Seguimos a ciegas

El secretismo sobre el desenlace de la moción de censura persistirá durante unas horas

Manuel Marín
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Pregunta a un ministro sentado en el banco azul al comienzo de la sesión. “¿Seguís a ciegas con el PNV?” Respuesta. “Yo al menos, sí”. El secretismo sobre el desenlace de la moción de censura persistirá durante unas horas. Al menos sobre la moción pública o virtual a la que estamos asistiendo durante toda la mañana. Porque hay otra. La moción real. La que se dirime en el seno de un PNV que, según algunos escrutadores, estaría dividido; según otros, firmemente convencido de que con Sánchez verán protegidos sus Presupuestos y obtendrán un billete gratis hacia el autogobierno definitivo; y según otros, el peso de las finanzas y la estabilidad económica le hará inclinarse por la abstención y la salvación provisional de Mariano Rajoy.

Andoni Ortúzar e Íñigo Urkullu son los únicos dirigentes que no ofrecerán un discurso en esta moción, y a la vez son los que decidirán. La corrupción como excusa, la porquería institucional como coartada, es irrelevante en toda esta teatralización del intento del PSOE por acceder a La Moncloa sin haber ganado en las urnas. La falsa terapia de grupo a la que se han sometido PSOE y PP en la Cámara lanzándose corruptos a la cabeza es solo la cobertura de una decisión que no corresponde a ellos tomar, ni servirá en absoluto para convencer al PNV. Todo se basará en puro tacticismo, en el criterio de oportunidades, en dinero, y en lo que más crea el PNV que le va a beneficiar, incluyendo un largo retraso en la convocatoria de elecciones.

Las lecciones de parlamentarismo que, como desahogo, ha dado Rajoy a José Luis Ábalos –un repaso de superioridad dialéctica evidente- no serán el argumento de convicción del PNV. Solo importa la calculadora. Solo es reseñable la aritmética. Solo las promesas aún ocultas de Sánchez o de Rajoy al nacionalismo vasco condicionarán el éxito o el fracaso de la moción.

Sánchez ha emplazado a Rajoy a dimitir para poner fin voluntariamente a su agonía. Se ha ofrecido como cooperador necesario de una eutanasia política. Pero con trampa. Si Rajoy dimite, su sucesor/a será sometido durante meses a un suplicio idéntico. Y Sánchez optará a una investidura en la que solo necesitará una mayoría simple de la Cámara, y no la absoluta que necesita ahora con la moción. En cualquier caso son cálculos que no dependen ni de Sánchez ni de Rajoy. ABC titulaba hoy su portada “España, en manos del PNV”. Es exactamente lo que ocurre. La fragmentación parlamentaria, el bloqueo, los vetos mutuos, la consolidación de los “nuevos” partidos frente al bipartidismo, el final de las mayorías absolutas y las carencias y fortalezas de cada partido decaen en nuestra democracia porque, a fin de cuentas, todo sigue dependiendo de un partido nacionalista. Cinco votos, que podrían permitir la inmensa paradoja de que un presidente socialista gobierne con unos Presupuestos Generales a los que se ha opuesto frontalmente. Es el barroquismo de la incoherencia y es el argumento demostrativo de que lo relevante aquí, lo único en juego, no es la estabilidad económica o la lucha contra la corrupción. Es la defenestración de Rajoy por la vía más rápida posible.

Manuel MarínManuel MarínAdjunto al DirectorManuel Marín