia, pero trabajar, poco. Así que vamos a espabilar y a dar siquiera una parte de lo que cobran, que ya está bien de tanta pólvora y tan pocos perdigones. Que den el callo por España, que no trabajan gratis.

antoniogbarbeito@gmail.com

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