EL APUNTE

Unas cifras nunca vistas

El fenómeno de la inmigración no es nuevo para nadie en esta tierra pero sus cifras en estos días precisan redoblar esfuerzos y ayudas

La Voz de Cádiz
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Podría utilizarse con todo rigor la expresión «lo nunca visto». Y es mucho lo que tenemos visto los residentes en la provincia hace años. Por cuestiones geográficas, políticas, sociales y económicas nos hemos encontrado siempre en la primera línea, en la vanguardia de una batalla estratégica y mundial, despiadada e interminable.

Por la zona del mundo que nos ha tocado, hace mucho que vemos llegar la desesperación a las orillas, incluso en las playas –ahora atestadas de personas que tratan de disfrutar o descansar– se mezcla el placer de unos con la desesperación de otros. Nunca como ahora había sido tan intensa, de forma tran prolongada en el tiempo, la llegada de migrantes a las costas gaditanas. Es cierto que no es, ni mucho menos, el único lugar del mundo que sufre esta presión migratoria. El fenómeno se ha generalizado ya en otras costas, de Grecia a Italia, y el Mediterráneo lleva en una trágica alerta permanente mucho tiempo, demasiado. La reaparición de las pateras por decenas, de cientos de inmigrantes a diario en aguas del Estrecho ofrece un recuento que apenas conocimos nunca antes. Con estas cifras, al menos. Esta tragedia, que parecía desplazada a otros puntos del mapa, al Mediterráneo que toca el Sur de Italia o Grecia, ha vuelto a demostrar que nunca se fue de aquí. Nunca hasta ahora habíamos vivido la necesidad de habilitar polideportivos en Barbate, Jerez o Cádiz para dar cobijo a tanta gente llegada del mar en las noches anteriores, en las últimas mañanas.

El Estrecho de Gibraltar y los que vivimos alrededor necesitamos dar y recibir ayuda y solidaridad. Será necesario mantener el trabajo pero redoblado. El primero es el de salvar vidas, que recae sobre los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, además de sobre los equipos especializados o entidades como Salvamento Marítimo y Cruz Roja. El segundo es garantizar sus derechos y el tercero es dignificar la situación de los inmigrantes con el esfuerzo de todos. Una vez salvadas estas prioridades, es preciso recordar que la solución definitiva a esta lacra, de la que se alimentan estructuras enteras, necesita de cooperación internacional y trabajo diplomático en la otra orilla.

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