OPINIÓN

Aprecio a la provocación

La izquierda española siempre ha querido ser benevolente con Gibraltar pese a tantos desplantes

La Voz de Cádiz
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Cada día se nos presenta la ocasión de elegir entre una decena de ejemplos que muestran una realidad inequívoca: la izquierda española, con los socialistas a la cabeza, tienen un problema con su concepto de nación, de patria, de España. Los nuevos y emergentes dirigentes de Podemos lo padecen aún en mayor grado. Llega a patología, a complejo, a indigestión. No saben lo que son ni lo que quieren ser.

Los conflictos frívolos, inventados, con banderas o representantes militares son los símbolos de una relación que son incapaces de normalizar. Ayer, esa dificultad volvió a mostrarse de forma aún más grave. A escala local y provincial, esta dificultad tiene en la relación con Gibraltar una de sus mayores representaciones.

Hace algo menos de tres años, por buscar un precedente claro, el alcalde de Cádiz y diputado provincial, José María González Santos, junto a la presidenta de la Diputación, Irene García, abrieron las puertas de sus instituciones a uno de los mayores oponentes que pueda tener cualquier idea de España (la social, la económica, la histórica...). Recibieron y casi acogieron en sus brazos al ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo. Nada les importó por entonces a la socialista y al regidor gaditano que este dirigente de la colonia británica aliente y justifique los constantes desplantes a la soberanía española en la zona que rodea al Peñón.

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